Guido Grooscors
Se desvanece el sueño constituyente. En la medida que avanzan los debates en el seno de la ANC, se puede observar que el texto de carta constitucional que dará remate a las deliberaciones de la misma no cubrirá las expectativas que despertó en la sociedad civil –y muy en concreto, en la mayoría del electorado- el proyecto político del hoy Presidente y Comandante en Jefe, en orden a la adopción de un proceso de cambios institucionales que darían paso a la "refundación de la República".
De acuerdo con la visión que transmiten los diferentes medios de difusión, la ya popularmente bautizada como "colcha de retazos", no será otra cosa que una versión ampliada, duplicada, mejor decir, por el volumen de artículos que la integran, de la "moribunda" Constitución de 1961. De confirmarse esto al final, se estaría dando la razón a todos quienes manifestaron, desde un principio, reservas frente a la propuesta constituyente por estimar que bastaban reformas concretas y puntuales en el instrumento constitucional vigente para que los cambios reclamados por los distintos sectores de la población alcanzaran plena realización.
Si el proyecto de Preámbulo sirve de muestra, no hay duda que lo que viene no hará sino sembrar justificada perplejidad e inquietud en quienes esperan, de buena fe, que Venezuela se asegure de entrar a la nueva centuria, como un país dotado de un marco institucional renovado que nos ubique en la modernidad a la cual tenemos derecho por múltiples razones de carácter geopolítico, socioeconómico y cultural. Sin embargo, lo que se vislumbra hasta ahora no permite justificar una posición optimista, siquiera moderada, pues las contradicciones de bulto dentro del oficialismo que, con largueza, domina la membresía de la ANC, abonan la postura escéptica de que hacen gala, entre otros, la mayoría de los comentaristas políticos que expresan sus opiniones regularmente a través de los medios de difusión.
En lo que no hay marcha atrás y es, con toda certeza, el fundamento del proyecto político del jefe del Estado, es en lo referente a la extensión del período presidencial y la reelección inmediata que, junto con el regreso del militarismo y del personalismo, conforman el piso político del régimen que gobernará a Venezuela por un número indeterminado de años, bajo el rostro de una pseudodemocracia que promoverá el populismo (desaparecerá, finalmente, la mención a la democracia representativa) y consagrará la politización de las fuerzas armadas. De tales elementos se nutre el perfil que, grosso modo, nos identificará en el campo de las relaciones internacionales. Así, pues, lo que tendremos en el arranque de los ya inminentes nuevos siglo y milenio, será lo que hayamos sembrado y, en ese sentido, debemos estar conscientes que, salvo enmiendas notorias y específicas en los días por venir, el encargo constituyente no puede catalogarse propiamente como un éxito, al menos "por ahora".