Sólo los buhoneros son el pueblo®
Iván R Méndez
Delegación total de poder en el Ejecutivo, es uno de los fatales síntomas de una democracia poco pensada como la nuestra, cuya fuente de legitimidad mana exclusivamente desde la pureza de las elecciones. Dice Guillermo O´Donnell (1996) que quienes así piensan "…se olvidan de algo: hay que implementar formas de participación, de negociación y de acuerdos que refuercen el tejido social". Así, nuestros presidentes, gobernadores y alcaldes "…parecen muy omnipotentes, pero en el fondo tienen bastante impotencia: están solos, no hay organizaciones intermedias que les sirvan de apoyo".
Es innegable que todos los ciudadanos tienen derecho a un mínimo nivel de vida. Políticas sociales destinadas a simular esa búsqueda protagonizan los titulares de la prensa diaria. No obstante, en estos tiempos de populismo resucitado, debemos cuidarnos delmás peligroso de los monopolios: la posesión absoluta del concepto de Pueblo ® por parte de los marginados del sistema. De esta manera, si usted es ingeniero, comerciante o educador, entre otros oficios, no califica para ingresar a las galerías mimadas de Pueblo ® para lo cual se requiere ser indocumentado, poco creativo, tener máximo sexto grado de primaria y, de ser posible, una que otra entrada en el moribundo sistema judicial. Los 275 buhoneros que asaltan, oficialmente, a Mérida son un claro ejemplo de los beneficios de pertenecer al Pueblo ®. Nuestros políticos locales, expertos en el sublime arte de la evasión, rebotaron el problema de estos líderes de la economía informal de una a otra dependencia, hasta que finalmente la Alcaldía del Municipio Libertador y la Defensoría del Pueblo acordaron entregarles la calle 24, entre las avenidas 2 y 3, digamos que serán una suerte de portero multitudinario de la Facultad de Odontología de la ULA.
Si en Colombia se le entregan miles de kilómetros de territorio a la guerrilla, da pena protestar aquí por una callecita como la 24, pero el punto es tratar de entender estas ausencias mentales de los políticos elegidos por la mayoría estadística, a quienes el pensador de izquierda Perry Anderson (1994) describe como "…un grupo promiscuo, internamente inseguro y concesivo". Ese pánico por perder popularidad y sus votos sucedáneos, les aniquila el sentido común que, trágicamente, termina por irrumpir en las vidas de los ciudadanos que alimentamos los impuestos que ellos devoran. Es como si ser Pueblo ® mata ser ciudadano.
Antes de ceder calles, edificios o terrenos, debemos preguntarnos quiénes surten la mercancía de estos posibles microempresarios, ¿pagarán sus impuestos estos importadores fantasmas?, aquí el asunto entra en los territorios del SENIAT, el gran ausente de estas discusiones. Al investigar los proveedores de las baratijas, quizá podamos conocer el monto de las compras y ventas de este sector del Pueblo ®, lo cual nos certificará que esta gente sí se dedica al comercio y no a otras actividades menos nobles como el hurto o la distribución de drogas. Adicionalmente, debemos interrogar al Gobierno Regional sobre sus macropolíticas de desarrollo, pues un alto porcentaje de estos buhoneros son extranjeros y otros vienen migrando de estados vecinos, situaciones que evidencian problemáticas de otras latitudes que Mérida no tiene porque asumir tan paternalmente.
Si esta región quiere insertarse exitosamente en el mercado del turismo global, debe propiciar escenarios aptos para el desarrollo del mismo. La pérdida del casco histórico en medio de tarantines de pilas de carbón (ofertadas como alcalinas) , medicinas vencidas y juguetes enfermos desde su primera misión, es parte de la Cultura del Operativo, que consiste en largos meses de reunión y planificación para una sola noche de acción. Ni las meretrices invierten tanto tiempo para una salida. Estamos ante una coyuntura de cambios estructurales, que van más allá de las impericias del Gobierno Central y de las falsas expectativas de la mayoría: sumarse es la opción inteligente.
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