Malos Presagios
Guido Grooscors
Finalmente, sin que nadie se lo haya propuesto, se ha dado un consenso en el universo de los analistas políticos en relación con la futura carta constitucional. Si se examinan los comentarios sobre el tema, de la mayoría de quienes exteriorizan sus opiniones a través de los principales medios de difusión, se podrá observar una notable coincidencia en el tratamiento de la cuestión, que mueve a reflexión, puesto que es evidente la existencia de una aspiración compartida a que las deliberaciones de la ANC concluyan con la adopción de una Constitución que haga posible los cambios institucionales que la sociedad venezolana viene reclamando, no de ahora como creen algunos, sino de hace ya tiempo. La generalidad de los comentaristas, sin embargo, estiman que no se están dando las condiciones para que la acción constituyente alcance la meta propuesta con el debido acierto.
Partiendo del supuesto de que la ANC inició sus tareas con el apoyo de un porcentaje significativo de la población, lo cual no es totalmente cierto, no cabe duda que esa postura se ha ido modificando en la medida en que los trabajos constituyentes han avanzado dejando al descubierto profundas contradicciones, por una parte, así como también confusos conceptos respecto al contenido y alcances de la misión encomendada. Baste citar, como ejemplo, en ese sentido, el proyecto de Preámbulo, que ha sido blanco de los más duros calificativos tanto por su redacción como por las ideas que expone, a tal punto que se ha llegado al extremo insólito- de que el constituyente responsable de los aspectos gramaticales del texto haya sugerido confiar al novelista colombiano que hace ya tiempo obtuvo el premio Nobel de literatura, buen amigo de Venezuela, por lo demás, el encargo de repasar y ajustar idiomáticamente, esa específica obra creativa.
Asimismo, son numerosos los aspectos, de la más variada índole, del anteproyecto constitucional, que inquietan y preocupan, no sólo a los especialistas en la materia, sino también a todos aquellos que, de buena fe, han contribuido, de algún modo, a enriquecer el debate constituyente aportando ideas y opiniones diversas, no siempre cónsonas con el contenido propio de una Constitución, pero dignas de ser tomadas en cuenta en un ejercicio de democracia participativa.
Al parecer, de acuerdo con lo que ha trascendido a los medios, en el seno de la comisión constitucional hay disposición a reducir sensiblemente el articulado del primer texto consolidado que, para quien preside la referida instancia, de mantenerse contra la más elemental lógica jurídica que propicia la síntesis precisa en vez del desperdicio redaccional, daría paso a reacciones de diferente naturaleza, entre ellas las "carcajadas" a que aludió sensatamente el expresado constituyente.
Son numerosas las opiniones que, desde ya, están presagiando corta vida a la futura carta fundamental, en contra de la visión optimista alimentada por el jefe del Estado quien, en su cotidiano discurrir ante diferentes audiencias, internas y externas, en un delirante alarde de futurología, le otorga al entrante instrumento constitucional vigencia centenaria y hasta milenaria (sic).
Con base a lo comentado, puede concluirse, a reserva de volver sobre el asunto en la medida que avance el debate respectivo, que hasta ahora son negativos los signos del proyecto constitucional el cual, sin tapujos, lo que de verdad trata de consagrar es la vuelta al militarismo y al personalismo y la sustitución de la democracia representativa (o "puntofijista", como peyorativamente la califican sus detractores) por una nueva hegemonía política aún por definir.
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