LOS comicios para seleccionar al candidato presidencial del PRI transcurrieron con gran normalidad, sin anomalías importantes como para atraer desconfianza hacia el proceso. Hubo un desarrollo normal, sin manipulaciones ni mapacherías, con alta participación de los votantes. Todo ello indica que el pueblo mexicano acudió a las urnas con plena confianza. Este es el resultado de la cuidadosa preparación realizada desde cuando el CEN del PRI designó la Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno y se escogió al experimentado veterano de muchas lides políticas, Fernando Gutiérrez Barrios, para encabezarla. También ha contribuido al éxito, del nuevo procedimiento, la alta responsabilidad de la presidencia del Revolucionario, desempeñada con capacidad por José Antonio González Fernández.
La campaña fue muy enconada en muchas ocasiones y tuvo visos de agresividad maliciosa, pero, por ello mismo, se devaluó el criterio de quienes consideraban todo solamente un procedimiento cosmético para enmascarar el autoritarismo sin desaparecerlo. La pasión verbal y los choques ideológicos fueron de muy alta temperatura y algunos llegaron a temer por la unidad del partido al concluir estas elecciones.
Con los resultados proclamados anoche, sin duda se rebasó la credibilidad esperada y fue marcado un hito trascendente. La estructura priísta demostró seguir siendo eficaz, bien aceitada, y resultará un desafiante competidor para las presidenciales del 2000. El impacto de esta transformación del proceso comicial ha sido profundo, no sólo en el interior del país, sino ante la opinión pública internacional. Al acudir a emitir su decisión con serenidad, convicción y certidumbre, nuestro país confirma haber entrado en su plena madurez.
Excelsior (Mexico), 8 de noviembre de 1999