El aniversario de Chopin

Manuel Drezner

En todos los centros musicales importantes del mundo se está rindiendo homenaje a Chopin en su sesquicentenario, pero en Bogotá se le ha ignorado.

Federico Chopin, de quien se cumple este domingo el sesquicentenario de su muerte, tuvo por mucho tiempo mala fama entre algunos melómanos que se consideraban de exquisito gusto y conocimiento musical avanzado.

Para ellos, el nombre de Chopin era una especie de abominación, y decían que su música era feminoide, sin fuerza ni contenido, y reflejo de una personalidad débil y enfermiza.

¿Cómo esos sabios podían opinar eso de una música que no se interpretaba con la frecuencia debida? No se sabe (pero es muy típico eso de dejar caer opiniones fulminantes sin conocimiento que las respalde) pero lo cierto es que el resultado era el considerar a Chopin como un músico de obras de salón, sin grandes valores musicales.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando se grabó toda la obra del compositor, y muchos pianistas ilustres dieron a la música de Chopin un aspecto insospechado. Esas obras lánguidas y de poca fuerza se convirtieron en las manos de una serie de grandes pianistas como Rubinstein, Arrau y Magaloff en música vigorosa, de gran variedad y contenido a pesar de tratarse de miniaturas. La fama de un Chopin homosexual cambió con la publicación de biografías que mostraron que si bien no era un Casanova, sí tuvo amores en cantidades y no precisamente con efebos. Y el hecho de que una serie de distinguidos músicos revelaran que Chopin los había influenciado, cerró el círculo que mostró que en el músico polaco había una figura importante de la historia de la música.

El sesquicentenario trae, pues, una imagen renovada de Chopin, y la prueba del gran respeto que se le tiene en los círculos musicales está en la cantidad de homenajes que se le han hecho.

La notable excepción es, desde luego, la capital, donde ninguna de las entidades musicales que presentan conciertos, ni los centros educativos, ni la iniciativa individual juzgaron conveniente rendirle homenaje a Chopin.

Esto desde luego no es extraño si se piensa que aniversarios como los de Haydn, de Schubert y hasta de Tchaikovsky pasaron desapercibidos, pero uno hubiera pensado que dada la popularidad de Chopin y el que su obra sea casi que obligada dentro del repertorio de los pianistas, esto no se hubiera presentado en su caso.

Valga pues esta nota recordatoria de que el sesquicentenario de Federico Chopin llega para un compositor importante, respetado en todo el mundo y que definitivamente fue básico en el desarrollo musical del romanticismo.

El Espectador (Colombia), 13 de octubre de 1999