¿Más vale malo conocido?  

Roberto Blum

Ciudad de México (AIPE) Las recientes elecciones primarias del PRI deben hacernos reflexionar profundamente. Los 10 millones de votos que el PRI alega haber movilizado para sus primarias son una cifra impresionante. Es cierto que unos 50 millones de mexicanos decidieron no engordarle más el caldo a Labastida y se abstuvieron de sufragar en un proceso en el que todo estaba anunciado de antemano. Sin embargo, esos resultados no se pueden desechar así como así.

Aún si se considera que los "mapaches" del sistema anduvieron el domingo sumamente activos para asegurar el triunfo del "candidato oficial", los votantes enviaron varias señales de gran importancia para toda la oposición.

Todavía esas corporaciones controlan a gran parte de los campesinos y a una parte importante de los obreros industriales mexicanos. Si muchos pobres y miserables votan por el PRI y los mexicanos encuadrados en las corporaciones oficialistas también lo hacen, ¿qué pasa con aquellos mexicanos de la clase media y la clase pudiente?

Los resultados de las primarias priístas nos indican ciertas tendencias que no se pueden echar en saco roto. Una parte importante de la clase media urbana no está encuadrada en las corporaciones priístas, pero también es cierto que un buen número de ellos, los que realizan trabajos burocráticos para el gobierno federal o los gobiernos estatales y municipales sí lo están. Los sindicatos de maestros, los de burócratas, por ejemplo, todavía son capaces de movilizar e inducir votos para el partido de gobierno. El control que ejercen estas corporaciones es sin duda menor al que se observaba en el pasado, pero todavía existe y goza de cabal salud.

¿Y los ricos?Sin duda también están comprometidos con el sistema. Su interés es evitar que el sistema político que los ha favorecido mucho cambie en un sentido más democrático. Si las cosas están bien ahora, ¿para qué cambiar? La coalición pro sistémica en México es todavía muy fuerte, casi invencible, como lo demostró las primarias del PRI.

La oposición deberá considerar seriamente las lecciones del 7 de noviembre, para diseñar una estrategia ganadora en julio del 2000. Si no lo hace, Cuauhtémoc podrá iniciar desde ya su campaña para el 2006 y Fox se tendrá que regresar al rancho a Guanajuato. Lo grave es que México no aguantará otros seis años de más de lo mismo. El futuro de México está verdaderamente en juego. ©

Investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC.roberteblum@compuserve.com