Estados Unidos y el conflicto colombiano
Miguel Posada
(AIPE).- Durante años, la política de Estados Unidos hacia Colombia y demás países andinos ha estado dominada por el tema de las drogas y su ayuda dirigida a la lucha contra los carteles tradicionales de narcotraficantes. Sin embargo, desde los años 80, la guerrilla marxista colombiana se involucró en el narcotráfico, hoy domina todo lo relacionado con los cultivos ilícitos y buena parte de la producción de narcóticos. Por el momento, no domina la comercialización en el exterior, por lo cual se aduce que no tiene el carácter de Cartel. Por ello, la izquierda norteamericana y sectores aislacionistas lograron que la ayuda de Estados Unidos no pueda ser utilizada contra las guerrillas.
Con ese propósito, se montó una efectiva campaña de difamación contra nuestras Fuerzas Armadas, alegando un "oscuro historial" en materia de derechos humanos. La campaña se fundamentó en falsas acusaciones. Un análisis comparativo demuestra que el comportamiento del Ejército colombiano en materia de derechos humanos y derecho internacional humanitario es uno de los mejores del mundo. Así, esa bien orquestada campaña de desinformación contra la imagen del Ejército ha sido aquí sólo superada por la de la Iglesia Católica.
Pero la realidad de la participación de la guerrilla marxista en el narcotráfico no podía ser negada eternamente. El enriquecimiento con el negocio de la droga les ha dado un poder militar que amenaza con rebasar nuestras fronteras. Eso ha generado una nueva percepción del problema en Estados Unidos, por lo que ha comenzado a ayudar con equipo de transporte e inteligencia a Colombia. Se trata de simple justicia, puesto que las finanzas de la subversión se alimentan del dinero de la droga que proviene principalmente de Estados Unidos.
La izquierda nacional e internacional, que simpatiza con la subversión, está haciendo todos los esfuerzos para que no se logre esa ayuda y para mantener vivo el Proceso de Paz con las FARC. Durante los fallidos procesos anteriores, la guerrilla obtuvo ventajas que, una vez rotas las negociaciones, quedaron en pie, y seguramente volverá a ocurrir lo mismo. Con ese fin están utilizando toda suerte de tácticas. Por ejemplo, han invitado a Colombia a Rigoberta Menchú, la ex guerrillera Guatemalteca, premio Nobel de Paz, y al juez español Baltazar Garzón, famoso por ser el acusador de Pinochet, para sumarlos a la campaña de la izquierda marxista. El famoso embajador norteamericano Robert White, quien tanto favoreció a la subversión en El Salvador, también escribió recientemente un falaz artículo. Pero es poco probable que tales esfuerzos tengan éxito. Ya no hay duda que Estados Unidos aumentará su apoyo.
No conviene, sin embargo, que Colombia se vuelva dependiente de esa ayuda. Aunque no se trata de ningún regalo sino, más bien, del reconocimiento de que la guerrilla se está financiando con los dólares de los adictos norteamericanos, la ayuda nunca viene sin ataduras y le da cierta injerencia a Estados Unidos en nuestros asuntos internos.
Colombia debe mantenerse preparada para que si nos suspenden la ayuda podamos continuar la batalla solos. Esto tiene muchas implicaciones prácticas. Por ejemplo, no debemos tener a Estados Unidos como único proveedor de material bélico, trátese de helicópteros, equipo de inteligencia técnica o cualquier otro equipo. En otras confrontaciones, tal dependencia generó amargos resultados. Basta recordar el caso de Vietnam, donde se negó ayuda, en repuestos y municiones, en un momento crítico al gobierno del Sur. El ejército había logrado un triunfo significativo en 1974 contra Vietnam del Norte, pero mientras éste último fue reequipado prontamente por la Unión Soviética, la ayuda norteamericana al ejército del Sur no llegó. En ello tuvo una gran responsabilidad el senador Edward Kennedy.
Son elocuentes las sencillas palabras escritas por el príncipe Sirik Matak, de Camboya, en una carta dirigida al embajador de Estados Unidos, donde rechazaba una oferta para su evacuación en abril de 1975, cuando era inminente la caída de su país ante la guerrilla marxista apoyada por Vietnam del Norte: "Sólo he cometido el error de creer en ustedes, los americanos".
En nuestro continente, los gobiernos de El Salvador y Guatemala fueron presionados por Estados Unidos a firmar una paz favorable a la subversión, cuando ya estaban a las puertas de una victoria contundente sobre las guerrillas. Bienvenida la ayuda norteamericana, que llega en buen momento, pero esta no debe ser recibida a costa de imposiciones sobre el manejo de nuestras Fuerzas Militares ni puede sustituir el esfuerzo propio de los colombianos.
Director del Centro de Análisis Sociopolíticos.