Incienso para Fidel

Castro tendrá otra oportunidad de oro para reverdecer los laureles de su autocracia

Herbert Koeneke R.

La visita papal a Cuba en enero de 1998 fue saludada dentro y fuera de la isla como señal de una inminente apertura democrática. Ciertos hechos concretos dieron pie a ese augurio. Por ejemplo, Fidel Castro instó públicamente a la nación a recibir al pontífice con respeto, y él mismo dio el ejemplo al tratarlo de manera cordial y deferente. Castro estuvo presente en la misa al aire libre que el Papa ofició en la Plaza de la Revolución el primer día de su visita y, finalizada ésta, liberó a más de 300 prisioneros como gesto de buena voluntad (los cuales, como después se supo, eran en gran parte delincuentes comunes, o bien presos políticos que debieron abandonar el país una vez excarcelados).

Un año más tarde, no obstante, en su discurso por el cuadragésimo aniversario de su ascenso al poder, Castro afirmó que la revolución 'apenas ha comenzado', y predijo que el 'capitalismo mundial habrá de caer inevitablemente' por basarse en leyes económicas 'ciegas, caóticas, ruinosas y destructivas para la sociedad'. Este abrebocas fue seguido por la aprobación, el 16 de febrero, de la Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, que endurece notablemente la inveterada represión contra la disidencia. En marzo, Vladimiro Roca, oficial retirado de la fuerza aérea y disidente, fue sentenciado a cinco años de prisión por actividades de oposición, junto con tres disidentes más que recibieron penas menores. Ante esta y otras evidencias autoritarias, en septiembre de este año, los sacerdotes católicos de las diócesis orientales de Cuba tuvieron que admitir que la Iglesia había sido manipulada: 'El Gobierno aprovechó la visita del Papa dijeron como propaganda exterior y como confirmación interna del status quo'.

La próxima semana, Castro tendrá otra oportunidad de oro para reverdecer los laureles de su autocracia: la IX Cumbre Iberoamericana de La Habana. El incienso que recibirá en ese evento contribuirá a prolongar su dictadura como la más larga de todos los tiempos en América Latina: cumplirá 41 años el 1o de enero del 2000. Porfirio Díaz y Alfredo Stroessner, que le siguen en términos de permanencia al frente de un gobierno autoritario, mandaron durante 35 años en México y Paraguay, respectivamente. Rafael Leonidas Trujillo detentó por 31 años el poder en la República Dominicana. Y nuestro 'eterno' Juan Vicente Gómez 'apenas' permaneció 27 años en el poder.

El reciente hallazgo de un mamut perfectamente conservado en el gélido desierto siberiano me hizo recordar el caso cubano: un dictador eternamente preservado, como la lisa seca, por la sal marina y el inclemente sol caribeño, que yace, aplastante, sobre una población que, como lo dice El Correo de la Unesco en su edición de septiembre, parece detenida o congelada en sus veinte años, pues 'el futuro no acaba de llegar y se está dentro de un presente fijo'.