Aquí no pasa (casi) nada

Francisco Vivancos C.

Este titular puede parecer disparatado en vista de las aceleradas transformaciones institucionales y políticas que están ocurriendo. Sin embargo, una mirada más detenida al régimen de política económica en ciernes y a los anuncios fragmentarios que se han hecho de los lineamientos estratégicos de esta administración le dan algunos fundamentos al mismo. Viejas fórmulas ensayadas, acompañadas con una retórica más vieja aún hacen también esperar los magros resultados que observamos en el pasado.

Analogías

Para empezar, se inaugura un nuevo período presidencial con un ajuste recesivo. Como tres de las cuatro administraciones anteriores. La cuarta (la última de Caldera) el ajuste se hizo a mitad de período, no sin antes devastar la economía con un bienio de crisis y controles que pudieron evitarse. Cierto es que en esta ocasión la contracción se ha impuesto más como un obligante ejercicio de mínima responsabilidad fiscal que por el diseño y la voluntad de los actuales administradores. Por supuesto, ningún decisor público de buena gana arriesga su capital político de entrada si no existe probabilidad de que el sacrificio por equilibrar los mercados permita reanudar el crecimiento y el apoyo electoral.

Sin embargo, la analogía va más allá de una simple consecuencia de un supuesto ciclo político, por el cual el recalentamiento y profundización de desbalances de cierre del gobierno saliente 'ata las manos' del entrante al forzarlo a ajustar la economía. O del mantenimiento del régimen de bandas cambiarias y de cierto tipo de disciplina fiscal. La ausencia de cambio en el régimen de política económica se traduce, en lo sustantivo, en dos elementos: Por una parte, la plataforma sectorial que, según la apuesta gubernamental, debería apuntalar el crecimiento de la economía no petrolera a largo plazo está sustentándose crecientemente en una combinación de subsidios implícitos y explícitos, 'gavetas crediticias', acuerdos corporativistas, protección paraarancelarias y reformas institucionales que, en gran medida, suponen un retorno al activismo 'industrializante' de los cincuenta y sesenta. El alto costo en eficiencia y crecimiento que tuvieron esas viejas políticas y sus posibilidades de re-edición debe examinarse a la luz de las nueva realidades: un entorno internacional sustancialmente más adverso al uso de ese tipo de políticas y un ingreso petrolero real contraído que da poco espacio a transferencias masivas. Pero eso es parte de un próximo artículo. El otro componente es el tipo de ajuste fiscal.

El ajuste que no cesa

El ajuste fiscal en ejecución contiene buena parte de las deficiencias (y algunas innovaciones regresivas) de los anteriores e insostenibles esfuerzos de equilibrar las cuentas fiscales: rezagos en la cancelación de obligaciones fiscales pendientes, impuestos distorsionantes que generan ingresos transitorios (tipo IDB) sobre los que se comprometen gastos permanentes, altos niveles nominales de tributos directos e indirectos, con amplias y discrecionales exenciones que terminan debilitando la eficacia recaudatoria y produciendo precios relativos fuertemente distorsionados y una trayectoria de acelerado y desordenado endeudamiento interno que sólo puede mantenerse a fuerza de tasas de interés peligrosa y permanentemente bajas o 'licuaciones' de deuda. Ajustes similares en 1984-85, 89-IS90 o 1996 fueron abandonados, tras la profunda fatiga en empleo y producto que produjeron, para pasar a expansiones fiscales que no sólo anularon los esfuerzos previos de rebalanceo financiero, sino que terminaron en crisis de balanza de pagos. Los lineamientos del presupuesto del 2000 hasta ahora conocidos confirman el desespero por crecer a fuerza de una expansión real enorme del gasto primario (a menos que la inflación meta se haya conscientemente subestimado) supuestos altamente discutibles de estimación de los ingresos y un financiamiento escasamente perfilado del déficit. Hay que reconocer que si las predicciones de un mercado petrolero firme se constatan, ni desde el lado de balanza de pagos ni de las finanzas públicas existirán mayores restricciones para ejecutar la expansión fiscal. Sin embargo, y repitiéndose hasta el cansancio, un intento de reactivición a fuerza de un presupuesto fiscal basado en ingresos petroleros con poco espacio en cantidades y una fuerte dependencia de precios trasmiten una enorme y vieja fragilidad a las cuentas fiscales y a la estabilidad macroeconómica.

Economista, profesor UCV y UCAB.
El Universal Digital, 08 de octubre, 1999