Historia tras el nuevo Premio Nobel de Economía
Llewelyn H. Rockwell
(AIPE).- Los bancos centrales tenían tiempo planeando la venta de sus reservas en oro. Esa posibilidad bajó el precio a $250 la onza el mes pasado. Pero cuando cambiaron de opinión, se disparó a $315. ¿Por qué los bancos centrales tienen oro? Y ¿por qué les preocupa venderlo? Para comprenderlo tenemos que recordar un poco de historia, historia que tiene mucho que ver con el Premio Nobel de Economía 1999, otorgado a Robert Mundell de la Universidad de Columbia.
La especialidad de Mundell es economía monetaria, especialmente en cómo afecta al comercio internacional. En los años 60, cuando casi todos su colegas seguían hundidos en la ortodoxia keynesiana sobre la inflación y el desempleo, Mundell comenzó a estudiar la relación entre las políticas gubernamentales y el valor del dinero.
El observó que el sistema de Bretton Woods (que Keynes ayudó a crear) se estaba desmoronando debido a la continua expansión del circulante en Estados Unidos. En un régimen de monedas flotantes, las monedas infladas se deprecian con relación a las monedas sanas. Pero con cambios fijos e inflación, el resultado sería que la pérdida de reservas de oro haría inevitable la devaluación.
Por más sorprendente que nos parezca, los economistas de esa época no pensaban mucho acerca de la moneda. Veían la inflación como algo que reducía el desempleo, sin causar ninguna distorsión en la producción ni en el comercio. La contribución de Mundell fue mostrar el peligro de la manipulación monetaria.
Pero tal peligro no era sólo interno. Se dio cuenta que las políticas internas repercutían en el ámbito internacional. Eso es así tanto con las políticas impositivas como monetarias. Sus advertencias no fueron escuchadas sino hasta los años 70, cuando la mano floja de la Reserva Federal causó la salida masiva del oro y la caída del sistema de Bretton Woods.
En lugar de restaurar el viejo patrón oro, el presidente Nixon nos condujo precisamente en la dirección equivocada, la eliminación del patrón oro como fundamento del sistema monetario. Entonces, el futuro se volvió impredecible porque el banco central podía inflar sin limitación alguna. El resultado fue un fenómeno, a mediados de los 70, que ningún keynesiano podía explicar: se dispararon los precios y se estancó la producción.
Los sucesos comprobaron los trabajos teóricos de Mundell en los 60. Era uno de los muy pocos capaces de explicar el funcionamiento de un cambio flotante, especialmente donde las monedas no tienen una conexión directa con los mercados que sirven. Hay que sanear la moneda, insistía Mundell, porque si el dólar sigue perdiendo valor perturbará el comercio internacional.
También argumentó que los gastos gubernamentales no servían como herramienta económica. Ya el gobierno no podía manipular palancas presupuestarias y pensar que la economía respondería. Los mercados se habían tornado súper sensibles a las manipulaciones gubernamentales sobre la tasa de crecimiento y valor de la moneda.
Mundell comprobaba así las teorías de la escuela austríaca desde las primeras advertencias de Ludwig von Mises en 1912 sobre los peligros de la inflación. Además, Mundell jugó el papel principal en identificar la política que restauraría el crecimiento económico: la reducción de impuestos. Su visión chocó con la salvación propuesta por Friedman y los monetaristas sobre la base de tasas de cambio flotantes en un mar de billetes.
El comité del Premio Nobel cita el trabajo de Mundell en la creación del euro, pero esa moneda tiene el fatal defecto de ser la amalgama de varias monedas, vulnerable a la manipulación del Banco Central Europeo. Fue precisamente el temor de un sistema monetario sin respaldo lo que condujo a los bancos centrales a mantener sus reservas en oro.
Los premios Nobel en economía han sido inconsistentes últimamente. El año pasado se le dio a Amartya Sen, cuyo trabajo ha sido un himno a la redistribución de la riqueza por parte de los gobiernos. Pero Mundell no sólo estaba en lo correcto, cuando la gran mayoría de sus colegas estaban equivocados, sino que es un teórico que con sentido común y lenguaje claro evita la pirotecnia econométrica que estuvo tan de moda. Sería una lástima que los problemas del euro fuesen interpretados como una falla de este gran economista de nuestros tiempos.
Presidente del Ludwig von Mises Institute.