Cumbre en la Habana: El embargo
económico contra la isla
Un arma
de doble filo
Marcelo Cantelmi
¿Qué sucedería si se levanta el embargo contra
Cuba? La hipótesis se provoca ahora y aunque todo parece indicar que resta mucho
recorrido para que concluya el cepo económico montado contra la isla comunista desde hace
cuatro décadas, en los areneros europeos, estadounidenses y cubanos esta posibilidad
aparece cada vez con mayor frecuencia.
Ello es debido a un dato por demás evidente en este país. Desde hace cinco años hay un
torrente de inversiones europeo que le ha cambiado la cara al país y ha sido crucial
para frenar la crisis heredada por el derrumbe soviético.
Para cualquier visitante que haya llegado a la isla hace cuatro o cinco años, la
comparación con el panorama actual es cuanto menos impactante. La mitad de la población
maneja dólares, la moneda estadounidense tiene curso legal, y se han erigido sin
ningún prejuicio ideológico lujosas torres de las cadenas hoteleras del Viejo Mundo, que
acaparan un negocio del turismo que deja 2.000 millones de dólares anuales. La moneda
incluso, que en 1994 cotizaba a 150 pesos por dólar, hoy tiene una paridad de 24 pesos
por billete verde.
Cuba así parece una probeta donde se experimenta una extraña mezcla de
capitalismo a partir de los acuerdos del Estado con los inversionistas internacionales, un
germen de negocios cubanos en manos de cubanos y un discurso tenazmente marcado por el
carácter comunista del régimen.
El argumento de que el bloqueo también le ha servido a Castro para mantener la amalgama
ideológica, si era considerable antes de la recuperación, ahora parece disiparse.
"Clinton dice que el bloqueo es un pretexto. ¿Por qué no lo levanta, por qué no
nos quita pretextos?", dijo el fin de semana el canciller Felipe Pérez Roque.
En verdad si el embargo es levantado, lo que ocurriría sería una aceleración de la
experiencia inversionista que vive este país en los últimos años. Hay datos
elocuentes. Para el año 2000 se esperan dos millones de turistas. Si el bloqueo cae se
sumarían otros cuatro millones de los EE.UU., según cálculos de la prensa
norteamericana que citan aquí los funcionarios cubanos. El impacto de ese aluvión
provocaría un crecimiento del PBI de dos dígitos en los primeros diez años,
justamente lo que este país anda buscando para compensar el 31% de pérdida en su
economía que le causó el derrumbe soviético.
Se trata de un formidable negocio que explica el incremento del lobby antiembargo en parte
del empresariado norteamericano. Y no sólo es turismo. Aquí hay cantidades de acuerdos
empresariales para mejorar la compañías de servicios públicos y la renovación del
parque automotor público y las fuentes de energía como petróleo y gas. La cuestión es
cómo semejante escenario impactará a los propios cubanos. Se ha afirmado que con el
comercio con los turistas viajan además ideas. Si la hipótesis de un embargo ya en su
último tramo es correcta quizás el mayor desafío del porvenir cubano sea la habilidad
para administrar una transformación de semejantes alcances.
El Clarín Digital, 15 de noviembre de 1999