Pronósticos económicos para el año 2000

Simón Saba

Todos los años se formulan pronósticos para el año siguiente; los más leídos y codiciados son los que elaboran los organismos multilaterales, la banca de inversión (generalmente la internacional) y algunas destacadas firmas consultoras, y los medios de comunicación los suelen reseñar en la primera página. Este pronóstico independiente no está elaborado por ninguno de ellos, pero quienes deseen pueden guardarlo para dentro de dos años y corroborarlo con lo que haya ocurrido para la fecha.

Podemos darle una seguridad a todos los lectores: para el próximo año, último del siglo y del milenio, habrá crecimiento económico. No será algo espectacular ni tendrá consistencia en el tiempo, pero si se le aprovecha bien, puede ser el inicio de un período de prosperidad que dure al menos un lustro, y que por fin sea revertida la tendencia iniciada en 1993 de crecimientos débiles y limitados en el tiempo, con predominio de la recesión.

Sin embargo, y volvemos a advertir, hay elementos suficientes para esperar una expansión económica el año próximo, pero es muy difícil que se prolongue por más de dos años, excepto que se tomen medidas que permitan que ésta dure más tiempo. Las cifras pronosticadas que sitúan el incremento del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2% y 3% (o sea, al restarle el aumento poblacional por el mismo orden tendremos una variación casi nula del ingreso per cápita) lucen consistentes porque compensan los miedos institucionales (inseguridad jurídica, corrupción, peajes, etc.) con el empuje presupuestario; sin embargo, si el comportamiento institucional es superior al previsto, el crecimiento puede llegar a ser substancialmente mayor.

Las fortalezas

El gobierno nacional está ejecutando en 1999 un presupuesto reconducido de 1998, y si consideramos que buena parte de él se destina al pago de la deuda exterior, podemos suponer, al añadir el efecto inflacionario, que tenemos una reducción real del gasto público, sin considerar que en el sector petrolero también hay una contracción real (porque nominalmente se expandió), aunque éste último tiene un efecto limitado en la generación de empleo y riqueza al resto de la economía.

Por lo tanto, cualquier presupuesto específico (no reconducido) que se pretenda hacer para el año 2000 y que, en el peor de los casos, tenga alguna remota aproximación al realismo, necesariamente tendrá que ser expansivo y dejará sentir su impacto positivo en el resto de la economía. Además, ya falta poco para que se apruebe la nueva Constitución Nacional, e independientemente del contenido de ésta, se despejarán muchas dudas (recuerden que hasta con los gobiernos socialistas también se hacen negocios) y el sector privado de la economía también crecerá.

Otra fuente de crecimiento serán algunos proyectos de obras públicas que desde hace tiempo no se hacen en el país, aunque tendrán menor magnitud a lo que hicieron cualquiera de las administraciones que van desde Isaías Medina Angarita hasta Luis Herrera Campíns.

También PDVSA expandirá sus operaciones y reactivará algunas inversiones que tenía paralizadas, y dado su tamaño en la economía nacional, sus efectos se harán sentir en las cifras consolidadas. Lo mismo se espera en la región de Guayana en las industrias básicas.

Las dudas

¿Por qué dudamos? En primer lugar, la expansión se basa en el gasto público, buena parte del cual proviene del endeudamiento interno y externo.

¿Qué si ahora las deudas irán a planes de inversión concretos? La que se contrajo en los años 70's también estaba destinada (teóricamente) a proyectos específicos, y al sobrevenir el aumento de las tasas de interés a finales de esa década y principios de los 80's, entonces se pidió prestado para pagar los intereses y el capital que vencían.

La diferencia está en que ahora ya estamos demasiado endeudados, y el peso se sentirá antes de llegar a la esquina, tal vez antes del año 2002, y eso no pasará desapercibido para la economía ni para las finanzas públicas. Otra fuente de crecimiento lo constituirán planes y pagos atrasados (a empleados del sector público, deudas a contratistas, etc.), y una vez hechos estos, el origen cesará, pero lo recursos que se ahorren por concluir los compromisos comenzarían a fluir al pago de la deuda que se contratará el mismo año próximo.

Las inversiones del sector básico de la economía (petróleo, hierro, aluminio, siderúrgicas, refinerías, etc.) solamente beneficiarán a sectores muy limitados del país, por lo que no servirán para aliviar masivamente el desempleo ni la economía informal. Estaremos repitiendo los mismos esquemas de crecimiento económico que se ensayan en Venezuela desde el gobierno de Jaime Lusinchi en adelante, basados en la CVG y PDVSA.

Y por último, dudamos que vayan a reactivarse la (pequeña, mediana y gran) industria manufacturera de productos de consumo o intensiva en el uso de la mano de obra; lo mismo vale para la agricultura, salvo que reciba subsidios o protecciones especiales. En el mejor de los casos, desacelerarán su caída, debido a programas de compras estatales y algunos mecanismos especiales de financiamiento que ayudarían temporalmente.

Las razones son sencillas: la sobrevaluación de la moneda se mantendrá, así como la política de restricción monetaria del Banco Central de Venezuela. Ya hay suficientes anuncios e indicios de que ambas situaciones se proseguirán; inclusive, el BCV ya está estimando cuánto adicional en Títulos de Estabilización Monetaria (TEM) tendrá que emitir respecto al presente año.

Tampoco se avizora una baja substancial de las tasas de interés. Los gastos del cambio para el año 2000 ya han sido realizados en este año, pero para el próximo puede repuntar la inflación producto de la propia expansión económica, y que será causa suficiente para que las tasas se mantengan altas.

Recordemos además que toda expansión del gasto público, especialmente el basado en el endeudamiento interno (y externo) termina generando un alza en las tasas de interés porque el Estado pasa a competir en la demanda de dinero con el sector privado y el productivo, pero el gobierno siempre está dispuesto a pagar más, por lo que pasará a ser, de largo, el mayor deudor que tendrá el sistema financiero nacional. Todo ello, combinado con la política monetaria del BCV, hará impensable cualquier posibilidad de que las tasas de interés bajen en el 2000.

La inflación y el empleo

La creencia popular dice que la inflación y la recesión van tomadas de la mano, al mismo tiempo que confunde a la inflación con alguna enfermedad contagiosa que se puede curar con antibióticos. Ambas visiones son incorrectas, y las estimaciones de una inflación del 15% para el 2000 se caerán por su propio peso dado el carácter expansivo que tendrán la economía y el gasto público, y que contrasta con la depresión económica y el desaceleramiento de la inflación en el año actual.

Por lo tanto, estamos seguros de que la variación de los precios el año que viene superará al presente, salvo que volvamos a experimentar una recesión en el sector no petrolero de la economía y volveríamos a ver celebraciones de una victoria pírrica "por haber domesticado la inflación".

Por otro lado, la característica de los gastos que se realizarían el año próximo, y lo que se intuye que será para el siguiente, así como las podas burocráticas que se esperan no dejan vislumbrar un gran crecimiento del empleo, por lo que ni al cierre del 2000 ni del 2001 el desempleo abierto bajará de la tasa del 10%, ni mejorarán mucho los indicadores de la economía informal. Y la recesión regresará antes de que mucha gente haya tomado aunque sea un suspiro en esta Gran Depresión venezolana.

Crecimiento sin consistencia

Todos los elementos vistos nos permiten predecir que el crecimiento que experimentaremos el año 2000 no tendrá consistencia en el tiempo, será un "rebote técnico" y podremos calificarlo como "tipo Caldera", o sea, no es fuerte, no mejora substancialmente los indicadores sociales ni de empleo, no dura más de dos años, ni sus efectos se sienten en todas las regiones ni en todos los sectores.

Los mejores negocios del sector privado serán los "rápidos" que permiten recuperar la inversión con creces antes del regreso de la recesión.

Recordemos que incluso durante la Gran Depresión (con deflación) que experimentó Estados Unidos en la década de 1930, hubo años con incrementos del PIB y de los precios, y que Somalia también ha tenido algún crecimiento económico después de 1994, cuando se desintegró como país.

Sin embargo, hay la posibilidad de que se aproveche la coyuntura favorable el año próximo y se pueda relanzar al país. No se podrán anular los ciclos económicos, por lo que no vamos a soñar con 20 años de crecimiento continuo, pero estaríamos más que satisfechos si por 5 años seguidos crece la economía privada no petrolera.

Algunos se pondrán eufóricos y ya a mediados de año pronosticarán que la expansión será eterna "gracias a las medidas acertadas que se están tomando, rompiendo todos los malos augurios" ..., pero dos años después deberán tragarse sus palabras. Lo mismo pasa en la Bolsa de Valores de Nueva York (y pasó en Asia oriental) donde creen que el crecimiento no tendrá fin.

Lo malo es que nosotros celebramos antes de tiempo, y no con 5, 10 ó 20 años seguidos de crecimiento.

PS: A mediados de 1994 me publicaron un artículo en El Universal (cuando Carlos Croes era el director) donde pronostiqué que la crisis económica que vivíamos no se iba a resolver en unos meses, sino que era de largo plazo, y que duraría como mínimo cinco años más y tal vez más de diez, cuando el país ya cansado enfrentaría la crisis con realismo y sin utopías.

También decía que puede ser que haya algunos años donde se produzca algún crecimiento económico, pero que serían la excepción y no la regla, y volveríamos a la Depresión...

Lamento haber tenido la razón.

 

Economista.
E-MAIL: ssaba@hotmail.com