Narcopia

Carmen Beatriz Fernández

Narcopia es una sociedad en la que miles de finos hilos enlazan el mundo político con el mundo del narcotráfico. Las campañas electorales son costosas, mediáticas y largas; los partidos y las ideologías han perdido importancia en la orientación del voto popular;  no hay dinero público para financiar elecciones, quien ofrece dinero espera algo a cambio, y los políticos están ávidos de los recursos que les permitan costear sus campañas y así tener la opción de ser electos. Como consecuencia, los hilos de la intrincada red del poder en Narcopia se tejen con habilidad y se multiplican fertilmente. Narcopia se parece algo a Colombia, pero está todavía bastante lejos de Venezuela.

En Venezuela hay consenso, sin embargo, en que dentro de las reformas politicas necesarias al sistema electoral está el tema del financiamiento de las campañas. Pero mucho me temo que la dirección que vienen tomando las discusiones dista mucho de ir por el camino más conveniente. El financiamiento público de los partidos políticos se cuestiona y se busca eliminar, como si de un perverso sistema se tratara. El tema se ha convertido, incluso, en un punto de honor para numerosos constituyentistas.

Las barbas de nuestra vecina Colombia han ardido con mucha intensidad recientemente como para cegarnos sobre el particular. Se estima que al menos un 30% de los congresistas del vecino país han aceptado dinero del narcotráfico en sus campañas Tambien en Venezuela el dinero del narcotrafico ha invadido variadas esferas. Sería terrible el que nuestros gobernantes debieran favores al narcotráfico, pero hoy por hoy, ello representa una posibilidad muy real.

Sin embargo, el peligro de dinero del narcotráfico financiando las campañas de nuestros políticos no es el único peligro. Tambien lo son los aportes excesivos por parte de determinados grupos económicos, aún cuando sus fondos sean de procedencia muy legítima. De suprimirse los aportes públicos al financiamiento electoral, el financiamiento privado, tanto el legítimo como el de oscura procedencia, sería el único recurso de las campañas electorales.

El que la campaña electoral del político triunfador en las elecciones haya sido financiada mayoritariamente por un grupo en particular, otorgaría muy probablemente influencias de poder a ese grupo, yendo en desmedro de decisiones tendientes a favorecer al colectivo. Aún cuando estos aportes se regulasen, cada regla de financiamiento generaría sus propias ideas geniales de elusión.

De forma similar a como las reformas electorales hechas en USA a raíz del escándalo Watergate hicieron proliferar en forma desmedida los PAC's (o Comités de Acción Política) como grupos de captación de recursos para las campañas electorales nortemericanas, profundamente enraizados con los grandes grupos de poder de ese país, que se han convertido, en la práctica, en los grandes electores de la sociedad del Norte.

Los aportes del CNE a los partidos y candidatos siguen teniendo vital importancia dentro del financiamiento a las campañas políticas, como factor pluralista y democratizador del acceso a las campañas por parte de grupos menos pudientes. Más que mortificarnos el origen público de los fondos de las campañas, las reformas al financiamiento de la política debieran cumplir el objetivo básico de la transparencia. Existe ya regulacion sobre el particular, por lo que la meta fundamental está en lograr efectividad y el fortalecimiento institucional del órgano de control, particularmente en lo referido a las sanciones y su ejecución. Ello debe complementarse con límites  a los aportes personales del candidato, que busquen desfavorecer la correlacion millonario-candidato exitoso y los límites a los aportes de personas individuales y jurídicas a la campaña.

Sin embargo, por los vientos que soplan, creo que es más que posible que en Venezuela eliminemos el financimiento público de las campañas electorales.  Es posible también que se oigan fuertes loas desde nuestra sociedad. Es posible que la medida arroje un halo de popularidad sobre la Asamblea. Es posible que las palmas de los constituyentes enrojezcan de tanto aplauso. Es posible. Pero, créanme, entonces Narcopia estaría a la vuelta de la esquina

Ojalá que no...

Consultora política y profesora
Opinión Pública UCAB
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