Educación Ambiental Urbana. ¿Por Qué? ¿Para Qué? ¿Para Quién?

Hoy por hoy apenas hace falta justificar la necesidad de iniciativas y proyectos de información y formación destinados a aumentar el conocimiento de las personas sobre los procesos ambientales básicos, ampliar la conciencia sobre la responsabilidad personal y colectiva, y favorecer una implicación activa en la mejora del entorno.

Tras años de denuncia, de investigación, de trabajo y, sobre todo, de agravamiento de la crisis ambiental, parece haberse asumido -al menos en el ámbito del discurso público y la declaración institucional- la idea de que hay que emprender cambios profundos en nuestras relaciones con el medio ambiente. Desde la forma como se utilizan los recursos naturales o como se satisfacen las necesidades, hasta la manera en que se organiza la economía, la producción, el transporte y los demás aspectos del modelo industrial, todo debe ser repensado de manera sostenible, tanto ecológica como socialmente. Y para ello, el conocimiento, la actitud positiva y la voluntad de la gente son imprescindibles.

Así, en consonancia con el reto que tenemos por delante como sociedad, se ha producido una evolución significativa en los modos de afrontar el trabajo en educación ambiental:

"se pasa de un modelo basado en la sensibilización, volcado en un gran porcentaje sobre la naturaleza, y destinado en gran medida a la población infantil y juvenil, a otro centrado en la información y la participación, que tendrá los sectores ambientales locales y el sistema global como punto de referencia, y destinado a un público genérico a través de las entidades sociales de producción y consumo y las corporaciones locales."

Es decir, por un lado, la ciudad y los problemas creados en y por la ciudad han pasado a convertirse en objeto principal de los programas educativos, después de décadas en las que fue el medio natural el que recibió una desproporcionada atención. La mirada se vuelve, así, hacia el entorno en el que transcurre la vida cotidiana de la mayoría de la gente y que, por otro lado, es el espacio donde se genera la mayor parte de los problemas socioambientales.

Pero, además, la educación ambiental, que durante mucho tiempo se ha asociado con la escuela o, en todo caso, con los jóvenes, se orienta cada vez más a promover la participación ciudadana en la solución de problemas reales. A escala internacional, se encuentran muchos ejemplos de esta tendencia a incorporar a la población en la mejora ambiental, sobre todo en proyectos de ámbito local. La extensión en todo el mundo de procesos de redacción y puesta en marcha de las Agendas Locales 21 demuestra el vigor de este enfoque local y participativo. El hecho de que, hasta ahora, se haya trabajado principalmente con los más jóvenes se explica en razón de la facilidad de acceso a este sector o de la especial implicación de los educadores, pero no obedece, en general, a razones de mayor conveniencia.

De todos modos, esto no invalida, ni mucho menos, la acción educativa que se centra en los jóvenes como objetivo prioritario, sobre todo en lugares donde la escasez o debilidad del tejido asociativo ciudadano supone una dificultad añadida a la de por sí compleja tarea de dinamización social.

Este diagnóstico bien puede aplicarse a Segovia, donde no se aprecia una cultura de participación arraigada. En este caso, es posible que dedicar los esfuerzos y recursos disponibles al sistema educativo sea una manera adecuada de iniciar el proceso, de forma que los jóvenes puedan convertirse en agentes multiplicadores que contribuyan a crear un ambiente social más propicio. Como bien plantea Enric Tello :

"no debemos presuponer que ya exista una ciudadanía informada, solidaria y presta a reclamar sus derechos democráticos para tomar parte en la salvación del mundo. El camino es más complejo y requiere mediaciones. Al menos hay tres tipos de mediaciones: - hay que construir una visión, - hay que construir un proyecto de acuerdo con esta visión, - hay que construir un sujeto capaz de llevar adelante ese proyecto."

Los jóvenes y educadores de los centros educativos segovianos pueden convertirse en agentes mediadores que ayuden a poner en marcha un proceso más ambicioso: el compromiso de la población con una ciudad mejor, desde la gestión ambiental y desde la convivencia cívica.

Fuente: http://web.jet.es/cprsg/convenio/pagina_n4.htm