De Menem a De la Rúa: el extraño fin de una década paradójica
Ysrrael A. Camero G.
La aplastante derrota del peronismo en las elecciones de ayer 24 de octubre, han dado fin a una década llena de paradojas en Argentina. El gobierno de Menem dió para todo y para todos, llega a la Casa Rosada con un discurso inmensamente populista en un escenario económico de hiperinflación. El terror cundía en la prensa y entre los inversionistas extranjeros. Raúl Alfonsín, presidente del radicalismo y de la transición a la democracia, es obligado a renunciar antes de tiempo a causa de la crisis económica.
Al llegar al poder, Carlos Saul Menem se hace irreconocible, aplica un duro paquete de ajuste económico, ancla el valor del peso en el dólar y controla la inflación. Domingo Cavallo, su superministro de la Economía se convierte en el personaje central de la vida política argentina, ¡claro! Por debajo de Menem (en las elecciones de ayer Cavallo alcanzó el apoyo del 10,2% de los electores, la derecha no estaba tan feliz desde que Aramburu obtuvo el 15% en 1963).
El primer gobierno de Menem fue su gran triunfo, nadie se acordaba del radicalismo, y la izquierda dentro del peronismo rezongaba sola en medio de una ‘bonanza económica’. Menem impuso un estilo personalista en la Casa Rosada, populista en el discurso, desdén absoluto por las leyes y por las instituciones. Impuso su reelección, burlándose de la Constitución y las leyes, tradición peronista, con más de la mitad de los sufragios en 1995. ‘Solucionó’ el problema con el pasado de la ‘guerra sucia’, genocidio cometido por los milicos y logró mejorar las relaciones con los Estados Unidos (hasta convertirlas en ‘carnales’ sumisiones) y con la Gran Bretaña, extraña paradoja para un seguidor de Juan Domingo Perón.
Luego, llegó lo que tenía que llegar, mejor hubiera sido para él perder, la burbuja del milagro económico le estalló en la cara al menemismo, no regresó la inflación, pero el aumento del desempleo y la pobreza minaron las bases de la legitimidad peronista. La crisis que asoló al Mercosur debilitó las raíces del gobierno, y en contra de sus deseos el ‘caudillo’ no puedo re – reelegirse.
En el seno de la oposición antiguos peronistas y un conjunto de organizaciones de izquierda conforman el Frente para un País Solidario (FREPASO), que junto a la tradicional Unión Cívica Radical (UCR), socialdemócrata, constituyen una Alianza opositora al peronismo. Dentro del Partido Justicialista las divisiones entre el personalismo re – reeleccionista de Menem y las ambiciones de Eduardo Duhalde resquebrajan la supuesta ‘unidad’.
Finalmente De la Rúa ganó las elecciones internas dentro de la Alianza, y Duhalde logró ser el candidato del justicialismo. El primero usó el discurso de la seriedad en la gestión, el fin de la fiesta menemista, la lucha contra la corrupción y contra el desempleo. Por su parte Eduardo Duhalde cargó con un fardo demasiado pesado, diez años de gobierno, y un presidente que lo aborrecía, intentando atraerse al tradicional electorado peronista y marcar distancia frente a un gobierno percibido como corrupto. Demasiado para un solo hombre.
Domingo 24 de octubre, más de veinte millones de argentinos salieron a votar, casi dos tercios votaron por un cambio, Fernando De la Rúa venció con el 48,5% de los votos, Eduardo Duhalde obtuvo el 38%, la peor derrota del justicialismo en toda su historia, y por último Cavallo arrastró una fuerte cuota de votos.
Ayer los argentinos le dijeron hasta luego a Menem, por ahora, ya las campanas menemistas repican para el 2003. Su liderazgo dentro del peronismo parece ser bastante sólido y el sabor del poder no se le quita de la boca.
El gobierno de la Alianza no será sencillo, las expectativas son inmensas, del mismo tamaño que la pobreza y el desempleo que asolan la realidad argentina. Ganaron la presidencia pero Graciela Fernández Meijide, de la Alianza, perdió en la Provincia de Buenos Aires ante el peronista Ruckauf.
Este extraordinario triunfo de la Alianza no está aislado del resto de Hispanoamérica, la cual parece estar girando hacia la izquierda. Como ejemplo, sólo en el Cono Sur, Lagos va adelante en Chile y Tabaré Vásquez supera a blancos y colorados en el Uruguay. La crisis económica y el deseo de sinceras y profundas reformas sociales más igualitarias empujan hacia la izquierda. ¿Podrá responder ésta a tantos sueños y esperanzas? El siglo XXI entra con la zurda.