Apuro

Gustavo José Linares Benzo

El presidente Chávez ha recorrido buena parte del planeta en las últimas semanas, mientras envía mensajes cifrados unos, otros directos desde su gira internacional. Tanto su diplomacia como su gestión interna en ese tiempo tienen un común denominador: el frenesí.

Se reconoce que con el tiempo Chávez ha dejado de ser el comandante en jefe del país para asumir rasgos de presidente de la República. Hace tiempo que no lo vemos en traje de campaña, si sigue jugando beisbol no lo pasan por televisión y hasta parece que ha recortado los discursos. Sin embargo, últimamente parece haber aflorado otro rasgo de su carácter: el apresuramiento.

Ha salido en una gira internacional impremeditada y azarosa, ha dado órdenes al sistema carcelario pretendiendo resolver una crisis estructural en días y, lo más grave, desea una Constitución rápida y con plazos.

La gira del Presidente ha recorrido buena parte del mundo industrializado, con el propósito de desmentir la campaña internacional contra Venezuela. Pero en realidad, muy pocos logros puede enseñar a sus pares del 67. Los abusos al Estado de Derecho simplemente han cambiado de centro de gravedad, de Miraflores a la Asamblea Constituyente, la cual no ha cejado en su empeño de declararlo todo en emergencia y hacer suyo desde el Poder Judicial hasta las cárceles. Continúan en peligro la estabilidad y el gobierno judicial, con objetivos incluso de distorsionar aún más el modo de atacar la corrupción en el mundo de los jueces. Si ya nuestro sistema era de desconfiar, ahora es mucho peor: los magistrados tienen miedo de dictar la sentencia que sea. Se trata tan sólo de un botón de muestra.

Con un país así, sin una política económica concreta, con el manejo alegre de la política interna de Pdvsa, y un largo etcétera, la gira no ha podido ser exitosa. Habrá que esperar más, a la cosecha de algunos logros y a la estabilización de las metas para emprender viajes tan importantes y tan seguidos, como reacción además a lo que no fue más que notas de prensa y de ningún modo una campaña orquestada.

Desde su periplo el Presidente fue enviando instrucciones y pareceres sobre los más diversos aspectos de la vida nacional, también con el objeto de que se produjeran cambios inmediatos en situaciones que tienen décadas. Ejemplo es la situación carcelaria. Una estructura de complicidades que atenta contra los más elementales derechos de los reclusos no puede cambiarse en horas.

El plazo del regreso del Presidente de gira sirve a duras penas para preparar su regreso, sin que pueda pretenderse cambiar el sistema penitenciario venezolano, también famoso mundialmente. Surge aquí otro de los rasgos relevantes de la política del Ejecutivo: la improvisación. Nada es ejecución de un plan, todo es respuesta a las circunstancias.

El peor de los casos es el aceleramiento constitucional. Con la posibilidad de lograr la Constitución que se quiera, el Presidente ha forzado todas las etapas y quiere referendo para noviembre. Con el rumbo perdido de la Asamblea del primer mes, lo que se está pidiendo es una Ley Fundamental en semanas, que además tiene que superar el obstáculo del trabajo de las comisiones, la mayoría del cual es un retroceso mucho más que un adelanto.

Estos empujones se pagarán caro. No hay ninguna necesidad de estremecerlo todo, porque se corre el riesgo de que todo quede igual. Mientras más rápido se haga la Constitución, menos durará.

F1981@telcel.net.ve

El Universal Digital, 08 de octubre, 1999