Las últimas perlas constituyentes

Carlos Eduardo Ruiz

Mientras en el articulado ya aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente se establece la posibilidad de la adopción nacional e internacional, paralelamente el padre y la madre tienen la obligación irrenunciable de criar, formar, educar, mantener y asistir a sus hijos e hijas.  Estas dos disposiciones leídas conjuntamente hacen concluír inicialmente que sólo será posible adoptar a niños huérfanos. Ya que de otra manera los padres adoptivos, podrían obtener un amparo constitucional para que mientras ellos conservan a los hijos, éstos sean mantenidos por sus padres naturales, porque no habrá ninguna autoridad terrena que le quite la irrenunciable obligación constitucional que tienen los padres para con sus hijos.

De la misma manera, la disposición sobre irrenunciabilidad, es una prohibición terminante a los padres, de dar a sus hijos voluntariamente en adopción; lo que estaría muy bien como una medida contra la paternidad irresponsable, excepto cuando pensamos en las miles de madres adolescentes –no pocas veces aún niñas inmaduras- sin la capacidad real de cumplir con este mandato constitucional que no podrá cambiar ninguna autoridad terrena, porque así lo manda la constitución.

Hay más.  Cómo la constitución establece que cuando sea imposible o contrario a su interés superior que los niños, niñas y adolescentes vivan, sean criados o se desarrollen en el seno de su familia de origen, un juez puede asignarlos a una familia substituta; es decir, la constitución le prohíbe a los padres dar sus hijos voluntariamente en adopción; pero le otorga al Estado el poder de quitárselos y asignárselos a quien el estado considere conveniente; pero aún así, este despojo oficial no exime a los padres de sus responsabilidades irrenunciables; por lo que la familia sustituta que haya escogido el estado, podrá en un futuro obtener un amparo para obligar a los padres naturales a mantener a los hijos que le despojó el Estado.

Esto no es cosa que deba pasarse por alto. Los constituyentes han declarado incompetentes a todos los padres y madres de Venezuela para decidir el futuro de sus hijos, asignándole al Estado esa potestad.  Estas normas permitirían que cualquier familia venezolana sea despojada de sus hijos debido a su interés superior, para que el Estado determine su destino. ¿No recuerda esto en algo a los regímenes facistas y comunistas?.

 No perdamos de vista, que todas estas posibles barbaridades, son de la sóla responsabilidad de los constituyentes, quienes han redactado y/o alzado su mano “con la señal de costumbre” para convertir estas normas en suprema ley de la república.

 ¡ Ah ¡ pero aún hay más.  Cómo en ninguno de los artículos aprobados se define lo que es una familia o quienes la integran, para después decir que el Estado garantiza la protección a la madre, al padre o a quienes ejerzan la jefatura de la familia, se crea la posibilidad constitucional de que aún en presencia del padre y la madre, el “jefe” de la familia sea otra persona; lo que además conforma un gran pastel jurídico, si se leen estas disposiciones conjuntamente con las que establecen que las relaciones en la familia se basan –entre otras cosas- en la igualdad de derechos y deberes, es decir, que nadie es el jefe.

Para rematar, sin que por ello esta última mencionada “perla” sea la menos asombrosa, los niños, niñas y adolescentes, tienen la obligación constitucional, de asistir a sus padres cuando éstos no puedan hacerlo. Cómo en ninguna parte dice que esto le correspondería a los hijos mayores de edad y con los medios a su disposición para cumplir este mandato, cualquier padre o madre, obtiene por esta vía el derecho constitucional a quedarse en casa enchinchorado, mientra manda a sus hijos menores a mendigar a la calle.

    Lógicamente, no podemos suponer que alguna de estas alocadas disposiciones es de la intención de los constituyentes, pero es, sin ninguna duda lo que aprobaron con sus manos alzadas, en el Palacio Federal Legislativo, en la tarde del día martes 26 de octubre de 1999, como ya ha sido recogido para la historia.

De continuar este despelote constituyente, que viene luego de haber establecido una generalizada censura previa y sanciones posteriores con su “información oportuna, veraz, imparcial y sin censura”; los venezolanos debemos organizarnos desde ya para a favor del NO en el referéndum al que será sometido este texto, aún con la gravísima consecuencia que significará haber lanzado por la borda –y sin salvavidas- a la valiosísima oportunidad que tuvo nuestro país de organizarse adecuadamente para alcalzar una verdadera democracia y reales oportunidades de prosperidad.

Estos errores pueden ser corregidos, sobre todo si los constituyentes actúan responsablemente, y conscientes de la mayúscula tarea que tienen en sus manos, y someten lo que aprueben, a una segunda discusión, la cual aparentemente no desean realizar al considerar la fecha del referéndum como algo más importante que el futuro del país de los próximos cien años.