Américo Martín
INTROITO
Evocaré al nihilista francés Emile Cioran, de una cita de Fernando Savater: "Lo trágico del universo político reside en esa fuerza oculta que lleva todo movimiento a negarse a sí mismo, a traicionar su inspiración original y a corromperse a medida que se afirma y avanza. Es que en política, como en todo, uno no se realiza más que sobre su propia ruina''.
Aunque esas palabras convienen a nuestro crónico pesimismo, son demasiado tajantes como para aceptarlas sin reservas, no obstante su impulso de verdad. Pensemos, sin embargo, en nuestro nuevo Gobierno y en el bloque político que lo sustenta, que ya no pueden ni quieren honrar su inspiración original.
UNO: SACO DE GRILLOS
Para darse una idea de la crisis en que se debate el Gobierno, pasemos revista a varias de sus crecientes contradicciones. El efecto de ellas toca al movimiento pero, a juzgar por la encuesta de Datanálisis, todavía no al Presidente. Todo es cosa de tiempo. Al final, lo hará.
1. Contradicción entre las ofertas de inmediata solución de las calamidades y las magras y aun contrarias realizaciones, en conjunto incapaces de paliar la diabólica degradación de la calidad de vida, ni siquiera de impedir la caída. Hay pocas razones que induzcan a pensar en la posibilidad de reversiones en el corto plazo.
2. Entre lo que se esperaba de la Constituyente y lo que la mayoría piensa hoy. Es la parábola del optimismo ingenuo al pesimismo sombrío.
3. Entre la Constitución revolucionaria propiciatoria de grandes cambios y la gris realidad del texto remendado, de normas transadas, sin calidad técnica; donde hasta los aportes positivos se pierden por carencia de un objetivo global.
4. Entre la democracia participativa y el retroceso centralista, lanzado a fortalecer la Presidencia y debilitar los mecanismos contralores y contrapesos parlamentarios o de cualquier otra orden.
5. En áreas especiales pero de enorme gravitación, tales como penalización del aborto, información veraz, intervencionismo estatal, Distrito Capital, Presidencia, Vicepresidencia, reelección.
6. Entre la relegitimación refrendaria de los demás y plebiscitaria para el Presidente. Subyace el temor de exponer el prestigio de Chávez al dictamen del pueblo en pleno hervidero social. Muchos indicios denuncian el incremento del malestar general y sería de ver lo que ocurriría si la victoria no es convincente, la derrota sobreviene o la abstención fuera masiva. No olvidemos tampoco el estado de la billetera. La relegitimación, calculada en cerca de Bs.100 millardos sería incosteable. Por lo demás, consagrar ¡por Dios! otro año a la política haría estallar la olla de presión.
7. Last but not least. Contradicciones entre el Gobierno y el Polo, entre el MVR-PPT-MAS, en el seno de cada uno de ellos, y de todos ellos con el ciudadano (a) de la calle que los llevó a la cumbre creyendo otra cosa. Huelga recordar la gravitación sobre semejante mapa quebrado de las aspiraciones candidaturales, burocráticas y personales.
DOS: EL JUSTO MEDIO
Hasta donde el cuerpo aguante y sin obedecer a un plan determinado, la Asamblea Constituyente ha optado por transar. Preferible es eso, sin duda, al infierno de la confrontación, a la antorcha encendida del fundamentalismo. Pero el resultado de la operación está dejando mucho que desear, entre otras cosas porque no ha podido impedir las consagraciones autoritarias. En numerosas normas conciliadas ha quedado allí, rojo intenso y perlada, la manzana de la discordia. Hagamos un breve recuento:
La información veraz "sin censura'' sería como un tigre de papel. Mao Zedong utilizó ese término para burlarse del poderío estadounidense. A lo que el socarrón Jruschov respondió: de papel, pero con colmillos atómicos. En la forma como quedó redactada, la punición de la información veraz quedará a la interpretación de autoridades gubernamentales y judiciales. Líbranos, Señor.
El derecho a la vida "pero no desde la concepción'' deja intacta la confrontación entre partidarios y opositores al aborto, o cuando menos a su despenalización. La norma resbala sobre el dilema, sin resolverlo, en consecuencia, dejará insatisfechos a unos y otros. El Distrito Capital "sin desintegrar el estado Miranda'' no es sino un homenaje a la célebre corrida de arruga. Las hachas de la guerra han quedado en alto. ¿La Vicepresidencia? El general Juan Vicente Gómez incluyó dos en su reforma constitucional de 1922. Se guió por razones de política circunstancial. Quiso complacer a juanchistas y vicentistas, lo que más bien aceleró la tragedia dejando en el ánimo de Gómez la duda: si un vice asesina a otro pasando incluso sobre los sagrados nexos familiares, bien podría hacerle lo mismo al presi. No olvidaría el general su propia experiencia cuando aprovechó ese cargo para aniquilar a su comprade, amigo y mentor Cipriano Castro. Si la Constituyente incluye esta ponzoña en el caldo de la Constitución, ¡ojo pelao, Chávez con tu vicepresidente!
¡Y DALE CON LA REELECCION!
Muy buena quizás haya sido en EEUU, país cuyas instituciones virtualmente no han sido perturbada desde la Constitución todavía vigente de 1987. El pacto de federales y centralistas funcionó y sigue funcionando. Salvo algunos meritorios integrantes de la Asamblea, la mayoría no tiene noción ni conoce la historia patria que con tantos gargarismos invoca. La manía perpetuadora de los caudillos y presidentes está detrás de la mayor parte de nuestras conspiraciones y guerras. Chávez anuncia su deseo de gobernar por 12 años, quizás 13, con la ñapa del ya transcurrido. Quiere sin duda repetir a Guzmán Blanco en lo malo ya que no en lo bueno (a juzgar por lo bailado en estos primeros nueve meses). Y no es sólo el caso de Venezuela. No por casualidad don Francisco Madero inició la Revolución Mexicana con un lema que los reunía a todos: "No reelección''. En la Constitución actual se deslizó una forma de reelección con dos períodos intercalados porque sus redactores pensaron que nadie podría sentirse tentado después de 10 años de dejado el cargo. Olvidaron la sensualidad del poder, el trasfondo caudillista, el impacto de Miraflores sobre la fortuna o la desgracia de tantos.
Chávez -porque en este punto el inspirador es él- quiere regresarnos al pasado oscuro de los presidentes adheridos a la silla por todo el tiempo. Comete un error. En su entorno (y esto no es nuevo) se agitarán los aspirantes al poder, que se sentirán excluidos constitucionalmente. Si pudiera apreciar un consejo desinteresado, escuche éste: cinco años es más de lo que usted piensa. Es un lapso para dejar una buena obra y poner al país en la ruta de su expansión. Siga el ejemplo de alguien a quien usted dice admirar. El líder de una transición más profunda y concreta que la pregonada hoy o en 1945, 1948 y 1958. El tránsito desde el oscurantismo gomecista a la democracia. El general López Contreras pudo debilitar los peligrosísimos reductos del viejo gomecismo y contener el maximalismo de la emergente izquierda. Elaboró un plan más o menos preciso: el programa de febrero. Si le pongo a usted ese ejemplo, Presidente, lo hago, sin embargo, por otro motivo: pese a ese trabajo excepcional que hasta sus enemigos de izquierda (Villalba, Betancourt, Otero Silva) le reconocieron al final de su vida, el hombre -más devoto de Bolívar que usted y yo- redujo su período presidencial de seis a cuatro años. Usted, en cambio, montado sobre un proceso histórico menos importante que aquel, quiere aumentarlo de cinco a seis. ¿Para qué elogiar a López si se desestiman sus medidas más inteligentes?
(*) Abogado [10/27/99]
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Sociedad del conocimiento y financiamiento de la educación superior José Ignacio Moreno León
Experiencias contrastantes
Como antesala al próximo milenio, el mundo se encuentra inmerso en un dinámico proceso de cambios, al impulso de la revolución tecnológica y de la globalización de los mercados y con exigentes parámetros de competitividad que apuntan hacia una tendencia irreversible de mundialización económica, en donde la competencia económica ha reemplazado a la competencia militar y las ventajas competitivas han dejado de depender sólo del capital físico para fundamentarse en el capital humano y su productividad.
Sin embargo, las teorías económicas que vienen orientando este proceso, sustentadas en las tesis extremas del libre mercado, se fundamentan en un obsesivo afán de ganancias y de acumulación de riquezas y en una concepción de los negocios privados liberados de todo control, y con poco sentido de la ética y menos de la distribución equitativa de la ganancia de los mismos.
Ante este estilo de fundamentalismo capitalista, cada vez se unen más voces al coro de quienes advierten sobre las consecuencias perversas que están surgiendo de este modelo económico. De persistir ese paradigma global, se estaría poniendo en peligro la sustentabilidad o gobernabilidad de estos cambios, y caeríamos en una crisis global, expresada en desempleo masivo, marginalidad y caos ecológico, político y social. Por ello se requiere revertir estas tendencias, incorporando la responsabilidad política, la responsabilidad ecológica, la responsabilidad económica y la ética global para acentuar el contenido humano y social de la globalización, a fin de que la sociedad del conocimiento que se está configurando, como producto de ese proceso globalizador, sea la gran oportunidad de superación de la humanidad. La importancia de la educación en la sociedad del conocimiento
La sociedad del conocimiento representa la fase más avanzada de ese acelerado proceso de cambios y, conjuntamente con la mundialización de la economía y la globalización de los negocios y de la política, configurará el nuevo orden del próximo siglo. Un orden en el que la producción del conocimiento estará evolucionando dramáticamente, por lo que el ciudadano sólo podrá subsistir si es capaz de incrementar su capacidad de aprendizaje, al ritmo de esos cambios, como única fórmula para mantener o mejorar su poder adquisitivo.
En las sociedades más avanzadas se estima que el conocimiento se duplica cada siete años y se dice que la mitad, al menos, de lo que un estudiante universitario aprende, aún en las mejores universidades, es obsoleto para el momento de su graduación. A este ritmo serán los negocios y no los gobiernos los que definan las transformaciones requeridas en la educación, especialmente a nivel de la formación profesional (1).
Por otra parte, la versatilidad de la televisión, de los medios de la teleinformática y de las comunicaciones satelitales, están facilitando transformaciones dramáticas en el sistema educativo y abriendo el camino a la educación virtual, única forma como las instituciones de educación superior podrán adaptarse a las exigencias de esa sociedad de la información y del conocimiento.
La educación como factor de desarrollo equitativo
Experiencias recientes demuestran que los países más atentos a los cambios planteados por las nuevas realidades mundiales y que han logrado estrategias adecuadas para insertarse eficientemente en esos procesos, con planes de crecimiento económico acompañados de mejoras sustanciales del sistema educativo a todos los niveles y para toda la población, han logrado crecimiento con distribución equitativa del mismo. Por el contrario, cuando hay inequidades o ineficiencias en el sistema educativo y en los planes de desarrollo no se enfrentan estos problemas, si se logra el crecimiento, éste sólo beneficia a los que más tienen y están mejor educados (2).
Es por ello que, dentro de los cambios tendenciales que se están planteando para evitar que el proceso de globalización no se agote en una crisis global, el tema de la revolución educativa se ha jerarquizado como la primera prioridad, tal y como lo confirman los documentos de las últimas reuniones de la Unesco.
La revolución educativa y su financiamiento: experiencias contrastantes
La mayoría de los países de América Latina han estado rezagados en los procesos de actualización de las estrategias de desarrollo para adaptarse a los cambios que demandan las nuevas realidades que estamos viviendo, por ello estos países presentan experiencias que contrastan dramáticamente con los grandes avances alcanzados en las últimas décadas, por ejemplo, por algunos países asiáticos como Japón, Corea, Taiwán y Singapur, entre otros.
Estos países, los cuales hace menos de cinco décadas se encontraban en precarias condiciones, muy por debajo de los niveles de desarrollo de la mayoría de los países de América Latina, acompañaron sus planes económicos de largo alcance con profundas reformas de sus sistemas educativos, incluyendo el impulso a la investigación y al desarrollo tecnológico, lo que ha asegurado la sostenibilidad de sus procesos de desarrollo.
Estadísticas del Banco Mundial y de la Unesco revelan cómo, mientras en los países asiáticos referidos se ha incrementado la inversión en la educación y en la investigación y desarrollo tecnológico, en América Latina los niveles de inversión han estado muy por debajo de las cifras mínimas recomendadas.
La inversión en ciencia y tecnología en América Latina es menor de 0,7% del PIB y es fundamentalmente aporte del Estado, mientras que países como Japón y Corea invierten cerca de 3% del PIB, igual a países industrializados como Alemania y Estados Unidos, con un componente importante de financiamiento del sector privado, que no solamente contribuya de manera destacada a la investigación y el desarrollo tecnológico, sino que también tiene una importante participación en el financiamiento de la educación superior.
En efecto, en países como Corea y Japón, cerca de 65% del financiamiento de la educación superior lo hacen las familias y las empresas. Es decir, la educación superior no es un problema sólo del Estado, sino fundamentalmente de la sociedad en su conjunto, tal y como acontece en los países más desarrollados (3).
Otro aspecto que revela diferencias contrastantes en el financiamiento de la inversión educativa es el relativo a la repartición del presupuesto público para el sector. Así por ejemplo, mientras que en Venezuela el Estado dedica cerca de 40% de su presupuesto educativo a la educación superior, en un esquema ineficiente de gasto, Corea apenas invierte 7% y, en general, en Asia más de 90% de la inversión en educación se orienta a la educación preescolar, básica y media. Conviene aclarar que en los países desarrollados la inversión en educación superior es de 22% del total de la inversión educativa, similar a la cifra promedio de los países latinoamericanos. Estudios econométricos han demostrado que el retorno social de la inversión en los niveles inferiores del sistema educativo es mucho más alto que en los niveles superiores (4).
Tal como lo plantea Cardoza, las estadísticas demuestran las altas ineficiencias que como producto del populismo y del gremialismo, especialmente en el ámbito de la educación superior, presentan los países de América Latina, en contraste con los países asiáticos. En efecto, mientras que Japón y Corea con excelentes subsistemas de educación superior invierten menos de 10% del presupuesto público de educación en el nivel superior, países como Brasil y Venezuela, como hemos indicado, invierten más de 25% con notables fallas en el subsistema.
México gasta cerca de 9.200 dólares por estudiante universitario y lleva más de seis meses cerrada la Universidad Autónoma, uno de los campos universitarios públicos más grandes del mundo, porque sus estudiantes se resisten a pagar una matrícula simbólica; mientras que en algunas carreras, por el deterioro de la institución, las empresas se niegan a contratar egresados de la Unam. Por otra parte, en Corea el gasto promedio por estudiante universitario no supera los 500 dólares en el sector público.
Quo vadis Venezuela
En el caso de Venezuela y ante un sistema educativo y de investigación y desarrollo tecnológico con grandes limitaciones, no hay dudas que se impone una revolución educativa integral, entendida no sólo como un compromiso de Gobierno, sino como un proyecto nacional que debe involucrar a toda la sociedad.
Nuestra educación preescolar, básica y media es de pobre calidad, y el subsistema de ciencia y tecnología dispone de menos de 200 investigadores activos por millón de habitantes con tendencia a decrecer, mientras que en Corea y Taiwán la cifra es de más de 2.500. Nuestras instituciones públicas de educación superior operan con ineficiencias y reclaman por más fondos públicos, ante un presupuesto nacional cada vez más rígido. Por todo ello no entendemos cómo se pretende atornillar en la nueva Constitución una disposición que consagra, sin ningunas exigencias en cuanto a rendiminento y calidad, la gratuidad indiscriminada de la educación superior, lo que constituiría el subsidio más regresivo que un Gobierno podría institucionalizar y que seguramente no podría cumplir por las restricciones financieras que obligarán a concentrar los esfuerzos públicos en los niveles inferiores del sistema educativo.
Dados los grandes retos de cambio planteados a nivel de la educación superior en nuestro país, no es posible financiar la gratuidad generalizada e incontrolada de la misma, especialmente si el Estado asume el compromiso ético de promover una verdadera revolución educativa que garantice a todos los venezolanos una educación superior de excelencia. Ello sólo será viable si se define que quien pueda pagar, pague y quien no tenga los recursos para sufragar su formación universitaria, pero posea los méritos para acceder al nivel universitario pueda contar con fondos públicos que le aseguren su formación profesional en cualquier institución de educación superior, pública o privada, pero que se gerencie con el concepto moderno de que estas instituciones deben administrarse responsablemente como un servicio público y por tanto, bajo la tutela estatal para asegurar la calidad de la gestión y la calidad académica.
La revolución educativa: responsabilidad de todo el país
Sólo si asumimos responsablemente el reto de la revolución educativa como un proyecto nacional y no como una gestión monopólica del Gobierno, Venezuela podrá incorporarse con pie firme en el proceso de configuración de la sociedad mundial del conocimiento; si no, estaremos condenados a ser una colonia marginal en la sociedad global, a pesar de la retórica y los viejos dogmas de quienes se resisten a asimilar las señales de los nuevos tiempos.
El presidente Chávez, cuya preocupación por la crisis educativa es notoria, ofreció a los rectores universitarios hace unos cuantos meses, en la única reunión que hemos tenido con él, convocarnos a una jornada de reflexión sobre este trascendental tema. Estoy seguro de que el Jefe del Estado sabrá sacar tiempo de su apretada agenda para realizar pronto este encuentro; pues como lo ha dicho, la educación es la prioridad indiscutible de su gobierno. Y lo es también de todo el país.
(1) Don Tapscott: ed; "Creating Value in the Network Economy'', a Harvard Business Review Book, Boston MA, 1999.
(2) Antonio Francés: Venezuela Posible, Siglo XXI, Ediciones Iesa, Caracas, 1999.
(3) Guillermo Cardoza: "Educación Superior, Investigación y Desarrollo Tecnológico: América Latina y Asia, un Análisis Comparativo, en la Universidad Ante el Siglo XXI'', Ediciones Cendeco.
(4) Guillermo Cardoza, ibid. [10/27/99]