Consideraciones preliminares sobre Caracas

Juan Carlos Vegas

Un signo de nuestros tiempos ha sido el desbordamiento urbano de las grandes ciudades latinoamericanas. Casi sin excepción, podríamos decir que la violación de las regulaciones por parte de las autoridades o los particulares, ha generado la anarquía imperante. Los intereses políticos, el notorio desconocimiento en materia urbanística de las autoridades locales, y la presión de los grandes promotores comerciales de la construcción, han producido el resto.

Caracas no ha sido precisamente un ejemplo a seguir. Sus condiciones topográficas la han condicionado a un crecimiento "hacia arriba", imponiendo con sus construcciones, el ritmo de la ciudad a partir de la ruptura de su memoria arquitectónica a manos de unos "desarrollistas" que (¿legítimamente?), sólo les interesa el lucro. Constante esta que se repite en todos lados. El príncipe Carlos de Inglaterra señaló en alguna ocasión, no exento de sarcasmo, que las empresas constructoras, con sus arquitectos e ingenieros a cuestas, le habían hecho más daño a Londres que los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. (Que los del patio repitan de la manera más tercermundista el asunto...). El mercado manda, y punto.

Los venezolanos hemos sido testigos del deterioro de la calidad de vida en nuestras ciudades. Podemos decir, por ejemplo, que Caracas ha crecido, pero no se ha desarrollado, lo que nos obliga a la necesidad de replantearnos en los hechos y con urgencia, crear nuevas formas de administrar la capital, en el entendido que su concreción, debería ser el resultado de consensos logrados a partir de la búsqueda de soluciones que respondan a intereses comunes, y nunca a imposiciones sectarias soportadas en una mayoría política siempre circunstancial, si hablamos de democracia, y que dura poco para quienes la disfrutan y demasiado para quienes la padecen. Lo urgente debe dar tiempo a lo importante, para alcanzar entre todos, una recomposición político-territorial del área metropolitana de Caracas que sea reflejo veraz de una voluntad lo más extendida posible. Este es un desafío ineludible de los caraqueños, independientemente de que vivamos en el Distrito Federal o en el estado Miranda. Es por lo tanto la cautela y el sentido común, el llamado a dirigir las intenciones de quienes coloquen propuestas sobre la mesa, pues hay valores a cada lado de la ciudad compartida, que no deben obviarse.

La capital requiere de una autoridad unificada que abarque todo lo concerniente a los servicios mancomunados; pero una cosa es la unificación artificiosa y a rajatabla auspiciada por el chavismo, cuyo norte evidente es ponerle mano a los dineros municipales de El Hatillo, Baruta, Sucre y especialmente Chacao, y otra cosa es la coordinación de esfuerzos bajo la tutela de una autoridad única que imponga orden a partir del imperio de la ley, surgida de la voluntad consensuada de los afectados.

Debemos insistir que es particularmente importante que las discusiones arranquen del respeto a la diversidad de propuestas surgidas de la sociedad civil y del sector institucional, oficial o privado de nuestros municipios, por lo tanto es vital que los caraqueños nos tomemos el asunto sin prisa, pero si pausa, evitando que se intenten imponer condiciones más allá de las que el sentido y el bien común exigen a un proceso de esta naturaleza, pero a su vez, ahorrándonos ofrecer también, el bochornoso panorama que a diario vemos en ese circo de unos cuantos "iluminados" y muchos segundones en que se ha convertido la Constituyente, especie esta de entidad amorfa y carente del sentido de la historia que le debiera ser intrínseco. La Asamblea, estamos seguros, será el ejemplo medular para las generaciones futuras de venezolanos, de lo que no podemos repetir a ningún nivel del país.

El Nacional, 18 de octubre, 1999