Carmen Beatriz Fernández
Recientemente organizamos entre la Asociación de Egresados del Master del IESA y la Alianza Social Demócrata (http://www.alianzasocialdemocrata.org) un taller de negociación que fue conducido por Gerardo le Chevallier, un notable negociador salvadoreño cuyas actividades contribuyeron a ponerle fin a la cruenta y larga guerrilla de ese país centroamericano. Compartíamos el auditorio gerentes y políticos en similares proporciones (también algunos híbridos, como quien esto suscribe). Sin embargo, al iniciar Le Chevallier su presentación con la obligada demanda identificatoria de los políticos y los gerentes presentes, a mano alzada, como por arte de magia el 90% de la audiencia se volvió gerente.
Efecto 'espiral del silencio', lo hubiera bautizado la investigadora de opinión pública alemana Elizabeth Naumann. Según su modelo, la gente no desea expresar publicamente sus opiniones cuando creen estar en minoría. Todos tenemos un sexto sentido, un órgano interno cuasi-estadístico, que nos permite determinar con precisión cuál es el estado de la opinión pública. Por un temor natural al aislamiento social, somos reticentes a expresar nuestras opiniones si sentimos que ellas son contrarias a lo que está 'bien visto'.
Como una ley matemática, Nauman afirma que mientras la distancia percibida entre la opinión pública y la opinión propia aumenta, menos deseoso estará el individuo de expresar su propia opinión. En un ambiente IESA, identificarse a sí mismo como gerentes fue, para los participantes políticos, una mentirita blanca, un infantil fingimiento de lo que no se es, que buscaba dar la mejor respuesta que sentían se esperaba de ellos y actuar así en sano mecanismo de protección individual frente a lo social. No se equivocaban en sus percepciones. En nuestro país diversas organizaciones de medición de opinión pública identifican, desde hace casi diez años, a los partidos políticos como las más débiles, desprestigiadas y prescindibles de las instituciones públicas.
La política es mal vista, algo turbio parece haber en ella y los términos clientelismo, padrinazgo y corrupción parecen irremediablemente atados a su ejercicio. Una inmediata aureola sospechosa rodea a quien la ejerza y los términos política y ética sólo parecen venir enlazados por la conjunción 'o', como en un perverso mecanismo selectivo en la que la escogencia de la primera excluye la posibilidad de la segunda. Por ello, sin duda alguna, en Venezuela ser gerente es mucho más glamoroso y gratificante que ser político.
Sin embargo, quienes creemos en la política, como el "arte de lo posible" debemos escapar del pernicioso efecto de la 'espiral del silencio' que estigmatiza a la actividad pública, creando un círculo vicioso que tiende a excluir de la esfera pública a los mejores. Fue el masivo desdén por la política lo que llevó al país a la carencia de liderazgo que tan terriblemente se manifestó en Venezuela durante el ultimo año. Y si algo bueno tiene el turbulento momento político que vivimos los venezolanos es sin duda el renacido interés por lo público. En este contexto, volver a los valores morales tradicionales y replantearse los estándares éticos de la política no es un ideal romántico, sino la única salida a nuestra crisis democrática.
La reconciliación entre la ética y la política es una bandera imprescindible de la renovación y modernización de los partidos políticos venezolanos, viejos y nuevos. Luchar por la eliminación de privilegios, la permanente búsqueda de incentivos no clientelares a la afiliación partidista y la transparencia como norma, o lo que recientemente invocaba Simón Alberto Consalvi en su llamado a la revolución transparente y que fuera magistralmente identificado años atrás por Enrique Tierno Galván bajo la frase "los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal", son tres objetivos imprescindibles en la lucha por dignificar el viejo oficio de la política.
Copulativa, y no disyuntiva, debe ser la conjunción que una a la política con la ética. Sin esa 'Y' de unión entre los términos estaremos perdidos.
Directora DataStrategia
http://www.datastrategia.com