PDVSA: Notas Constitucionales
Desde su constitución, Petróleos de Venezuela ha sido
una empresa de propiedad exclusiva del Estado venezolano.
Esa condición es la única fórmula viable y garantía que
tenemos todos y cada uno de los venezolanos de ser
propietarios de nuestra principal industria.
- La propiedad estatal sobre Petróleos de Venezuela no ha
sido ni será nunca impedimento para la realización de
negocios, convenios, asociaciones y contratos con el sector
privado nacional y extranjero.
- Venezuela es uno de los países con mayores reservas de
crudos livianos, medianos y pesados, las cuales durarán por
varias décadas. Además, sus recursos de hidrocarburos
extrapesados, que apenas están comenzando a ser producidos
y mejorados, durarán mucho más. La única garantía de que
nuestros hijos y nietos tengan alguna potestad sobre esa
riqueza futura es que PDVSA siga siendo propiedad colectiva,
controlada por el Estado.
- Petróleos de Venezuela es la segunda empresa petrolera
del mundo y la número 18 entre las más grandes
corporaciones industriales. Constituye por ello un
instrumento estratégico fundamental para garantizarle a
Venezuela una posición protagónica en el mundo actual y en
el del futuro.
- Petróleos de Venezuela es una de las más importantes
empresas petroleras del mundo. Por esa privilegiada
condición, poderosos intereses internacionales mueven todos
sus recursos para obtener participación en ella y realizan
toda clase de maniobras para convencer a los venezolanos de
que deben vender parte de ella o repartir su capital
accionario para que el mismo pueda ser negociado en el
mercado de capitales. Los venezolanos de hoy tenemos el
deber de resistir esas presiones y tratar de impedir que en
el futuro esas presiones antinacionales tengan éxito. La
única manera de hacerlo ahora es otorgándole rango
constitucional a la propiedad del Estado sobre la totalidad
de las acciones de PDVSA. Ello evitará además, el que se
apele a otras vías para obtener el mismo fin privatizador,
como sería el de proponerlo en un referendum, en el cual
los grandes capitales invertirían todos los recursos a su
alcance para ofrecer villas y castillos a los venezolanos a
cambio de la entrega de PDVSA.
- Si existen poderosos capitales internacionales que
quieren comprar a PDVSA, también existen grupos poderosos
de venezolanos que quieren venderla y recibir por ello una
buena ganancia personal. Tal fue el caso del gobierno
anterior, donde se dieron todos los pasos necesarios en ese
sentido, desde el envilecimiento de todos los instrumentos
de percepción fiscal y la suscripción de convenios lesivos
para el interés nacional, hasta el boicot a la OPEP
mediante una masiva sobreproducción, lo cual propició la
caída de los precios y con ellos, el del propio valor de
PDVSA, faltando sólo el escalón final: la venta masiva de
acciones. Por eso, para que no puedan reeditarse esas
tentaciones antinacionales, es necesario blindar
constitucionalmente a PDVSA.
- Vender partes del capital accionario de PDVSA significa
entregar parte de sus potestades, hasta ahora exclusivas y
soberanas, de planificar y decidir las magnitudes y el
sentido de sus operaciones de exploración, producción,
manufactura y comercialización.
- Repartir el capital accionario de PDVSA entre los
venezolanos actuales equivale a desheredar a los venezolanos
del futuro de un inmenso patrimonio, pues esas acciones
serán negociadas para convertirlas en consumos inmediatos y
terminarán inevitablemente en manos de los únicos que,
además del Estado venezolano, tienen la capacidad
financiera y técnica para manejar esa industria: el capital
petrolero internacional.
- Repartir el capital accionario de PDVSA equivale a
repartir los ladrillos de una casa: se destruye la casa y
nadie puede hacer algo productivo con un solo ladrillo, como
no sea venderlo.
- Petróleos de Venezuela es una unidad operativa que debe
responder a un mando y una orientación estratégica acordes
con el interés de sus propietarios colectivos. Se pueden
establecer empresas mixtas y asociaciones estratégicas,
para negociaciones específicas, tipo Orimulsión,
petroquímica, mercadeo interno, etc., algunas de las cuales
ya existen, como SINCOR y PetroZuata, pero no es necesario,
ni conveniente al interés nacional, compartir las propiedad
sobre el ente ejecutor por excelencia de la política
petrolera pública.
- Petróleos de Venezuela es una sociedad anónima con un
único accionista, el Estado venezolano. Esa figura del
dominio mercantil se le otorgó para permitir que fijara
sueldos a los niveles vigentes entonces en la industria
petrolera privada, que multiplicaban por diez a los
determinados por la Ley de la Administración centralizada.
Esto se hizo para evitar una "fuga de cerebros"
con la que amenazaban los hombres de confianza de Creole y
Shell que luego asumieron el comando de las operadoras
nacionalizadas. Esa figura de sociedad anónima le otorga
flexibilidad en sus actividades dentro del negocio
petrolero, pero no niega su condición de empresa estatal.
- En los gobiernos anteriores se liquidó la capacidad
fiscalizadora del Estado sobre las actividades petroleras,
convirtiendo al Ministerio de Energía y Minas en un
cascarón vacío sin capacidad técnica que renunció a sus
atribuciones de fijación de la política petrolera. Se
envilecieron todos los instrumentos legales y reglamentarios
que garantizaban la participación del Estado en el negocio
petrolero, eliminando el Valor Fiscal de Exportación,
disminuyendo en 33 puntos (de 67,5% a 34%) el Impuesto Sobre
la Renta aplicable a los contratos operativos, asociaciones
estratégicas y otros convenios con el capital petrolero
internacional, en los cuales también se hizo casi
desaparecer la Regalía, llevándola desde 16,66% hasta un
1%. Luego de cumplir estas "tareas", los
anteriores dirigentes petroleros convocaron al capital
internacional a una "apertura" en condiciones
peores a las existentes en el período concesionario entre
1920 y 1975 y se suscribieron contratos operativos,
asociaciones estratégicas y convenios de asociación bajo
el esquema de ganancias compartidas, que garantizarán a las
compañías extranjeras una parte sustancial de la
producción petrolera venezolana futura, pues se estima que
en esas asociaciones y contratos se producirá, en pocos
años, más de dos millones de barriles diarios. Esto, mas
la entrega a empresas privadas de actividades "no
medulares", (como la generación de electricidad, las
comunicaciones y la informática) bajo la figura del
"outsourcing", conforman pasos decisivos hacia la
privatización de PDVSA. La venta de acciones hubiera sido
la santificación de un proceso en el cual ya llevábamos un
largo trecho recorrido. Hasta la reestructuración interna
de PDVSA, mediante la cual se eliminaron las tres operadoras
Lagoven, Maraven y Corpoven, facilitaba las cosas: porque se
redujeron los niveles de toma de decisiones y porque siempre
será más fácil cortar una sola cabeza que cuatro. Todo
estaba listo y, de haber triunfado la vieja política el 6
de diciembre, a estas alturas ya una parte de PDVSA habría
sido vendida, los precios estarían todavía en el foso y el
país en peores condiciones que las actuales. Eso no debe
volver a suceder y para impedirlo es necesario blindar
constitucionalmente la propiedad estatal sobre la empresa
operadora y principal ejecutora de política petrolera
venezolana.A: temas constitucionales
Desde su constitución, Petróleos de Venezuela ha sido
una empresa de propiedad exclusiva del Estado venezolano.
Esa condición es la única fórmula viable y garantía que
tenemos todos y cada uno de los venezolanos de ser
propietarios de nuestra principal industria.
- La propiedad estatal sobre Petróleos de Venezuela no ha
sido ni será nunca impedimento para la realización de
negocios, convenios, asociaciones y contratos con el sector
privado nacional y extranjero.
- Venezuela es uno de los países con mayores reservas de
crudos livianos, medianos y pesados, las cuales durarán por
varias décadas. Además, sus recursos de hidrocarburos
extrapesados, que apenas están comenzando a ser producidos
y mejorados, durarán mucho más. La única garantía de que
nuestros hijos y nietos tengan alguna potestad sobre esa
riqueza futura es que PDVSA siga siendo propiedad colectiva,
controlada por el Estado.
- Petróleos de Venezuela es la segunda empresa petrolera
del mundo y la número 18 entre las más grandes
corporaciones industriales. Constituye por ello un
instrumento estratégico fundamental para garantizarle a
Venezuela una posición protagónica en el mundo actual y en
el del futuro.
- Petróleos de Venezuela es una de las más importantes
empresas petroleras del mundo. Por esa privilegiada
condición, poderosos intereses internacionales mueven todos
sus recursos para obtener participación en ella y realizan
toda clase de maniobras para convencer a los venezolanos de
que deben vender parte de ella o repartir su capital
accionario para que el mismo pueda ser negociado en el
mercado de capitales. Los venezolanos de hoy tenemos el
deber de resistir esas presiones y tratar de impedir que en
el futuro esas presiones antinacionales tengan éxito. La
única manera de hacerlo ahora es otorgándole rango
constitucional a la propiedad del Estado sobre la totalidad
de las acciones de PDVSA. Ello evitará además, el que se
apele a otras vías para obtener el mismo fin privatizador,
como sería el de proponerlo en un referendum, en el cual
los grandes capitales invertirían todos los recursos a su
alcance para ofrecer villas y castillos a los venezolanos a
cambio de la entrega de PDVSA.
- Si existen poderosos capitales internacionales que
quieren comprar a PDVSA, también existen grupos poderosos
de venezolanos que quieren venderla y recibir por ello una
buena ganancia personal. Tal fue el caso del gobierno
anterior, donde se dieron todos los pasos necesarios en ese
sentido, desde el envilecimiento de todos los instrumentos
de percepción fiscal y la suscripción de convenios lesivos
para el interés nacional, hasta el boicot a la OPEP
mediante una masiva sobreproducción, lo cual propició la
caída de los precios y con ellos, el del propio valor de
PDVSA, faltando sólo el escalón final: la venta masiva de
acciones. Por eso, para que no puedan reeditarse esas
tentaciones antinacionales, es necesario blindar
constitucionalmente a PDVSA.
- Vender partes del capital accionario de PDVSA significa
entregar parte de sus potestades, hasta ahora exclusivas y
soberanas, de planificar y decidir las magnitudes y el
sentido de sus operaciones de exploración, producción,
manufactura y comercialización.
- Repartir el capital accionario de PDVSA entre los
venezolanos actuales equivale a desheredar a los venezolanos
del futuro de un inmenso patrimonio, pues esas acciones
serán negociadas para convertirlas en consumos inmediatos y
terminarán inevitablemente en manos de los únicos que,
además del Estado venezolano, tienen la capacidad
financiera y técnica para manejar esa industria: el capital
petrolero internacional.
- Repartir el capital accionario de PDVSA equivale a
repartir los ladrillos de una casa: se destruye la casa y
nadie puede hacer algo productivo con un solo ladrillo, como
no sea venderlo.
- Petróleos de Venezuela es una unidad operativa que debe
responder a un mando y una orientación estratégica acordes
con el interés de sus propietarios colectivos. Se pueden
establecer empresas mixtas y asociaciones estratégicas,
para negociaciones específicas, tipo Orimulsión,
petroquímica, mercadeo interno, etc., algunas de las cuales
ya existen, como SINCOR y PetroZuata, pero no es necesario,
ni conveniente al interés nacional, compartir las propiedad
sobre el ente ejecutor por excelencia de la política
petrolera pública.
- Petróleos de Venezuela es una sociedad anónima con un
único accionista, el Estado venezolano. Esa figura del
dominio mercantil se le otorgó para permitir que fijara
sueldos a los niveles vigentes entonces en la industria
petrolera privada, que multiplicaban por diez a los
determinados por la Ley de la Administración centralizada.
Esto se hizo para evitar una "fuga de cerebros"
con la que amenazaban los hombres de confianza de Creole y
Shell que luego asumieron el comando de las operadoras
nacionalizadas. Esa figura de sociedad anónima le otorga
flexibilidad en sus actividades dentro del negocio
petrolero, pero no niega su condición de empresa estatal.
- En los gobiernos anteriores se liquidó la capacidad
fiscalizadora del Estado sobre las actividades petroleras,
convirtiendo al Ministerio de Energía y Minas en un
cascarón vacío sin capacidad técnica que renunció a sus
atribuciones de fijación de la política petrolera. Se
envilecieron todos los instrumentos legales y reglamentarios
que garantizaban la participación del Estado en el negocio
petrolero, eliminando el Valor Fiscal de Exportación,
disminuyendo en 33 puntos (de 67,5% a 34%) el Impuesto Sobre
la Renta aplicable a los contratos operativos, asociaciones
estratégicas y otros convenios con el capital petrolero
internacional, en los cuales también se hizo casi
desaparecer la Regalía, llevándola desde 16,66% hasta un
1%. Luego de cumplir estas "tareas", los
anteriores dirigentes petroleros convocaron al capital
internacional a una "apertura" en condiciones
peores a las existentes en el período concesionario entre
1920 y 1975 y se suscribieron contratos operativos,
asociaciones estratégicas y convenios de asociación bajo
el esquema de ganancias compartidas, que garantizarán a las
compañías extranjeras una parte sustancial de la
producción petrolera venezolana futura, pues se estima que
en esas asociaciones y contratos se producirá, en pocos
años, más de dos millones de barriles diarios. Esto, mas
la entrega a empresas privadas de actividades "no
medulares", (como la generación de electricidad, las
comunicaciones y la informática) bajo la figura del
"outsourcing", conforman pasos decisivos hacia la
privatización de PDVSA. La venta de acciones hubiera sido
la santificación de un proceso en el cual ya llevábamos un
largo trecho recorrido. Hasta la reestructuración interna
de PDVSA, mediante la cual se eliminaron las tres operadoras
Lagoven, Maraven y Corpoven, facilitaba las cosas: porque se
redujeron los niveles de toma de decisiones y porque siempre
será más fácil cortar una sola cabeza que cuatro. Todo
estaba listo y, de haber triunfado la vieja política el 6
de diciembre, a estas alturas ya una parte de PDVSA habría
sido vendida, los precios estarían todavía en el foso y el
país en peores condiciones que las actuales. Eso no debe
volver a suceder y para impedirlo es necesario blindar
constitucionalmente la propiedad estatal sobre la empresa
operadora y principal ejecutora la política petrolera
venezolana.