La fusión del BBV y Argentaria es una buena noticia para la economía española, el sector bancario, el negocio y los usuarios. Con el nacimiento del BBVA se consigue conformar una entidad que, partiendo de una sólida base española, puede convertirse en un proyecto con reconocido peso en la nueva Europa del euro, y al que se le abre la posibilidad de jugar un papel relevante en el nuevo orden económico mundial.
La operación alumbrará una nueva entidad más poderosa y mejor preparada para competir que las actuales que la conforman. Los abrumadores datos no dejan en este sentido lugar a dudas. El nuevo grupo financiero ocupa la primera posición del mercado español por valor de capitalización y resultados, y ostenta una muy destacada posición en el ránking del sector bancario de la zona euro, con unos activos totales de 37,6 billones de pesetas, una inversión crediticia de 17,9 billones, unos depósitos de clientes de 16,9 billones y un patrimonio en fondos de inversión y pensiones de 12,3 billones. El BBVA contará con 4.357 oficinas en España y cuotas del 20 por ciento en las principales líneas de negocio. La fusión, que tendrá efectos desde el próximo 1 de enero, afecta además a doce millones de clientes y cerca de 90.000 empleados.
Para el BBV la fusión significa un paso de gigante en su desarrollo, sobre todo después de que con la aparición en el mercado del que sin duda será su punto de referencia (el BSCH), se hubiera quedado algo descolgado. Si el Bilbao Vizcaya siempre ha sido un Banco «europeo y español» ahora alcanza una proyección con gran capacidad de identificación más allá de la que le proporciona su origen geográfico. Supone también una profesionalización para el futuro Consejo de Administración, aunque la decisión de sumar los Órganos de Administración de las dos entidades integradas revela una cierta ineficiencia en este punto que se nos antoja no ha sido la mejor de las soluciones posibles. El número de 33 consejeros (19 procedentes del BBV y 14 de Argentaria) parece, en principio, excesivo.
HAY que reconocer, sin ningún rubor, que una de las claves de la operación ha sido la magnífica gestión de Emilio Ybarra, que ha demostrado mirar por los intereses de los accionistas y no atender algunas sugerencias endogámicas que podían lastrar el futuro de la entidad. Debe subrayarse la generosidad del actual presidente del BBV que, al cumplirse la edad reglamentaria (en la Junta General a celebrar a principios del año 2002), quedará como miembro del Consejo de Administración y de la Comisión Delegada Permanente pero cederá la Presidencia única de la nueva entidad a Francisco González.
Asimismo, hay que considerar un acierto el hecho de que se haya optado por un solo hombre al frente de la gestión diaria y que la función haya recaído en Pedro Luis Uriarte, un ejecutivo de contrastada experiencia. El nombramiento de Uriarte desvanece las lecturas «políticas» del supuesto papel del BBV.
Argentaria, por su parte, ha estado bien gestionada por Francisco González, hombre discreto y eficaz, que ha saneado el Banco y lo ha puesto en una situación óptima. Para esta última entidad, nacida de la fusión de los antiguos Bancos públicos, la integración con el BBV es la mejor de las soluciones, ya que se asocia con una entidad muy fuerte en lo que hasta ayer era su punto débil, la red de sucursales. La operación debe ser leída en este aspecto por la complementariedad de ambos Bancos.
LA fusión entre Argentaria y el BBV necesita también una mención al papel jugado por el Gobierno en la persona del vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Rodrigo Rato, que ha tenido una intervención importante al decidir no hacer uso de la «acción de oro» y facilitar la operación. El Gobierno culminará así, su gestión en esta legislatura con el mapa bancario ya perfilado y prácticamente cerrado.
Por lo que se refiere a la estructura de la operación, el Banco ha optado por las fórmulas más eficientes desde todos los puntos de vista. Técnicamente supondrá la entrega de cinco acciones de nueva emisión de BBV por cada tres acciones de Argentaria, con base en las respectivas valoraciones de mercado al día del anuncio de la transacción. Desde el punto de vista operativo, la operación se estructura como fusión por absorción de Argentaria por BBV, aunque ambos Bancos apelaron ayer a la fórmula de «fusión entre iguales». Acertada parece también la decisión de duplicar las sedes, al elegir la ciudad de Bilbao como sede social y fijar dos centros operativos en Madrid y Bilbao respectivamente. Nadie debe llamarse a engaño en lo que a esta elección de la sede se refiere ya que esta fórmula no constituye ninguna novedad en el sector bancario. El BSCH tiene su sede social en Santander y la operativa en Madrid, pese a que la entidad resultante de este Banco integra a tres bancos madrileños (Central, Hispano Americano y Banesto) y sólo uno de origen cántabro.
Queda pendiente ahora el funcionamiento de las dos entidades, la duplicidad de las fundaciones de los dos Bancos, ambas de gran prestigio; la doble presencia indirecta en medios de comunicación como Canal Satélite y Vía Digital; el uso que harán de su fortísima presencia en el capital de Telefónica, de la que controlan cerca del 8 por ciento; y otras posibles incompatibilidades en sectores tan estratégicos como el de la energía. Es pronto para saber hacia donde caminará el nuevo Banco en estos terrenos pero son aspectos que habrá que resolver en un futuro más o menos inmediato.
C ON el mapa bancario prácticamente cerrado la próxima batalla en el sector financiero se presentará en dar una solución razonable a las Cajas de Ahorros, que acaparan el 50 por ciento del sistema financiero español. La activa posición de algunas de ellas, hay que citar la reciente operación de La Caixa con el Deutsche Bank en Alemania, basta para darse cuenta de que estas entidades deben emprender la senda de la «privatización». Es preciso en el medio plazo, una ley de Cajas que transformen las actuales entidades en sociedades anónimas amenazadas por el peligro de la politización, de una parte, y de anacronismo organizativo, por otra.
En definitiva, España demuestra una vez más tener uno de los sectores bancarios más activos y emprendedores del mundo y esta fusión por absorción del BBV y Argentaria, lo demuestra. Es estratégica para los Bancos implicados y para la economía española. Y no es irrelevante que el BSCH y el BBVA se hayan gestado durante la gestión política y económica liberalizadora y modernizadora del Gobierno del PP.
ABC (España), 20 de octubre de 1999