Luis E. Giusti L.
Muchas veces pensamos que una cosa es obvia, para luego descubrir que no lo es tanto. Con frecuencia se escuchan expresiones acerca de nuestros "socios" en la OPEP, mientras que se habla de nuestros "competidores", al referirse a las empresas petroleras con las cuales Pdvsa ha suscrito asociaciones. Conviene aclarar, que esas empresas son nuestras competidoras en otras partes, pero son nuestras socias y trabajan en convergencia de esfuerzos con Pdvsa, en lo relativo a los convenios suscritos en Venezuela, tal como lo refleja la letra de todos los correspondientes contratos. Por otra parte, el hecho de que Venezuela sea país miembro de OPEP, organización en la cual los 11 países miembros coordinan acciones para influir sobre el mercado petrolero, no implica que esos países no sean nuestros competidores. De hecho, Arabia Saudita, el miembro más influyente de la organización, es uno de nuestros más fuertes competidores en los Estados Unidos, nuestro mercado más importante. De igual manera, Kuwait es nuestro competidor en Europa, mientras que Irán y Nigeria compiten con Pdvsa en los mercados suramericanos.
Probablemente esa confusión, cargada quizás del tradicional dogmatismo apasionado que ha caracterizado a todos los gobiernos democráticos de Venezuela, cuando de la OPEP se trata, ha llevado a que el ministro de Energía y Minas hiciera una heterodoxa especie de "confesión", en un reciente discurso pronunciado en el Instituto de Estudios Energéticos de la universidad de Oxford, el cual si bien tiene indiscutible prestigio, también es reconocido como el centro de formación de todos los dirigentes petroleros del Medio Oriente. En su discurso el ministro dijo, al referirse a la apertura petrolera venezolana: "Subyacente en esa política existía un claro objetivo: abandonar la OPEP. El propósito final era la privatización de Pdvsa, tal como fuera establecido repetidamente por el presidente de Pdvsa durante el pasado gobierno", para afirmar mas adelante: "... Con la victoria de Hugo Chávez en las pasadas elecciones, esa política fue violentamente detenida (-was stopped dead in its tracks- fue la figura idiomática utilizada)".
Conviene de nuevo aclarar las motivaciones de la apertura petrolera, aunque existen cientos de documentos y escritos, tanto formales como oficiosos, acerca de la materia. La apertura tuvo como propósito central, buscar vías para un desarrollo amplio y con visión de largo plazo de nuestros inmensos recursos de hidrocarburos, aprovechando un flujo abierto de capitales, tecnología y oportunidades de mercado, que podían aportar las empresas petroleras que se asociaran con Pdvsa, como de hecho ha ocurrido. De esa forma se despejaban las limitaciones que la empresa nacional pudiera tener, en el camino hacia el mencionado desarrollo. En ningún momento la apertura tuvo como objetivo abandonar la OPEP y quien así lo piense, debería comenzar a preocuparse por el posible abandono de la organización por parte de Irán, Kuwait, Nigeria, Libia, Irak y Arabia Saudita, países todos transitando procesos de apertura petrolera.
El planteamiento formal del anterior gobierno venezolano, giraba en torno a la necesidad de que la OPEP dejara de ser un simple club de cuotas y ampliara su agenda, buscando apertura de nuevos mercados para sus miembros, un uso más práctico del Fondo OPEP para esos objetivos y la promoción de asociaciones de negocios entre miembros, ya que en 39 años de existencia de la organización, jamás se ha concretado ninguna.
Respecto a la afirmación de que el objetivo de la apertura era la privatización de Pdvsa, hay que aclarar que una cosa nada tiene que ver con la otra. Desde agosto de 1975, la ley orgánica que rige al sector petrolero, permite la participación privada únicamente bajo las figuras de convenios operativos y asociaciones, dentro de un claro marco de condiciones que fue rigurosamente respetado para todos los convenios aprobados por el Congreso Nacional dentro del proceso de apertura. La mencionada ley no permite la privatización de Pdvsa y en ese sentido, se confunde a la opinión pública cuando se hace pensar que la empresa podría privatizarse de espaldas al país. Vale la pena recordar, que toda la clase política venezolana, incluyendo al anterior gobierno nacional, rechazó vehementemente la idea de la privatización. Lo que sí planteé yo en forma personal y totalmente al margen de la apertura petrolera, es que el país debe debatir la posible conveniencia de reformar las leyes, para permitir que se pueda colocar 10% ó 15% de las acciones de Pdvsa en el mercado. Esto podría hacerse bajo la modalidad de acciones sin derecho a voto, y le daría a Pdvsa una estatura pública y financiera mucho más fuerte, dentro de un sistema de rendición de cuentas más transparente e indudablemente se traduciría en una mejor valorización de la empresa, además de que, sin que ese sea el objetivo primario, Venezuela podría captar unos 10 ó 15 millardos de dólares. Es absolutamente falso que un esquema como ese, llevaría a que los competidores controlaran a Pdvsa.
Adicionalmente, al anunciar que la política de apertura fue detenida violentamente, tenemos que cuidarnos de no estar concediendo el juego a nuestros competidores, en especial a nuestros "socios" dentro de la OPEP.
Con el paso del tiempo y la evolución tecnológica, el negocio petrolero es cada vez más dinámico y competido. Alianzas que eran inimaginables son hoy realidades. Las instituciones y los países deben evolucionar para encontrar su espacio. Podemos ser socios de alguien en algo y competidores en otra cosa. No debemos permitir que dogmas y rivalidades políticas nos obnubilen.
El Nacional, 17 de octubre, 1999