No

Oscar García Mendoza

Cuando oí a uno de los más connotados constituyentistas decir que el articulado de la nueva Constitución podría producir una "carcajada" internacional, recordé la historia de "Pedro", un amigo que durante sus tiempos de estudiante montó un día una bulliciosa fiesta en su casa y su mamá le pidió, en privado, que bajaran el tono, amenazando con que si no lo hacían se les iba a aparecer disfrazada con su bata guajira. "Pedro", burlón, le contestó: Mamá se van a reír de ti. Y la sabia señora le respondió: Sí, "Pedro", tus amigos si, pero tu no.

Es la sensación que produce la Constituyente. El mundo se reirá de nosotros, pero nosotros no tendremos de que reírnos. A nosotros nos tocará sufrir las consecuencias de lo que es un enorme disparate.

No puede ser de otra manera. Una constitución escrita en semanas, en medio de un gran desorden y por gente que está en campaña para optar a diversos cargos públicos, no puede resultar de otra manera. El gobierno y sus partidarios en la Asamblea perdieron una oportunidad de oro, con la confección de la nueva constitución, para mostrarle al pueblo venezolano y al mundo entero, como se pueden hacer las cosas en Venezuela de manera muy distinta a como se han hecho en el pasado. Era la oportunidad para convocar a un gran debate nacional, ordenado y productivo, de donde saliera lo mejor del país y reflejarlo en su Carta Magna. Era la oportunidad de mostrar lo mejor que tenemos, de revisar ampliamente la experiencia internacional en materia constitucional, de analizar y discutir a fondo nuestra propia experiencia nacional en esa materia. Era esa la oportunidad, de contraponer esquemas alternativos de desarrollo económico, de comparar visiones distintas sobre lo que debe ser el papel del Estado en la economía y en la sociedad. Era la oportunidad de hacer un balance de lo que han sido varias experiencias de reformas administrativas por las que ya hemos pasado. Era la oportunidad de un auténtico ejercicio democrático, al cual por cierto el Gobierno está siempre aspirando, pero cuando tiene una oportunidad como esta, la pierde.

A los constituyentistas lamentablemente no les sucedió como a los Apóstoles. Sobre ellos no descendió el Espíritu Santo en forma de lengua de fuego para iluminarlos. Al contrario, han logrado convertir la ANC en una especie de concurso de oportunismo, populismo, protagonismo y exhibicionismo por ver quien introduce la disposición más radical o más populista o más bizarra. Todo en medio de la mayor incultura, tanto en lo jurídico, como en lo económico y lo social.

No voté ni en el referéndum, ni tampoco para la elección de la ANC. En el primer caso razoné que mi abstención equivaldría a una negativa y para la segunda, sin realizar la "brillantez" práctica de los "kinos", asumí que no habría gran posibilidad de elegir constituyentistas competentes.

Podría decirse que me estoy adelantando a los acontecimientos. No ha sido aprobado el texto, ni tampoco ratificado en referéndum, ni mucho menos ha sido aplicado para saber si sus consecuencias son tan graves como pienso. Pero los indicadores son demasiados evidentes. Desde su preámbulo, incomprensible e insólito, a la redacción de los artículos. Los conceptos políticos, sociales y económicos completamente desfasados. Su longitud. Su falta de coherencia. La "calidad" de las discusiones. El aceleramiento con que se la quiere aprobar. Lo que rodea a la ANC hace concluir lo peor.

De ser aprobada tendremos que soportarla por muchos años. Pero queda la alternativa de rechazarla. El que tenga ojos que vea. El que tenga oídos que oiga. Estamos viendo y oyendo. Todo indica que de ser aprobados éstos textos –los hasta ahora conocidos- harán un país más inviable que el actual.

Hasta ahora nadie parece tener dudas de que cualquier cosa que salga de la ANC será ratificada. Pero ¿y si la mayoría dice NO?. Esta alternativa comienza a tomar validez.

Creo que esa es la respuesta responsable que los venezolanos debemos dar a la propuesta de nueva constitución que se está elaborando: NO. Un NO rotundo. Hay muchos cambios que hacer, que requieren modificaciones en la actual constitución, pero con desorden, caos y anarquía no podremos exitosamente superar los problemas del país. Ni la constitución se improvisa, ni tampoco debe improvisar el gobierno.

Un NO a la propuesta de constitución podría ser una primera señal al gobierno para hacerle entender que el grave deterioro producido por su falta de capacidad administrativa e indefinición en materia de políticas, ni debe ni puede ser compensado a punta de circo, especialmente si la "calidad" del circo es la misma de la Asamblea Constituyente.

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