Colegio Andino ganó premio ambiental de América
Los alumnos de este colegio alemán se unieron a los niños de la calle del Hogar Monserrate, en el Sisga, para reforestar la zona, y luego también se sumaron a los estudiantes de la Fundación Ana Restrepo del Corral para salvar la quebrada El Chuscal., en Bogotá.
Las clases sociales se unieron para luchar por un fin común: el medio ambiente. Alumnos de los colegios Andino de Bogotá, de estrato alto, y de la Fundación Ana Restrepo del Corral, de bajo, están empeñados en salvar la quebrada El Chuscal, en Bogotá.
Remangados, varios jóvenes de ambos colegios jalaban el jueves pasado un enorme plástico atascado en la quebrada. Todos, unidos, dan la pelea contra algunos sectores de la comunidad de unos cinco barrios aledaños que arrojan ropa, botellas, escombros y hasta llantas a este cuerpo de agua, que nace en los cerros orientales y baja por la calle 130, arriba de la carrera Séptima.
A los estudiantes solo los separaba el color de los uniformes. Unos de verde y los otros de azul, pero todos bajando de la montaña bolsas negras llenas de desperdicios.
Aunque al principio se sintieron algo extraños, al final la ecología los unió. "Es superconstructiva la experiencia. Sirve para ayudar al ecosistema y fuera de eso es la unión de dos escuelas", dijo Manuela Vélez, estudiante del Andino. "Ellos (los del Andino) están emocionadísimos recogiendo todo", señaló extrañada una alumna de la Fundación Ana Restrepo, la cual imparte educación gratuita.
La idea de trabajar entre clases sociales diferentes, e incluso nacionalidades, fue del colegio Andino. "Para vivir en paz, los jóvenes tienen que aprender que todos somos humanos, aunque unos tienen más posibilidades que otros. Vivimos en una isla y los alumnos no saben de la situación de otros barrios de la ciudad", dice Wolfgang Busch, profesor de biología y química del colegio alemán, y quien ha impulsado el proyecto.
En la limpieza y reforestación de la quebrada ya venían trabajando desde unos cinco años atrás los alumnos de la Fundación Educacional Ana Restrepo del Corral, los profesores y la comunidad. Y aunque han limpiado mucho y sembrado unos 350 árboles, aún falta hacer más para rescatarla.
"Estamos contentos de la vinculación de los estudiantes del Andino. Son diferentes condiciones sociales, pero con un mismo fin", dijo Stella Sofía Valenzuela, rectora de la Fundación.
A adoptar árboles
Pero no es la primera vez que se realiza este trabajo. Cerca de la represa del Sisga -a hora y media de Bogotá por la vía a Tunja- la evidencia de un trabajo mancomunado está sembrada en un monte vecino al Hogar Monserrate, donde viven niños de la calle que, junto con los estudiantes del Andino, reforestaron el lugar.
Cada arbolito tiene una placa con los nombres de un joven del Andino y uno de los niños de la calle, que los hace responsables del crecimiento de cada plantica.
"En los primeros días hubo problemas con la actitud de nuestros alumnos; hoy preguntan ¿cuándo vamos otra vez?", dice Busch.
Este entusiasmo y el trabajo entre clases sociales diferentes los hizo merecer un premio anual que otorga la Academia para la Educación Ambiental de Alemania, en la que concursaron los 180 colegios alemanes de todo el mundo.
"Un país no tiene futuro si los ricos no se dan cuenta de que hay otro grupo que vive en circunstancias diferentes; hay que perder el miedo de acercarse a los demás colombianos, llamarles la atención que todos cantan el mismo Himno Nacional. No se exige que mañana bailen juntos, pero sí romper las barreras de las clases sociales", dijo Wolfgang Baier, rector del Andino, refiriéndose a este proyecto social y ecológico.
Baier explicó que el colegio fue el ganador de América y que recibirá un diploma de 'Escuela Ambiental de América' del Ministerio del Medio Ambiente de Alemania y 1,2 millones de pesos para reforestar.
Pero el premio fue mayor. Los jóvenes del Andino quedaron sorprendidos con el gran deseo de conocimiento que tenían los niños menos favorecidos del Hogar Monserrate, del buen trato entre sí y de la amabilidad con que los recibieron.
Entonces, se convirtieron en profesores y les enseñaron sobre la estructura de las plantas, análisis de suelos, abono natural y artificial, y crecimiento de plantas a partir de semillas y plántulas.
"Además de poder ayudar a que el hogar sea un lugar mejor, podemos estar con estos niños, aprender de ellos. Es un trabajo gratificante", fue el testimonio de una alumna, que refleja el pensamiento de quienes voluntariamente participaron en este proyecto.
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