El Presidente acusa a los republicanos de impedir su progreso

Clinton levanta la bandera hispana

A estas alturas, cuando en juego están el presupuesto del año 2000, la salud y las pensiones de los menos favorecidos y el futuro de las armas nucleares, sería inocente desligar los debates que se dan entre la administración Clinton y el Congreso, de mayoría republicana, de las intenciones meramente partidistas. Pero, y aún con este trasfondo, resultó bien interesante ver al Presidente estadounidense golpear con la bandera hispana a sus opositores en el Senado, a quienes acusó de impedir el progreso de esta minoría.

Las punzantes frases del mandatario se presentan como preámbulo de una nueva y agria batalla política entre Clinton y los republicanos que marcará la pauta de los tres últimos meses del año. Se espera que mañana, y a pesar de que no existe la mayoría para aprobarlo, el Senado vote el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares. El Presidente le ha pedido al Senado que aplace esa votación hasta que no se de un debate que permita reunir la mayoría de dos tercios que se necesita para aprobarlo.

Sería la primera vez que un tratado internacional no es aprobado en E.U. desde el final de la Primera Guerra Mundial y supondría "un peligroso giro de 180 grados en nuestro papel como líder mundial contra la proliferación de las armas nucleares", ha dicho Clinton.

Además, los dos bandos tienen de plazo hasta el próximo 21 de octubre para elaborar el nuevo proyecto de presupuesto que por el momento está bien embolatado.

Si antes de ese día no se aprueba el presupuesto del ejercicio 1999-2000, podría paralizarse la Administración estadounidense, como ya ocurrió en 1995. El presupuesto está compuesto por 13 proyectos de gastos, de los que siete se encuentran bajo amenaza de veto por parte de la Casa Blanca.

La Casa Blanca ha informado de que Estados Unidos tendrá este año un histórico superávit de 115.000 millones de dólares del presupuesto 1999, unos 16.000 millones de dólares más que lo que el Gobierno esperaba.

Pero todavía está lejos un acuerdo sobre cómo utilizar parte del sobrante presupuestario, que los republicanos pretenden destinar a una masiva reducción de impuestos, en casi 800.000 millones de dólares para los próximos diez años. Clinton, sin embargo, quiere invertir parte del superávit en la seguridad social y en pagar la deuda pública.

El Tiempo (Colombia), 11 de octubre de 1999