Nueva posibilidad mundial de salvar esta especie

Regocijo por hallazgo de loros amenazados

Descubren en Colombia 61 ejemplares de loros orejiamarillos, los cuales son de las especies de aves más amenazados en el planeta. El país es poseedor de la mayor diversidad mundial de aves.

Tres loros orejiamarillos se abalanzan sobre un claro de palmas con estridentes graznidos, en un vuelo que comienza describiendo amplios arcos. Es un espectáculo digno de recordar en el impresionante escenario de los Andes colombianos, pero su visión podría ser efímera.

Aunque este tipo de loro se propagó por los espesos bosques del norte Andino hace un siglo, ahora figura entre las especies más amenazadas de extinción del mundo: se cree que existen menos de 75 ejemplares.

Irónicamente, el orejiamarillo (Ognorhyncus icterotis) ha resultado beneficiado por el largo conflicto interno del país, pues su hábitat se encuentra en lo profundo de un territorio dominado por la guerrilla, que ha prohibido cazar.

En una menguante tarde dominical, los brillantes loros verdes y amarillos se posan sobre el cónico borde de una palma y se deslizan hacia su centro, donde está un nido en el cual la hembra alimenta a sus dos polluelos en una ruidosa cháchara.

Estos loros y sus polluelos figuran entre los 61 orejiamarillos cuyo reciente descubrimiento (en un lugar que no se revela para evitar que sean cazados) fue un verdadero éxtasis para los conservadores de aves.

"Es maravilloso que hayan sobrevivido. Ahora hay una posibilidad real de salvar la especie'', dijo el ornitólogo danés Niels Krabbe. Su observación, hace cinco años, de 17 loros orejiamarillos en el vecino Ecuador fue la primera registrada científicamente en casi 80 años.

Colombia -la segunda nación de mayor diversidad biológica después de Brasil- posee la mayor variedad mundial de aves con unas 1.850 especies, 358 diferentes tipos de mamíferos y más de 45.000 tipos de plantas.

Sin embargo, sus variados ecosistemas en la región Andina y sus valles están en grave peligro, debido principalmente a la deforestación. Los científicos afirman que los riesgos de una extinción masiva nunca habían sido más grandes.

"Los loros necesitan de frutas, árboles de sombra y de madera dura'', asegura Paul Salaman, un ornitólogo de la Universidad de Oxford que dirige los esfuerzos para mantener la especie del orejiamarillo. Estos loros "son un buen barómetro de las amenazas ambientales porque son los primeros en sufrir su impacto'', asegura.

A lo largo del último siglo y medio, un 80 por ciento de los bosques sobre las depresiones y valles de las tres ramificaciones de la cordillera Andina colombiana desapareció en la medida que pobladores talaron su vegetación para cultivos y labores de ganadería, explica Luis Miguel Rengifo, director de conservación del Instituto Alexander von Humboldt.

La reducción del hábitat del loro orejiamarillo, una de las 80 aves nativas de Colombia en riesgo de extinción mundial, es un caso notable.

Bernabé López-Lanús, un ornitólogo argentino que dedica sus días a observar las aves, explica que este loro en particular parece anidar sólo en cierto tipo de palmas conocida como 'palma de cera' y comer la pequeña fruta del árbol "como nosotros haríamos con un coco''.

Pero la propia palma cera -el árbol nacional de Colombia- está también en peligro de extinción, dado que quedan sólo un par de miles de hectáreas de bosques en todo el país. Aunque talar esta palma de cera está prohibido desde 1986, el ganado come sus retoños.

Conservar el loro orejiamarillo en cautiverio tampoco es una opción, asegura Krabbe, quien afirma que sólo existe un caso conocido de un perico orejiamarillo que sobreviviera fuera de su hábitat.

Tal hecho tal vez no persuada, de todos modos, a los cazadores furtivos, razón por la cual los ornitólogos que intentan proteger esta especie pidieron que no se revelara el nombre exacto del sitio donde están las aves.

El comercio internacional de los pericos ha llevado a muchas especies al borde de la extinción. Alberto Gómez, un experto colombiano en tráfico ilegal de flora y fauna, afirma que las autoridades no han hecho casi nada para intentar frenar el mercado negro de plantas y animales. No hay ni presupuesto, ni funcionarios competentes, ni centros que reúnan el contrabando confiscado.

"Hay un saqueo permanente de nuestros recursos naturales y los colombianos no hemos tomado conciencia de la pérdida'', asegura Gómez. Entre 1992 y 1996, casi la mitad de las 1.540 aves confiscadas a quienes trataban de sacarlas de contrabando fuera de Colombia eran loros, la mayoría de especies en peligro.

Aparte de la deforestación y los cazadores, el mayor peligro para los loros orejiamarillos podrían ser los pobres campesinos luchando por alimentar a sus familias.

En los valles ecuatorianos, donde grupos conservacionistas han adquirido lotes de tierra donde habita el ave y han estimulado a sus moradores a protegerla, todo el mundo solía dispararle al loro para hacer sopa, cuenta Krabbe.

Los loros "regresaban a las mismas palmas, anidando en los mismos árboles a pesar de que la gente les disparaba'', asegura.

Ese problema no existe en esta zona de la cordillera Central, donde el loro orejiamarillo vuela libremente.

Ante el temor del castigo de la guerrilla, los pobladores siguen literalmente la prohibición rebelde de la caza. Ni siquiera disparan a los molestos y abundantes pericos ala de bronce, que devoran las siembras de maíz.

"Sólo he oído tres escopetazos en el mes que estoy aquí observando el nido'', dijo López-Lanús con una sonrisa de franca satisfacción.

Fuente: El Tiempo de Bogotá 11 de octubre de 1999