Andrés Oppenheimer
Ante indicios de que el proyecto del presidente Bill Clinton de crear un Area de Libre Comercio de las Américas en el 2005 permanecerá estancado, influyentes figuras de la política exterior norteamericana se aprestan a proponer dentro de pocas semanas la idea de una "Comunidad Interamericana" que incluya tanto acuerdos comerciales como políticos.
El proyecto, inspirado vagamente en la Unión Europea, es que un acuerdo de integración económica que incluya acuerdos políticos y quizás hasta de seguridad sería mucho más fácil de "vender" al Congreso de Washington que la actual propuesta centrada exclusivamente en el libre comercio. Es poco probable que la idea sea adoptada en lo que queda del gobierno de Clinton, pero no sería nada raro que se convierta en la piedra angular de la política hacia América Latina del próximo Presidente de Estados Unidos, más allá de quien gane las elecciones del 2000.
En un documento de 60 páginas que será dado a conocer públicamente en diciembre, el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS), un influyente grupo de centro-derecha de Washington D.C., hará recomendaciones específicas de que el plan de libre comercio hemisférico de Clinton sea ampliado a la esfera política. El estudio, titulado América del Sur 2005, es el resultado de varias reuniones a puertas cerradas realizadas en Washington, Brasil, Argentina y Chile, que culminarán con sesiones en Venezuela y Colombia. Entre los más de 60 ex funcionarios y líderes del sector privado que participaron de una forma u otra en el trabajo están los ex encargados de América Latina del Departamento de Estado Elliott Abrams, Bernard Aronson y William Rogers.
Un borrador del documento, que llegó a mis manos la semana pasada, argumenta que "una política exitosa de libre comercio requiere un consenso político" en Estados Unidos para generar confianza en la estabilidad democrática de la región. El estudio es abiertamente escéptico sobre las periódicas cumbres hemisféricas iniciadas por el presidente Clinton en la Cumbre de las Américas, de Miami, en 1994. "El diálogo entre los gobiernos no sustituye las políticas consensuadas, y las cumbres regionales no pueden reemplazar la necesidad de estrategias conjuntas", afirma. En una entrevista telefónica, el director de Asuntos Interamericanos del CSIS, George A. Fauriol, me señaló que el documento propone expandir la actual propuesta de libre comercio hemisférica para incluir acuerdos políticos, sin crear nuevas instituciones. Las actuales negociaciones de libre comercio entre la Unión Europea y varios países latinoamericanos ya van más allá de los acuerdos económicos, e incluyen cláusulas democráticas y de derechos humanos. "El plan de libre comercio hemisférico está, políticamente hablando, en peligro", argumenta Fauriol. "Para revivirlo, el proximo gobierno de Estados Unidos tendrá que encontrar una fórmula enérgica que demuestre (al Congreso) que este asunto es importante para el país". "El Congreso norteamericano será sumamente escéptico sobre por qué tendríamos que firmar nuevos acuerdos de libre comercio con gobiernos que no se ven necesariamente como aliados políticos nuestros, y ni siquiera como actores importantes en la escena mundial. Debemos ofrecer una explicación política sobre por qué sería en el interés de Estados Unidos hacer acuerdos de libre comercio con países de América Latina". Y qué dirán los países latinoamericanos sobre la nueva propuesta? Según Fauriol, los nacionalistas, populistas y aislacionistas tanto de América Latina como de Estados Unidos se opondrán a cualquier proyecto de integracion hemisférica, no importa qué forma adopte éste. Pero los sectores moderados de ambas regiones verían con buenos ojos una propuesta "que aumentaría el compromiso de Estados Unidos con el resto del hemisferio, en un sentido positivo". Se me hace difícil pensar que muchos países latinoamericanos acepten mezclar el libre comercio con temas de seguridad regional, pero quizás estén más dispuestos a firmar compromisos democráticos, como ya lo han hecho entre ellos. En momentos en que la región está enfrentando nuevas amenazas a la democracia y una creciente "fatiga" sobre las reformas de libre mercado, la idea de un compromiso común para lograr la estabilidad democrática podría ser atractiva para todos. Lo que está claro es que, en el futuro próximo, escucharemos mucho más sobre la propuesta de una "Comunidad Interamericana", o cualquiera sea el nombre que decidan ponerle.