Internet y democracia
Alberto Valero
Un barómetro excelente del perfil democrático del planeta puede constituirlo el género de relaciones que sus estados mantienen con la Internet y la manera en que las autoridades se acercan a una invención tan revolucionaria para la humanidad como en su momento fueron el fuego, el cine y el automóvil y que caracteriza como ninguna otra este momento de entresiglos.
Dime cómo te vinculas con la Internet y te asignaré una puntuación, según las libertades que le garantizan tus instituciones, el albedrío de que gozan los ciudadanos para accesar a la red, y el grado de inserción de la nueva herramienta en la sociedad y el incremento en volumen, intensidad y diversidad de las relaciones cotidianas.
En Estados Unidos, cuna de la criatura, una juez federal acaba de fallar en favor de un travieso cibernauta acusado por la Ford Motor Company de distribuir documentos confidenciales de la empresa;
en linea con la tendencia que la Corte Suprema de Justicia trazó en 1997 para cobijar la Internet bajo la Primera Enmienda Constitucional que garantiza la libertad de expresión en su concepto más vasto y rechazar intentos para prohibir la publicación de "materiales indecentes".
En Europa, un universo de 36 millones de usuarios explica que casi todas las listas en competencia en las recientes elecciones al Parlamento continental tuviesen que crear sitios para divulgar sus plataformas políticas, informar el calendario de los mitines e incluso dialogar con los votantes.
Mientras tanto crecen como hongos, experiencias como en las localidades de Villena en España y Boloña en Italia, donde un conjunto de gestiones burocráticas pueden ya realizarse a través de la red, y los cabildos abiertos que tienen lugar en Parthenay, Francia, sin que los ciudadanos deban separarse de sus pantalla; y en Inglaterra se discuten las ventajas de las votaciones electrónicas según el ejemplo de Finlandia e Islandia, donde la vastedad territorial ha contribuido a expandir vigorosamente la Internet- en kioskos virtuales más rápidos que las máquinas actuales y al parecer con una posibilidad de fraude más reducida.
En el aspecto negativo, la asociación Reporters sans Frontières ha publicado una Lista Negra de veinte enemigos de la Internet, que incluye a Iraq, Libia y Corea del Norte -como casos extremos donde simple y llanamente se prohibe su uso- y Arabia Saudita, Azerbaiján, Bielorrusia, China Popular, Kazastán, Kirguistán, Cuba, Irán, Mianmar, Siria, Sierra Leona, Sudán, Tadjikistán, Túnez, Turkmenistán, Uzbekistán y Vietnam, donde los abonados deben soportar la alcabala de un solo suplidor gubernamental, que controla su identidad y los servidores que consulta. Sin hablar de los e-mails, que son revisados a la lupa en busca de referencias subversivas.
Aunque parezca ingenuo, la asociación ha exigido a esos gobiernos el respeto de la legislación internacional que protege el derecho de enviar y recibir informaciones e ideas. Pero Eric Goldstein, el Presidente de Human Right Watch, se muestra confiado en que es sólo cuestión de tiempo para que caigan abatidas todas las barreras, con un estruendo digno de Jericó, ante la necesidad que la globalización impone de contactos más rápidos y libres entre todos los ciudadanos del planeta.
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