De la Rúa admite que los resultados en las elecciones obligan al diálogo con la oposición

La Alianza cree que es necesario imprimir velocidad al cambio desde el primer instante

FRANCESC RELEA, Buenos Aires Tras la euforia por la clara victoria en las elecciones del domingo, el presidente electo de los argentinos, Fernando de la Rúa, no pierde un minuto. Ayer compareció ante la prensa para anunciar que trabaja en la redacción de varios proyectos de ley que intentará poner en marcha, a ser posible, incluso antes del 10 de diciembre, fecha del traspaso de poderes. La reforma de la Ley de Presupuestos del Estado, una ley para la pequeña y mediana empresa y la reforma de la carta del Banco Nación son las prioridades. De la Rúa admite que el nuevo mapa electoral le obligará al diálogo con la oposición.

De la Rúa celebra la victoria con el ex presidente Raúl Alfonsín (dcha), compañero de partido (Reuters). Aunque De la Rúa parece tener prisa para impulsar el gran cambio en Argentina, ayer evitó dar demasiados detalles sobre esos decretos y sobre la composición del próximo Gobierno. A pesar de su mutismo, ya ha empezado el baile de nombres, las quinielas de los ministrables y las expectativas de los pesos pesados de la coalición entre la Unión Cívica Radical y el Frente País Solidario (Frepaso) . "Lo anunciaré en el momento oportuno", señaló el presidente electo, en sintonía con la posición mantenida en la campaña, en la que solía contestar a esa pregunta con un irónico "el único fijo soy yo".

Los dirigentes de la Alianza, hasta el domingo en la oposición, quieren transmitir a sus votantes que no hay tiempo que perder. Ha llegado la hora de trabajar y de poner en marcha las promesas y los compromisos adquiridos durante la campaña. La misma noche electoral, De la Rúa y el próximo vicepresidente, Carlos Chacho Álvarez, apuntaron sus primeros objetivos como Gobierno: acabar con la corrupción en la Administración del Estado y la impunidad, para lo que es necesario, dicen, trabajar con transparencia. El primer viaje del presidente electo antes de asumir el cargo será a Brasil, para mostrar la importancia que piensa otorgarle a las relaciones de Argentina con el Mercosur.

Ayer, De la Rúa hizo un análisis de los resultados de las elecciones y puso el énfasis "en el sentido del voto plural de los ciudadanos", que obliga a las dos principales formaciones políticas del país -la Alianza y el Partido Justicialista (PJ)- a "trabajar sobre la base del diálogo", o, lo que es lo mismo, a una cohabitación política inexistente hasta ahora.

Voto diferenciado

Los electores han diferenciado claramente su voto a la hora de mostrar sus preferencias para la presidencia de la nación y para los poderes de ámbito más local. En este sentido, De la Rúa ganó con claridad incluso en aquellas provincias que eligieron a un gobernador del PJ.

Los resultados finales otorgan al candidato de la Alianza un 48,5% de los votos, frente al 38% de Eduardo Duhalde, del PJ, y el 10,15% del ex ministro y candidato de Acción por la República Domingo Cavallo. La ley electoral argentina prevé una segunda vuelta en el caso de que el ganador no supere el 45%, o que, quedándose en el 40%, no logre una ventaja de 10 puntos respecto al segundo.

En la provincia de Buenos Aires, en contra de lo que vaticinaron los sondeos a pie de urna, el peronista Carlos Ruckauf ganó con el 48,28%, por delante de la aliancista Graciela Fernández Meijide, con el 41,42%, y del ex comisario y candidato de Unidad Bonaerense Luis Patti (7,6%).

De la Rúa se refirió a la inesperada derrota en la provincia más importante de Argentina, que atribuyó, en parte, al hecho de que el candidato del PJ figuraba en dos listas electorales: la de su propio partido y la del partido de Cavallo. "Pasamos de la euforia a la sorpresa. Estamos apesadumbrados", dijo, en alusión a las estimaciones que durante unas horas dieron ganadora a Fernández Meijide. "Graciela tiene una posición muy importante en la Alianza. El país sigue contando con ella", afirmó De la Rúa.

También, a modo de resultado por la amplia victoria del domingo, Chaco Álvarez subrayó lo lejos que ha llegado la Alianza en dos años, desde su presentación en 1997, "frente al escepticismo de algunos". "Seremos un Gobierno que le devuelva la credibilidad a la gente", precisó. Y De la Rúa agregó: "Viene un presidente austero, voy a dar ejemplo".

En las elecciones provinciales que se celebraron el domingo, la Alianza ganó las gobernaciones de Mendoza, Entre Ríos y Chubut, mientras que el PJ se apuntó en su haber Jujuy y La Pampa.

En la renovación parcial de la Cámara de Diputados, la coalición entre radicales y el Frepaso ha dado un importante salto, que le sitúa muy cerca de la mayoría. La Alianza queda con 124 diputados (más 18); el PJ, con 102 (menos 20), y otros partidos, con 31.

Uno de los comentarios durante la campaña ha sido que con el fin de la era Menem terminaba el humor, ya que, con su carácter adusto, el nuevo presidente ofrecía pocos resquicios para el chiste. Pues bien, una emisora de radio no se cansó de emitir un montaje musical con la voz del presidente electo que repetía a ritmo rockero: "Dicen que soy aburrido". La frase la utilizó De la Rúa como uno de los lemas de campaña, en un signo de que mantiene cierta capacidad de reírse de sí mismo.

La hora de los líderes sin carisma F.R, Buenos Aires El analista político y presidente de Sofres-Ibope, Enrique Zuleta, recuerda en la revista Tres Puntos una anécdota de la reciente campaña de las elecciones autonómicas de Cataluña para efectuar una reflexión sobre el nuevo tipo de liderazgo político que encarna el presidente electo de Argentina, Fernando de la Rúa. Cuenta el politólogo que Jordi Pujol fue abordado por un grupo de admiradoras maduras y distinguidas, a quienes dijo: "Señoras, no soy Robert Redford". Y explicó: "La mayoría de los catalanes son feos, bajos, gorditos y antipáticos como yo. Mi mérito fue demostrarles que se puede ser todo eso y llegar a ser presidente".

De la Rúa, sostiene el analista, forma parte de esta nueva generación de líderes sin carisma que son como "espejos de la sociedad". "Hablan lo mínimo, tienen más preguntas que respuestas y tratan de reflejar el hastío y el aburrimiento que la política inspira a la mayor parte de sus conciudadanos".

Entre esta nueva raza de dirigentes, a distancia sideral de líderes caudillistas como Juan Domingo Perón o el mismo Charles de Gaulle o del carisma de John F. Kennedy, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Felipe González, Raúl Alfonsín o Carlos Menem, el autor del artículo sitúa al nuevo presidente argentino en la misma órbita que José María Aznar.

El País Digital (España), 26 de octubre de 1999