Confusión revolucionaria

Oscar García Mendoza

En los últimos tiempos, un numero cada vez mayor de articulistas apelan al Diccionario de la Lengua Española (DRAE), para tratar de aclarar conceptos utilizados de manera cada vez más confusa en ésta época de palabrería hueca en la que vivimos.

Por ejemplo, el Presidente de la República se refiere continuamente a la situación como una “revolución pacífica”. Resulta que “revolución” según el DRAE es un “cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”, mientras que la palabra “pacífica” significa “en paz, no alterado por guerras o disturbios”. Evidentemente que existe una contradicción entre los dos términos. Una revolución o no es pacífica o no es revolución. ¿Qué es lo que tenemos hoy en Venezuela de esos dos conceptos que al Presidente le gusta poner juntos?

Sin duda que violencia hay y mucha. Los periódicos así lo confirman a diario. Hay violencia en la calle, en las cárceles, en los hogares atacados por el hampa. Hay violencia extrema generada por el desempleo, por el hambre, por la falta de seguridad pública y de justicia. Hay mucha violencia que parece tener más fuerza que todas las instituciones que se suponen están allí para contenerla. En ese sentido, si hay una verdadera revolución en Venezuela, una revolución violenta, que temen a diario todos los venezolanos cuando están dentro o fuera de sus casas.

Entonces, sí hay violencia. Pero, ¿y la paz?.  ¿Dónde está la paz?.  En paz se están terminando de desvanecer las pocas y débiles instituciones del país. En paz están siendo enterradas. Han comenzado a gozar de la paz de los sepulcros. Desaparece en paz una constitución sin duda imperfecta, para dar lugar a un texto apurado que recoge los intereses de numerosos cazadores de renta. Desaparece en paz un precario Congreso de la República, para ser reemplazado por una nueva figura, parida en medio de apuros electorales de una también muy precaria Asamblea Constituyente. Desaparece en paz un modelo de intervención del Estado en la economía que ya probó haber fracasado, para dar paso a otro mas intervencionista aún. Más que cambio o renovación de las instituciones, a lo que estamos asistiendo en Venezuela, es a la muerte en paz de la institucionalidad misma. Sin duda, eso está ocurriendo sin violencia.

La democracia necesita de muchas instituciones sólidas y ella en si misma es una institución altamente sofisticada.  El Presidente pareciera a veces no entender que él está allí en el gobierno, precisamente gracias a esas instituciones. Hoy su popularidad parece confundirlo y hacerle pensar que el respaldo popular es la única institución válida en la sociedad. El peligro de esa visión es que cuando la popularidad caiga (y caerá mientras exista la ley de la gravedad) el gobierno y el país se quedarán en una situación de mayor precariedad institucional de la que tenemos hoy. A partir de allí corremos el peligro de que lo que transcurrió en paz, degenere en caos.

Entonces, ¿dónde estamos? y ¿dónde queremos ir?. Quizás estamos en la etapa no de la revolución pacífica, sino más bien de la confusión revolucionaria. De un lado tenemos una gran violencia en medio de la cual no se están produciendo ningunos cambios institucionales positivos para el país. De otro, tenemos una gran paz en medio de la cual están agonizando precarias instituciones. De manera que sí hay violencia y sí hay paz a la vez. Solo que donde hay violencia no hay ninguna renovación institucional y donde hay paz, sólo hay destrucción.

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