Arquímedes Guerrero
Después de concluir con la apresurada redacción del texto de la novísima Constitución, se iniciará un largo proceso de elecciones sucesivas que comenzará con el referéndum aprobatorio de la Constitución. Este ocurrirá en el mes de diciembre y en el 2000 tendrá lugar la relegitimización de los poderes públicos además de la posibilidad constitucional de hacer uso de la potestad que tiene el soberano para revocar aquellos mandatos que este estime conveniente.
Entonces para el inicio del milenio tendremos nuevos alcaldes, nuevos concejos municipales, nuevos gobernadores, una nueva Asamblea Nacional con sus cámaras. Además, seleccionaremos al Contralor, Fiscal General, Defensor del Pueblo y demás integrantes del Poder Moral y del Poder Electoral. Todas estas personalidades serán, en principio, legitimadas por elección popular, salvo el Presidente de la República, quien será ungido por la soberanísima Asamblea Constituyente.
¿Por qué el Presidente Chávez no se somete a la votación popular para obtener una confirmación de su nuevo mandato constitucional? Según lo que él mismo ha dicho, porque no es necesario, ya que cuenta según sus encuestas con más de un 80% de aceptación popular y no es conveniente someter al pueblo a otra elección. Este humilde cronista se pregunta: ¿Y si tiene tan seguro ese apabullante triunfo por qué no le muestra al mundo su verdadera vocación democrática y gana su elección en la primera vuelta? Las ventajas son obvias: despejar toda duda sobre su aceptación de las reglas del juego y confirmar su mandato por algo más directo que el kino que eligió a la ANC. No veo razones suficientes —salvo que le moleste sacar algo menos que el 80% de los votos— para no afianzar urbi et orbi su aceptación por la inmensa mayoría de los venezolanos. No creemos que exista ningún candidato que pueda en verdad hacerle sombra, aunque sí es probable que algunos venezolanos apoyen opciones diferentes, lo cual daría cabida a que figuras nuevas prueben su suerte ante el electorado y dibujen un país en el que coexistan gobierno y líderes de la nueva oposición, base fundamental para que cualquier democracia verdaderamente participativa funcione.
Ser el único de los nuevos poderes constituidos que no es confirmado por una elección universal, directa y secreta podría traer a la memoria de muchos la experiencia plesbicitaria del general Marcos Pérez Jiménez y reanudar las diatribas inútiles sobre su verdadera confianza en la democracia como medio de legitimar el poder.
El presidente Chávez es un fenómeno político, a pesar de que en Madrid afirmó que el sigue siendo el hombre de la boina roja y el fusil. Lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava y hoy él es más relevante como presidente de todos los venezolanos que cómo líder de una facción, por importante que esta sea. Ojalá escuche las palabras de Hermann Escarrá y se mida una vez más. Su triunfo está descartado, si saca algunos votos menos que los sondeos de opinión, eso no sería grave. El ejemplo que le daría al país al someterse de nuevo a los avatares de una elección sería el mejor oxígeno para la refundación de una república que requiere de hombres que no teman a ninguna batalla porque son la legítima representación de lo que la mayoría de la nación desea.