El perdón de la deuda a los países pobres

Luis Pazos

(AIPE)- Desde la ley mosaica existe la tradición de perdonar deudas cada determinado tiempo. Según la recomendación de varios papas, ese "jubileo" debe hacerse cada 50 años. Con la llegada del nuevo milenio, se habla de un jubileo o perdón de la deuda para los países pobres. Un grupo de intelectuales y artistas visitó a Juan Pablo II para que promoviera esa condonación. El presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, también señaló que buscará reducir la deuda a los países pobres.  

Que bueno!, ojalá sea posible que los países ricos le reduzcan la carga a los países pobres y deudores; sin embargo, ese jubileo de poco servirá si no se suprimen las políticas que condujeron a tantos países a la pobreza y a convertirse en deudores. Si no se termina con la dilapidación y corrupción en el uso de los recursos que manejan los gobernantes, de poco servirá la reducción de las deudas.  

El 80% del endeudamiento de los países iberoamericanos proviene de aventuras empresariales de funcionarios públicos, a través de las empresas estatales, que en poco o en nada beneficiaron a la gran mayoría de la población. Los préstamos fundamentalmente sirvieron para enriquecer funcionarios, empresarios y líderes sindicales que hacen negocios con las empresas, proyectos y gastos "sociales" de los gobernantes.  

El país africano que más ayuda per cápita ha recibido del extranjero en los últimos 50 años es el que más se ha empobrecido en ese período. Hay muchos ejemplos que demuestran que gran parte de las ayudas y créditos con el teórico objetivo de combatir la pobreza tienen un efecto contraproducente, por tantos pillos, demagogos e ignorantes de la lógica económica que gobiernan sus países. Un alto funcionario del Banco Mundial me dijo que veía con tristeza cómo por un lado le prestaban dinero a los países pobres y por otro ese dinero regresaba a los países desarrollados, vía depósitos bancarios de presidentes, ministros, de sus familiares y prestanombres.  

Nuestra propuesta a su Santidad Juan Pablo II, al presidente de Estados Unidos y a todos aquellos que están promoviendo el perdón o la reducción de la deuda para los países  subdesarrollados, es que conjuntamente con esa petición hagan otra a los organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para que ya no les presten dinero a gobernantes irresponsables, demagogos y corruptos, quienes son la verdadera causa del atraso y miseria en que se encuentran muchos países en los albores del tercer milenio. 

Director del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa.