Delirio al pie del Ávila

Guido Grooscors

Quienes se pronuncian favorablemente respecto a los frecuentes viajes presidenciales con el argumento de que a la vuelta a la patria el Presidente y Comandante en Jefe regresa, invariablemente, menos agresivo, menos fantaseoso y más asentado en la realidad, harán bien en revisar tales apreciaciones después de la última ocurrencia del jefe del Estado cuando, con motivo de la celebración del vigésimo aniversario del Parlamento Andino, el primer magistrado, en la sede del Senado de la República, habilitada para la ocasión, asomó la iniciativa de proponer un acuerdo multilateral destinado a crear, con el concurso de los países de la cuenca del Caribe y de la región latinoamericana, una suerte de "OTAN" del Atlántico Sur.

Al parecer, según las informaciones transmitidas por los medios de difusión, la propuesta en cuestión no generó mayores reacciones por parte de los parlamentarios andinos que constituían el grueso de la audiencia presente. Pero, de cierto que la mayoría de ellos, con seguridad, entendió, con una buena dosis de indulgencia por delante, que se trataba de uno más de los tantos ejercicios mentales a los que con regularidad acude el alto funcionario ejecutivo para captar la atención de quienes lo ven y lo escuchan. No en balde algunas de sus muletillas favoritas, de inspiración bíblica, son aquellas de: "quien tenga ojos que vea y quien tenga oídos que oiga".

Después del tránsito por varios países asiáticos y europeos, el titular del Poder Ejecutivo aspira, evidentemente, a ejercer un liderazgo que lo equipare, confesión propia, a personajes de relieve universal como lo son Jesucristo y Simón Bolívar. Nada menos. Y ni hablar, en menor medida, de ese extraño mazacote ideológico que resulta de combinar el justicialismo argentino de Juan Domingo Perón, corregido y aumentado por Norberto Ceresole, salpicado de sabores maoístas y fidelistas, entre otros.

Nada tiene de extraño, por ello, esta incursión del jefe del Estado en la escena internacional con la pretensión de asumir un rol que lo capacite, a través de la integración de los ejércitos de América Latina y del Caribe, para alcanzar el propósito de compartir la actual conducción unipolar del planeta.

Bolivarianamente hablando (recuérdese la referencia en el proyectado Preámbulo de la nueva carta magna al "equilibrio del universo") nada obsta para calificar la propuesta presidencial ante el Parlamento Andino como una especie de Delirio al pie del Ávila, inspirado quizás en el campo de lo imaginario con el Delirio sobre el Chimborazo, si bien esta creación literaria no se proyecta tanto en el mundo de la ideología como sí en el de la fantasía, recurso este último al que, sin duda alguna, acude el primer magistrado cuando formula su iniciativa integracionista en el terreno militar que, seguramente, será objeto de análisis y comentarios por parte de especialistas en el tema, no únicamente en el país sino también, muy en particular, en nuestra región caribeña y latinoamericana. Y ni qué decir de las repercusiones en algunos medios de difusión estadounidenses y europeos, atentos a la evolución del ya identificado en la jerga profesional como "caso Venezuela".

grooscors@asesorac.com