La bendición de más niños

Jeff Jacoby

BOSTON (AIPE).- Un bebé nacido en días pasados completó los 6 mil millones de habitantes del mundo, según las Naciones Unidas. Dónde nació es difícil determinar porque nacen 140 niños cada minuto, pero -con toda seguridad- fue bienvenido por sus padres y familiares.

  Pero no sólo ellos deben estar contentos, sino todos nosotros también. Hace cien años el globo no podía alimentar ni siquiera de 2 mil millones de habitantes. Hace diez siglos, no más de 500 millones subsistían. Un bebé nacido al final del milenio pasado tenía 50% de probabilidad de cumplir los cinco años, sobrevivir los 40 era algo extraordinario.  Por el contrario, el bebé número 6 mil millones puede contar con vivir 65 años, si está en el Tercer Mundo y 75 años en Occidente.

  La raza humana nunca había estado tan bien. La riqueza per cápita se ha disparado en el siglo XX. Terribles enfermedades han sido erradicadas. La mortalidad infantil se derrumbó. Las maravillas de la medicina y de la agricultura moderna alcanzan a más regiones del mundo. La producción de alimentos  crece más rápidamente que los nacimientos. No ha desaparecido el hambre y la pobreza, pero en general los humanos gozamos  de una vida mejor, más saludable, más limpia y más próspera que jamás antes.   "Uno pensaría que quienes aman al prójimo saltarían de alegría ante el triunfo de la mente y la organización humana frente a las fuerzas mortales de la humanidad", escribió el fallecido Julian Simon en su estupendo libro "The Ultimate Resource", su obra maestra. "Por el contrario, muchos se lamentan que hayan tanta gente viva, disfrutando de la vida".

Por ejemplo tenemos al vicepresidente Al Gore, quien proclama que "ningún objetivo es más crucial para curar al medio ambiente global que estabilizar la población humana". Con eso quiere decir que la gente debe dejar de tener a tantos hijos. No todo el mundo, por supuesto. No la gente como Gore, padre de cuatro, sino en sitios como Bangladesh y China, naciones que rutinariamente se consideran tener una población excesiva.

  En un corto ensayo, P. J. O'Rourke comentaba sobre los controladores de la población, quienes predican que lo que los países pobres más necesitan son menos niños: "Viajando por las regiones pobres del mundo, empujando píldoras de control de natalidad en las gargantas de la gente, lanzándolos a clínicas de aborto y dándoles premios baratos por ser esterilizados es asumir que esa gente no quiere tener hijos tanto como nosotros, que no los querrán como nosotros queremos a nuestros hijos y que los bebés amarillos o de piel morena no son tan adorables como los nuestros, americanitos rosados. Los niños de Estados Unidos crecen convirtiéndose en ciudadanos valiosos, los niños de Bangladesh crecen para ser parte del problema de la sobrepoblación mundial".

En 1798, Thomas Malthus publicó su famoso "Ensayo sobre el Principio de la Población". Malthus estaba equivocado al argumentar que la población crecía más rápidamente que los alimentos. Pero Gore declara en su libro "La Tierra en la balanza" que "Malthus tenia razón". En 1803, Malthus revisó su estudio, admitiendo haber estado equivocado porque a lo contrario de los animales, los humanos toman medidas preventivas, lo que les permite calcular distantes consecuencias.

Su honestidad obligó a Malthus a repudiar su error, pero los neomalthusianos persisten en el error, repitiendo sus advertencias sobre la catástrofe que nos aguarda a la vuelta de la esquina. Una y otra vez se comprueba su equivocación, pero jamás admiten su error.

  El más impactante dato demográfico hoy no es que seamos 6 mil millones de personas, sino que las tasas fertilidad femenina -número promedio de hijos por cada mujer- se están reduciendo en todas partes. Se requiere una tasa de fertilidad femenina de 2,1 para sólo mantener  el actual nivel de población. Esa tasa no es alcanzada hoy por ningún país europeo, donde el promedio es 1,5. La tasa actual en China es 1,8; en Japón 1,4; en Rusia 1,3 y hasta en el Tercer Mundo de una tasa de 6 hace una generación, ahora es de 3 y sigue cayendo.

Las mujeres en todo el mundo están teniendo menos hijos y en 40 o 50 años, la población mundial comenzará a disminuir. Entonces sí tendremos razones para preocuparnos porque los niños son una bendición.

Mientras más niños trae una generación al mundo, más dichosa es la generación siguiente. "Los humanos, a lo largo de decenas de miles de años han creado más de lo que han destruido. Ese es el  más fundamental de todos los hechos respecto al progreso de la civilización", decía Julian Simon. Más gente significa más problemas, pero también más conocimientos para resolverlos.

El bebé número 6 mil millones nació en el mejor momento de la historia de la humanidad, digan lo que digan los verdes como Al Gore. 

Columnista del diario Boston Globe.