El golfista Payne Stewart está entre los fallecidos

Un avión cruza EE UU con sus 5 pasajeros muertos a bordo

AGENCIAS/ROSA TOWNSEND, Aberdeen/Miami Estados Unidos vivió ayer una tragedia insólita. El país estuvo varias horas pendiente de un avión privado que cruzó su enorme territorio desde Florida, de sureste a norte, sin responder a controladores ni varios cazas que volaron a su altura, hasta que se estrelló en Dakota del Sur, ya sin combustible. Los cinco pasajeros, entre ellos el golfista Payne Stewart, dos veces ganador del Open de EE UU y una del PGA, habían muerto antes por una despresurización.

 

Stewart, el pasado viernes (AP). Gráfico: 'El accidente del Jet' Payne Stewart, de 42 años había terminado de jugar el domingo el torneo Disney Classic, de Lake Buena Vista, en Florida, muy cerca de Orlando, donde vivía. En su aeropuerto, junto a dos acompañantes y dos pilotos, abordó ayer por la mañana su avión privado, del que era copropietario, un Learjet 35 de 10 plazas, para dirigirse a Dallas, en Texas, al oeste. La última vez que se tuvo contacto desde tierra con el aparato fue en Gainesville, apenas 100 kilómetros al norte de Orlando. Después, empezó el misterio.

Los primeros datos indican que el avión, por alguna razón que se desconoce, fallo técnico o un brusco cambio meteorológico, subió hasta 45.000 pies, 13.716 metros, altura muy superior a la que alcanzan incluso los grandes aviones comerciales, que rondan los 9.000 o 10.000 metros. Según todos los indicios, todos los pasajeros murieron por falta de la adecuada presurización. El avión, entonces, con cinco cadáveres a bordo, un ataúd en el aire, voló sólo con el piloto automático, pero no en dirección oeste, hacia Texas, sino noroeste. Se disponía a cruzar sin control humano el país.

En cuanto dejó de responder a las llamadas de los controladores, un caza F-16 de la base de Tyndall, aún en Florida, fue desviado desde unas maniobras que realizaba y dirigido a su altura para conocer lo ocurrido. Poco después, desde otra base aérea de Florida, Eglin, salieron dos F-15 y más tarde, desde la de Tulsa, en Oklahoma, dos F-16. El Learjet 35, que alcanza una velocidad máxima de 850 kilómetros por hora seguía su rumbo hacia el noroeste, en dirección recta, sin virar al oeste ni responder a ninguna señal. Cruzó los estados de Georgia, y pasó entre los de Alabama y Tennessee, Illinois y Missouri. Sobrevoló casi en este estado la ciudad de Springfield, donde nació y desde la que Be, la madre de Payne Stewart, sobrecogida, confirmaba que su hijo sí tenía un avión privado cuando la CNN empezaba a anunciar que era uno de los pasajeros.

El Learjet 35 aún tuvo combustible para cruzar dos estados más, Iowa y Minnessota, y cuando se le terminó cayó en la esquina noreste de Dakota del Sur, el penúltimo estado que le quedaba del país antes de la frontera con Canadá. Sólo le faltó Dakota del Norte. El avión cayó en la localidad de Mina, 19 kilómetros al oeste de Aberdeen, en una zona agrícola poco poblada. No hubo supervivientes. Los pasajeros habían muerto mucho antes de estrellarse.

Clinton estuvo informado desde los primeros momentos y tenía potestad de ordenar que el avión fuera derribado si ofrecía peligro en el momento de estrellarse.

La primera confirmación de que los pasajeros podían estar muertos la dio el capitán Chris Hamilton, quien despegó pilotando uno de los F-15 desde la base de Eglin y voló durante un cuarto de hora alrededor del aparato. Él fue el primero que vio la escarcha típica de la despresurización en las ventanas, producto del frío a la altura en que volaba.

"No vi cambios en la dirección ni en la velocidad del Learjet en todo el tiempo que estuve cerca, aunque era imposible ver la gente del interior a causa de la escarcha y de que todo estaba oscuro", señaló Hamilton. Pero añadió: "Sin embargo no detecté daños exteriores, ni cristales rotos, ni motores con problemas".

Fallos múltiples

Eso desmintió entonces las primeras informaciones que hablaban de que se habían producido fallos en los motores, de los que dependen que salten a continuación los sistemas de presurización. En el supuesto de que ocurra un problema en un motor, el sistema pone en funcionamiento una válvula que aspira el aire conveniente para presurizar el habitáculo interior respecto al exterior. Pero eso no parece probable. Ni el avión hubiera seguido volando en dirección tan recta, ni parece lógico que fallaran los sistemas de los dos motores. Lo que resulta más extraño y es de las primeras cosas que va a investigar la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte es que tampoco pareció funcionar el segundo sistema alternativo de presurización. El Learjet 35, algo que no es habitual en aviones de su tamaño, está provisto de máscaras de oxígeno, que saltan automáticamente del techo al igual que en los grandes aviones. El aparato había sido construido en 1976. Resulta sorprendente para los expertos en los primeros momentos que se hayan producido tantos fallos repetidos y súbitamente.

El avión, en su fantasmal viaje, fue seguido siempre por cazas de la Fuerza Aérea Estadounidense y uno de los F-16 grabó incluso un vídeo de la parte final de sus casi cinco horas cruzando el país. La cinta ya está en poder de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte para que saque sus conclusiones.

El Pentágono, con el seguimiento exhaustivo de este caso insólito en la navegación aérea, facilitó anoche un primer informe oficial basado en los datos recabados del plan de vuelo, los únicos contactos del aparato con los primeros controladores en Florida y, sobre todo, de los cazas que le siguieron en su vuelo.

En sus últimos minutos, cuando comenzó a quedarse sin gasolina, cerca de Dakota del Sur, el detalle fue así:

13.00 horas del Este (19.00 en España): Se sigue detectando hielo en las ventanas.

13.15: El aparato comienza a volar en espiral.

13.16: Se pierden todos los contactos.

13.24: Se observan señales de fuego tras estrellarse en un campo.

13.35: Se confirma oficialmente que el avión ha chocado contra el suelo y no hay supervivientes.

El avión había despegado a las 9.00 (tres de la tarde en España) de Orlando, cuatro horas y media antes. Hasta Dallas apenas hubiera tardado dos horas.

El jugador de los bombachos

CARLOS ARRIBAS, Madrid Aunque sólo fuera por su vestimenta peculiar, Payne Stewart era uno de los jugadores más conocidos del mundo. ¿Payne Stewart?, preguntaba la gente. Sí, hombre, el de los bombachos. El único que jugaba vestido a la antigua usanza, con bombachos, boina escocesa y calcetines largos. Ése era Payne Stewart, el golfista norteamericano que ayer falleció a los 42 años. Era eso, y algo más, claro. El típico jugador de golf norteamericano. Y también una estrella durante algún tiempo. Uno de los primeros que vio clara la relación golf-dinero-negocio-espectáculo.

A lo largo de sus 20 años de carrera, ha ganado casi 12 millones de dólares (unos 2.000 millones de pesetas) en premios. Parecía que iba a sucumbir con la llegada de las nuevas generaciones culminadas en Tiger Woods, pero supo resurgir llegado el momento. Era, sobre todo, un indomable. Ha muerto en un accidente de trabajo. En el mundo del golf, un avión privado no es un lujo, sino casi una necesidad, y muchos golfistas norteamericanos los prefieren a los de línea regular para ahorrar dinero.

Nació en Springfield (Misuri) y vivía en Orlando (Florida). Le gustaba cazar, pescar y cocinar. También tocaba la armónica en un conjunto pop, los Juan Trucha y sus Platijas. Estudió economía en una universidad tejana. Deja mujer, Tracey, una azafata australiana a la que conoció volando en Malaisia, y dos hijos: Chelsea, de 13 años, y Aaron, de 10. Era muy religioso y, después de ganar en junio su segundo Open de EE UU, hazaña conseguida con un putt de cinco metros en el hoyo 72º, Stewart declaró: "Estoy orgulloso de que mi fe en Dios sea ahora mucho más fuerte, y estoy más en paz conmigo mismo que lo que nunca he estado en mi vida".

Líder en la Ryder

Ganó tres torneos grandes. El primero, el Campeonato de la PGA, en 1989; dos más tarde, se impuso en su primer Open de EE UU y, hace apenas dos meses, consiguió el segundo. Stewart ha resucitado, decían los expertos. Tantos años en un socavón llevaba, sólo reconocido por su forma de vestir, que más de uno pensaba que era puramente un fantoche alargando su carrera más allá de lo juiciosamente aconsejado. Entre su primer y su segundo Open, sólo dos victorias: una en 1995 y la otra a comienzos del 99. Actualmente marchaba tercero en la lista de ganancias del circuito de la PGA, con poco más de dos millones de dólares. También figuraba entre los 10 mejores en el ránking mundial.

Pero su verdadera peculiaridad, lo que hace a Payne Stewart recordable más allá de las circunstancias excepcionales de su muerte fue la fuerza con la que asumió su papel de líder moral de los jugadores estadounidenses durante la pasada Ryder Cup. "Aquí hacía falta mentalidad de equipo. No ganábamos desde 1993 porque no estaba yo en el equipo desde entonces", dijo Stewart, que sólo consiguió medio punto, después de que Estados Unidos protagonizara el último domingo la mayor remontada en la historia de la Ryder Cup.

El País Digital (España), 26 de octubre de 1999