Guillermo Pimentel
Aprovechando estos últimos ocho días que por quebrantos de salud me mantuvieron fuera de la oficina, hice una revisión desapasionada de las propuestas que he formulado a través de esta columna para la reactivación del aparato productivo del país.
1) Mi tesis se fundamenta en utilizar mecanismos sencillos y expeditivos para absorber desempleo, reducir la informalidad y en esta forma elevar la productividad y con ello la reactivación del aparato productivo del país. No obstante, me percaté de la ineludible necesidad de una intervención concertada del Ejecutivo Nacional con el propósito de facilitar el complejo proceso que nos ocupaba. Una de estas intervenciones, estaba constituida sin lugar a dudas, por los estímulos fiscales, mediante reducción y exoneración de ingresos como los concernientes al Débito Bancario y el Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) y lo que es más importante, tal vez un decidido y expreso estímulo a las exportaciones, especialmente en los sectores de la micro, pequeña y mediana empresa, particularmente en lo atinente a la concesión de créditos, a través de las instituciones financieras estatales, a tipos de interés racionalmente inferiores a los que privan en el actual mercado de la Banca Universal venezolana.
El Consejo Bancario ha anunciado su disposición a cumplir estrictamente con el compromiso contraído en el tan comentado acuerdo Banca/Gobierno, a pesar de que reconoce que la Superintendencia de Bancos tiene razón cuando afirma que varios puntos del acuerdo Banca/Gobierno no pueden cumplirse en un solo momento, tal y como afirma el Superintendente de Bancos, Francisco Debera, al afirmar que "los puntos del acuerdo entre la Banca y el Gobierno no se pueden cumplir en un solo momento, porque hay aspectos que necesitan tiempo para concretarse''. En este orden de ideas el Consejo Bancario Nacional asegura que la banca privada cumple su compromiso. Admitimos, asimismo, que sería muy recomendable la incorporación activa en este proceso de los organismos multilaterales de desarrollo, que por su naturaleza pueden ser fácilmente incorporados a programas de estas características: BID, Corporación Andina de Fomento y corporaciones interamericanas e internacionales diseñadas especialmente para estos propósitos.
Los procesos de privatización amparados por el Estado son indiscutiblemente elementos cuya incorporación a estos procesos no es nada desestimable. Es indiscutible sin embargo, el papel que juega la confianza en la psicología del mercado. De allí nuestra preocupación por la injerencia de la ANC en el campo económico, particularmente cuando atenta contra la economía de mercado, la libertad empresarial y otros tópicos neurálgicos, dado el papel preponderante que, como ya dijimos, juega la confianza en el desenvolvimiento del mercado. En este aspecto, el ímpetu del nuevo presidencialismo en la política exterior, muy especialmente en el campo de promoción internacional de la actividad económica del país. Muy esperanzadoras han resultado las reuniones del Ministerio de Finanzas con representantes del sector privado, quienes a través de importantes voceros como el actual vicepresidente de la Cámara Venezolana Americana, Antonio Herrera Vaillant, han manifestado que las reformas que adelanta la ANC "pertenecen al ámbito de los deseos, pero en el orden práctico, no tienen una aplicación realmente útil. En cambio, puede servir para entrampar más a la administración pública, que de por sí está muy amarrada por una serie de prácticas y leyes anacrónicas''. En una entrevista por la TV el ex ministro Miguel Rodríguez se hizo eco de estas mismas quejas, aun cuando fue mucho menos severo que los representantes del sector empresarial. Sobre el particular, vuelvo a reiterar el innegable valor de la confianza en la psicología del mercado, ello, sin que seamos partidarios de convertirnos en vasallos de ella. Como en todo país presidencialista, en este tendremos que esperar la opinión del Comandante Presidente o del Presidente Comandante Chávez Frías, quien ya nos ha dado muestras de su indiscutible influencia en todos los sectores políticos del país. Por de pronto ya sabemos de su decisión de no injerencia en las políticas del Banco Central de Venezuela. Esperamos en Dios que por de pronto no hayan cambios en estas posiciones.
Recientemente el Banco Industrial de Venezuela anuncia en propaganda divulgada por la prensa escrita y hablada, que está dispuesto a financiar sea cual fuere la dimensión del proyecto, a micro, pequeñas o medianas empresas en el ámbito de la producción industrial, garantizando en esta forma, una segura reactivación económica del sector. Recibimos con beneplácito el anuncio de la institución financiera pública y esperamos que el Gobierno esté en capacidad de fortalecerle la estructura, a fin de que cumpla con este plausible objetivo.
En una entrega anterior manifestábamos la importancia de las aportaciones del Estado para un decidido y expreso estímulo a las exportaciones, especialmente en sectores ya citados de la micro, mediana y pequeña empresa, en lo concerniente a la concesión de créditos a tipos de interés racionalmente inferiores a los priman en la Banca Universal venezolana. Ahora, después de ver con atención las ofertas del Banco Industrial de Venezuela, no nos queda sino reclamarle al Ejecutivo un eficaz apoyo a esta institución para que cumpla con este propósito y que le imprima la mayor urgencia a su expresa participación en lo concerniente al estímulo en los sectores de la micro, pequeña y mediana empresa y como lo exigíamos en su oportunidad, particularmente en lo atinente a la concesión de crédito a través de las instituciones financieras estatales. Como quedó dicho en aquella oportunidad, estas acciones van dirigidas a perfeccionar mecanismos sencillos y expeditivos para absorber desempleo y, simultáneamente, reducir la informalidad, medios a través de los cuales lograremos efectivamente elevar la productividad y con ello la verdadera reactivación del aparato productivo del país. Sigue asaltando nuestra preocupación el hecho de que en esta sociedad con atributos suficientes para ser rica, sin quererlo se haya venido incubando un inmenso contingente de mendigos y pedigüeños que se ve estimulada por esa suerte de generosidad presidencial, que evoca la que distinguió a uno de nuestros últimos tiranos: el general Juan Vicente Gómez, en etapa afortunadamente ya superada de nuestra historia.
(*) Economista. Ex superintendente de Bancos. Ex director ejecutivo del BID [11/9/99]