Raul Estrada Oyuela
La crítica a la globalización hecha por el doctor Raúl Alfonsín en un discurso de campaña hace unos días puede haber llamado la atención de algunos, pero en realidad coincide con argumentos que hoy usan en sus campañas los precandidatos a presidente de los Estados Unidos.
En la misma semana, el ex senador Bill Bradley -quien compite con el vicepresidente Al Gore por la nominación del Partido Demócrata- criticó la presión que impone "la nueva economía global", a la que "no le importa que la familia se reúna para comer todas las noches". Para que nadie dudara, en su segundo gran discurso de campaña sostuvo que "la economía global no se ocupa de ustedes para nada".
Por su parte, el gobernador de Texas y precandidato del Partido Republicano George W. Bush se define como un conservador con sensibilidad social y criticó a sus correligionarios en el Congreso por ocuparse de la macroeconomía y no de la situación de las familias y por "equilibrar el presupuesto federal sobre las espaldas de los pobres". Estas críticas hacen que los analistas políticos se pregunten cómo se llevará Bush con los legisladores republicanos en caso de ganar las elecciones.
En este país, donde nadie niega la excelente situación económica y el presupuesto tiene superávit, el pleno empleo afecta negativamente los valores en la Bolsa. Sin embargo, el mayor empleador es una empresa que actúa como intermediaria en el mercado de trabajo. Y el salario mínimo de 5,75 dólares la hora no le permite llegar a fin de mes a una madre con dos hijos que, como tiene empleo, no califica para los programas de ayuda oficial y depende de la caridad de instituciones religiosas.
Estrecho chaleco dorado
La globalización redujo la capacidad de los sindicatos para negociar salarios, pero significativos aumentos acordados en los recientes convenios colectivos de Daimler-Chrysler y Boeing sugieren un cambio en la tendencia, a la vez que se recupera la afiliación a los sindicatos y -según el New York Times- la AFL-CIO vuelve a ganar poder y prestigio. El caso más notable ha sido la incorporación de 74.000 trabajadores de la sanidad al sindicato de ese gremio en Los Angeles, completada en marzo de este año.
En una conferencia off the record que pronunció en la Universidad de Stanford el columnista internacional de un diario tenido por el principal de Nueva York, comparó la globalización con un estrecho chaleco dorado, que mejora los índices macroeconómicos pero restringe la capacidad para moverse políticamente.
Me parece que no siempre estas connotaciones de la globalización están presentes en el discurso de los argentinos y por ello resulta muy útil que el doctor Alfonsín haya planteado el tema.
Embajador
Clarín Digital (Argentina), 20 de octubre de 1999