Supraconstitucional

Gustavo José Linares Benzo

Fue sólo el 14 de octubre que fue publicada la sentencia más triste de la historia. Los comentarios de la semana pasada en este lugar se basaron únicamente en la versión light que el señor Rincón dio a los medios, pero la lectura de la decisión y, más aún, de los votos salvados, exige cargar las tintas y al menos aquí dejar constancia del yerro superlativo en que incurrió la Corte y que 'produce el desconcierto y la incertidumbre de la comunidad que ve en tal decisión el derrumbamiento de todo el orden jurídico vigente'. (Voto salvado de la magistrada Rondón de Sansó, énfasis de este lugar).

El fallo comienza con tres citas: 1. Alf Ross, representante de la 'Doctrina Universal' según la misma decisión, para el cual 'el fenómeno del cambio (de la ideología constituyente) es un puro hecho socio-psicológico, que se encuentra fuera del ámbito del procedimiento jurídico'; 2. El Abad Sieyes (favorito de Ricardo Combellas, por cierto), quien habla de un poder constituyente por encima de los poderes constituidos y 3. J.M. Delgado Ocando (zuliano como el señor Rincón): la Asamblea Constituyente no está sujeta al derecho preestablecido. Con este bagaje no es extraño que se haya decidido como se decidió. Ross es un ultrapositivista contemporáneo cuyas tesis son directamente contradictorias con las del revolucionario Sieyes, quien escribió dos siglos antes, y el maestro Delgado Ocando no es ni lo uno ni lo otro, sino un ilustre seguidor de Kelsen, filósofo de mediados de este siglo. Exigirle a la Corte Suprema que conozca de estos elementales rudimentos de Filosofía del Derecho y no redacte un arroz con mango es lo menos que puede hacerse.

(Quizás esta falta de coherencia se debe a lo que señala la magistrada disidente Belén Ramírez: 'la sentencia que da origen al presente voto salvado fue reformada y, a menos de media hora de su distribución violando el Reglamento de Reuniones (de la Corte) fue votada sin derecho a examinar, con la cordura requerida, el contenido de la misma' (sic). El apuro constituyente es contagioso, y parece ser la causa del fallo).

Después de las incompatibles e inútiles citas, y la reláfica del vaporón constituyente, el fallo queda reducido a cuatro (4) párrafos. El primero de ellos comienza asombrosamente diciendo 'como puede apreciarse, la pregunta No 1 del referendo (...) y la base comicial octava del mismo referendo, consagra (sic) la supraconstitucionalidad de sus prescripciones'. ¿Cómo puede verse? No se ve nada, no hay razonamiento alguno, argumento de cualquier especie, para lanzar al site de la Corte una palabra tan peligrosa como larga. Supraconstitucional, en los pocos autores que aceptan la expresión, son los valores superiores de toda nación civilizada la vida humana, la igualdad, la democracia, por ejemplo que rigen aún a la Constitución. Pero jamás, jamás, puede entenderse como el poder de un órgano, como pretende el fallo hacer con la ANC: sus poderes estarían por encima de la Constitución; luego, cualquier cosa podría hacer.

Dictum intolerable. Nadie sobre la tierra puede tener un poder supremo, pues automáticamente convierte a sus destinatarios en cosas. El sentido mismo de la política civilizada no ya de la democracia es poner límites al poder, y en buena medida la historia es la lucha por la imposición de esos límites. Luego de décadas de democracia, es triste que sea la Suprema quien retroceda tanto y haga inútiles los logros de ella misma en el control del Poder Público.

Luego el fallo expresa que será la Asamblea quien decida el límite de los poderes constituidos, pero que será la Corte Suprema quien controle su actuación. Baste citar el comentario de Rondón de Sansó en su voto salvado: '¿Qué le da a la Corte Suprema de Justicia, en base a los parámetros que asienta la sentencia, potestad para dirimir tales conflictos, si se desconoce la vigencia de la Constitución?'. La propia Corte dice que los poderes constituidos están por debajo de la ANC, pero luego se apodera para controlarla. Absolutamente contradictorio.

Este es el fallo. Luego de tanta iniquidad, debe concluirse con una palabra de aliento a los estudiantes de Derecho, en primer lugar, y a quienes deseen vivir en democracia. Esta Corte pasará, igual que la ANC, y sus hechos sólo serán arqueología que nos recordará donde podemos caer cuando nos plegamos al poderoso.

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