Cita iberoamericana en Cuba
Don Juan Carlos no se sentó en el trono real porque "no hubiera cabido, me hubiese querido sentar con todos los españoles"
MÀRIUS CAROL, ENVIADO ESPECIAL; LA HABANA. - "Malestar y sorpresa" causó en la delegación española la gélida acogida que tuvieron los Reyes y el matrimonio Aznar en su paseo por las calles de La Habana Vieja, donde desaparecieron como por encanto los cubanos. Fidel Castro, que había confirmado extraoficialmente su presencia durante el recorrido de sus ilustres invitados por el centro histórico, tampoco acudió a la cita. Si no hubiera sido por los más de 300 periodistas encargados de cubrir la noticia y por los numerosos policías responsables de la seguridad, el itinerario del jefe de Estado y del presidente del Gobierno hubiera parecido el paseo por una ciudad fantasma.
Un alto funcionario de la Moncloa subrayó que "han secuestrado al pueblo" para que no pudiera acercarse a los Reyes. Un periodista anglosajón explicó que el bullicio en el casco histórico de La Habana, que es patrimonio de la humanidad, empezaba a partir del cinturón de seguridad en torno a la visita.
Cuesta entender las razones por las cuales el comandante ha querido desairar a la pareja real y al jefe del Ejecutivo español, cuando cuarenta y ocho horas antes el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, proclamaba que los Reyes no podrían aguantar el calor de los aplausos y el fervor del pueblo cubano, casi al mismo tiempo que Eusebio Leal, el historiador oficial de La Habana, que hizo las veces de cicerone de los invitados españoles, declaraba a este diario que, desde que pisaran tierra cubana, notarían el cariño del pueblo.
Fuentes cercanas al palacio de la Zarzuela, disgustadas por cómo se había desarrollado la actividad de la mañana, preferían no hacer interpretaciones, porque "la castrología es una ciencia oculta", al revés que el estado democrático en que las cosas siempre tienen una explicación racional.
En cualquier caso, no resulta una temeridad pensar que Castro ha querido responder así sus vanos intentos de dar mayor entidad a la visita real, pues apenas ha conseguido que don Juan Carlos y doña Sofía estén unas horas más de las inicialmente previstas en la isla para asistir a la Cumbre Iberoamericana, en lo que ha sido calificada de "estancia privada con proyección pública".
Las duras declaraciones del presidente Aznar antes de salir de Honduras con destino a la cumbre respecto al régimen cubano tampoco habrían contribuido a mejorar el clima. Pero el mal comienzo de esta visita va a poner muy difícil que los Reyes vuelvan a corto plazo a este país que fue durante cuatro siglos colonia española, dando la razón a los que eran más decididamente contrarios al viaje de Estado.
El recorrido de la amplia delegación española, que además de los Reyes y el matrimonio Aznar, incluía a dos ministros el Gobierno, como Abel Matutes y Josep Piqué, así como destacados altos cargos de la Administración, incluyó la plaza de la catedral, la calle Mercaderes, la plaza Vieja, el convento de San Francisco, la Lonja de Comercio y la plaza de Armas, donde se encuentra el palacio de los Capitanes Generales. Este recinto, que fue la sede del gobernador español de la isla, contiene un salón del trono, presidido por un cuadro de la reina regente María Cristina, con el niño Alfonso XII a su lado. Pero también un trono en el que nunca se ha sentado un monarca español.
Los Reyes se fotografiaron al lado del sillón de terciopelo rojo, con la corona real en lo alto del respaldo. Al ser preguntado por qué no se había sentado en él, don Juan Carlos contestó: "No hubiera cabido, porque me hubiese querido sentar con todos los españoles". Era una sutil manera de recordar que antes la soberanía recaía en el rey, pero que ahora corresponde al pueblo español.
La Vanguardia Digital (España), 16 de noviembre de 1999