Silvia Beaujon Z.
Ecograph Proyectos y Ediciones C.A.
Para que la visita al estado Falcón, en el nor-occidente de Venezuela, sea una experiencia plena de disfrute y placer, ésta debe ser conducida con minuciosidad y curiosidad. Minuciosidad para descubrir toda la gama de atractivos que este estado le ofrece al visitante: hermosas playas, fértiles valles, altas montañas cubiertas de bosques; ciudades que por su valor arquitectural e histórico han sido declaradas patrimonio de la humanidad y extensas regiones xerófilas coronadas por un desierto de dunas viajeras. Y curiosidad para participar de sus variadas tradiciones culturales como los toques de tambor y la danza de las Turas; disfrutar de lo heterogéneo de su artesanía como las vasijas de cerámica, los muebles de madera y las coloridas hamacas; curiosidad para probar los peculiares frutos silvestres y las multisápidas comidas y deliciosos dulces del repertorio culinario del estado.
El viajero que se dirige a Falcón desde la región central del país es recibido por una costa amable de cocoteros y desembocaduras de ríos que vienen de las colinas y valles internos a reunirse con el golfo Triste. Más al norte es sorprendido por los modernos desarrollos turísticos e inmobiliarios de Tucacas y Chichiriviche. Ambas poblaciones, afortunadas como pocas en el país, se ubican muy cerca de los límites de dos áreas que reciben protección especial debido a su importancia ecológica y escénica, el parque nacional Morrocoy y el refugio de fauna silvestre Cuare Kathy Phelps. El mar salpicado de cayos de origen coralino y bosques de manglar proyecta una imagen idílica que invita a la contemplación y el disfrute en contacto con la naturaleza, al mismo tiempo que alberga una importante riqueza biológica.
Al internarse en este estado lleno de gracia se va al encuentro de una extensa región de tierras fértiles y poblados pintorescos dedicados, los de tierra adentro, a la agricultura y la ganadería, y los de la costa, a la pesca. Son Mirimire, Jacura, Píritu, San José de la Costa, Tocopero y Puerto Cumarebo, entre otros. La vía lo acerca a Coro y La Vela, ciudades antiguas, sencillas y a la vez majestuosas, cuyas construcciones coloniales, realizadas con materiales extraídos de la tierra falconiana, son un significativo legado del pasado, que regresa al presente para recordarnos muy dignamente el lugar desde donde se proyectó el primer esbozo del país que es hoy Venezuela. El valor de su arquitectura le ha valido a Coro y su Puerto Real La Vela la distinción y el honor de ser declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Inmediatamente al norte de Coro, el visitante quedará envuelto y embelesado por el espejismo tangible de los médanos. Estas enormes dunas de arenas doradas se agolpan en el inicio de la estrecha franja del istmo que no permite que Paraguaná se independice del continente. Como una gran barcaza, Paraguaná introduce al viajero en un mar cuyas aguas adquieren tonos inesperados de azul y verde. En la llana cubierta paraguanera, el viento arrecia obligando a árboles resistentes y fuertes como el cují, a doblegarse aceptando su superioridad. El paisaje, aparentemente yermo, sorprende por la inesperada presencia de colores llamativos como el azul eléctrico del visure, el verde brillante de las iguanas, el rojo carmesí del cardenal coriano y los destellos rosados de las lagunas de sal. Paraguaná ofrece en sus costas, hermosas playas de aguas cálidas y tranquilas, y hacia su interior, una serie de poblados llenos de historia como Moruy, Miraca, Santa Ana, El Hato y Pueblo Nuevo. El cerro Santa Ana, su mayor altura, parece la vela con la que esta gran barca se hará definitivamente a la mar, algún día.
Antes de abandonar Paraguaná y siguiendo el humo del progreso, el viajero es atraído hacia Punto Fijo y Cardón, donde Falcón se despoja de su natural timidez y se manifiesta decidido a mostrarle al mundo sus logros: el Centro de Refinación Paraguaná, el mayor en el mundo.
Hacia el sur de Coro, como una muralla interminable, se levanta la sierra de Coro o sierra de San Luis. Si el viajero osa adentrarse en sus montañas cavernosas y selvas nubladas de exuberante vegetación, el embrujo de esta tierra lo atraerá para siempre. Déjese acompañar por todas estas visiones, decídase a viajar por el estado Falcón.