Golpe a golpe

J. Ramón González Cabezas

Cada vez que ETA asoma el hacha y amaga con la incertidumbre de una vuelta a las armas, Francia golpea sobre su cabeza con precisión milimétrica. Por enésima vez en lo que va de año, París ha asestado otro duro revés a la organización para persuadirle de que no hay otro camino mejor que el desistimiento pactado con las autoridades de Madrid. Ya no es sólo cuestión de la alianza entre dos vecinos y socios europeos, sino de una toma de postura de Francia ante el aventurerismo abierto por el pacto de Estella en sus pretensiones territoriales, que atañen a la integridad de las fronteras de un Estado que no se anda con bromas en según que cosas.

No cabe duda de que el reagrupamiento nacionalista-abertzale en torno a un programa común, que desborda el marco constitucional español e invade a ojos vista el francés, implica de lleno a Francia en la contención de la dinámica política promovida por los firmantes del acuerdo. La detención de la “histórica” Belén González Peñalva (“Carmen”), seguida de la extradición del también “histórico” Iñaki Bilbao en el día de ayer, parece una réplica contundente al último comunicado de ETA, en el que la organización terrorista intenta poner al Gobierno español al pie de los caballos de sus exigencias secesionistas. Los acuerdos de Estella entre nacionalistas moderados y radicales han dado a Francia motivos añadidos de mucho peso para hacer ver a ETA que su territorio ya no es operativo como lo fue en el pasado, y mucho menos como el documento de Estella pretende que sea en el futuro.

La detención de “Carmen” en Pau parece inseparable, por tanto, del último comunicado de ETA, aunque nadie dispone de las claves reales de este intercambio de golpes de efecto y por más que el ministro Mayor lo niegue rotundamente. No podría hacer otra cosa. Se ha dicho que el comunicado es una liturgia de ruptura, en la medida en que impone unas condiciones previas inaceptables para cualquier Gobierno legítimo. Pero en los asuntos de ETA es desaconsejable la precipitación y el tremendismo. El terminante pliego de condiciones también podría ser una escenificación interesada para “negociar” de verdad de una vez, a partir de sus pretensiones máximas. La mención explícita a la puesta en libertad de sus presos avalaría este supuesto, en la medida en que hasta ahora había omitido este aspecto en sus soflamas políticas. Todo el mundo sabe que si de algo -lo único, oficialmente- que está dispuesto a hablar Aznar, eso es de los presos, siempre y cuando se garantice la paz.

Quizá la postura de Aznar (paz por presos) puede pecar de ilusa y corta de miras. Pero mucho más preocupante es el empecinamiento de PNV y EA en mantener una dinámica que le ha llevado al extremo de abjurar del marco institucional -el estatuto de Guernica- sobre el que ha construido su propia legitimidad durante dos décadas. Sólo la historia resolverá quién se equivocó más.