Henrique Capriles Radonski*
El país ha apostado demasiado al proceso constituyente, gran cantidad de venezolanos han cifrado sus esperanzas en la aprobación de una nueva Carta Magna que traiga consigo el nacimiento de la Quinta República y con ello un Estado distinto, moderno y eficiente. Queda siempre la duda si es la letra la que puede emprender la transformación de las cosas, o más bien son los actores los únicos con posibilidades reales de materializar hechos concretos en la práctica. Qué ganamos con un conjunto de normas que prometan y garanticen todo, si los encargados de ejecutarlas y respetarlas no lo hacen.
La ANC basada supuestamente en el pedimento nacional de tener ya una Constitución, fijó a través de su más auténtico cogollo un cronograma de debates para discutir los artículos que restan. En los tiempos preestablecidos se colocó como fecha límite de aprobación final del proyecto constitucional el 12 de noviembre de 1999. Ni un día más, quizás algunos días menos. Sobre este particular uno se pregunta, ¿es acaso una fecha histórica el 12 de noviembre? Que yo recuerde, es un día como cualquier otro, ahora pareciera que sí pasará a formar parte de nuestras fechas a no ser olvidadas, ello no por ser el viernes en que la Asamblea entregue la Constitución, sino por ser el último día del acelerador, el día en que se batió el récord mundial de velocidad de discusión de una Carta Magna, nada más que unos 300 artículos en 12 días. Se habían discutido y aprobado unos 80 artículos en 10 días.
He seguido este proceso con gran atención, he apostado a la elaboración de un conjunto de normas que establezcan poderes distintos en su forma, en su estructura, que transformen la manera en que los ciudadanos participan en la construcción de nuestras políticas públicas. No me preocupa cuántos artículos pueda tener la Constitución, nunca el problema ha sido la cantidad sino la calidad. Mucho se discutió acerca de si seis meses serían suficientes para poder elaborar el texto constitucional. En ese orden, por qué recortar el tiempo cuando los debates han sido el medio para corregir errores, para plantear temas que tienen divergencias. Quisiera que me explicaran los miembros de la ANC cuál es el apuro, es que acaso los venezolanos no les dimos seis meses para elaborar una Constitución. Desearía una respuesta pero sin demagogia, sin populismo, sin decirme que el país para poder arrancar necesita ya salir de la Constituyente.
Es cierto que un ambiente en el cual se discuten las reglas no es el más favorable para atraer inversiones, pero también no deja de ser cierto que hemos esperado demasiado por este supuesto cambio, en el cual por prisa electorera podemos cometer errores que después será muy tarde enmendar. El Presidente comentaba en estos días todas las leyes que se habían aprobado durante la Habilitante, lo que permite tener reglas claras para muchas cosas, y sobre eso uno se pregunta ¿acaso esas leyes aunadas a una visión de lo que va a ser la Constitución no permiten que exista tranquilidad para nuestros inversionistas?, ¿no dará tranquilidad una Constitución que se discuta sin atropello, permitiéndose el tiempo que le fue establecido?
Al ver el desarrollo de los acontecimientos me viene a la mente el Congreso puntofijista, aquél en el que hablaban unos pocos y las decisiones las tomaban unos pocos. El Congreso que se ganó el desprestigio de la gente, aquél que los venezolanos identificaban como un sitio de charlatanes, de personas comiendo, leyendo el periódico y alzando el brazo a la hora de las votaciones. De aquella institución en la cual se daban discursos bonitos cuando la televisión y demás medios de comunicación estaban presentes.
En Venezuela escogimos una ANC de manera democrática, le dimos el mandato a 131 personas para hacer una nueva Constitución, ese mandato fue para 131 no para unos 10 o 12. Queremos una Carta Magna verdadera, debatida en todos sus costados, el país estableció seis meses para ello, y si la discusión tiene que consumirlos que los consuma. El apuro no puede obedecer a la necesidad de ir rápido a elecciones mientras exista una popularidad alta del sector que apoya las tendencias dentro de la Asamblea. Este proceso es demasiado importante para el futuro de la nación como para pensar como en efecto pretende la ANC que una segunda discusión constitucional pueda darse en dos días, eso no son los tiempos que los venezolanos impusimos, son los tiempos del cronograma de la ANC. En esos dos días, por lo visto, quedará la suerte del derecho a la vida desde la concepción y la información oportuna y veraz.
Henrique Capriles Radonski es presidente de la Cámara de Diputados