LA HABANA. Enrique Serbeto, enviado especial
El Gobierno cubano ha acusado a EE.UU. de intentar boicotear la IX Cumbre Iberoamericana y le culpa de la efervescencia de la oposición interna en torno a esta reunión. El ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque, advirtió que la legislación que reprime las manifestaciones «sigue en vigor», dando a entender que las personas que se reúnan con delegaciones extranjeras pueden ser objeto de represalias futuras.
El nuevo ministro cubano de Asuntos Exteriores parece haber empezado a sentirse cómodo en la piel de su nuevo cargo, ya ha dejado de ser un hombre gris y rígido, y comienza a dar una imagen desenvuelta y hasta frívola. Los que le conocen de cerca aseguran que si antes se sentía incómodo en público, ahora no le hace ascos a presentarse ante grandes auditorios e «incluso parece que le gusta». La rueda de Prensa de ayer, con la que oficiosamente se daba comienzo a los trabajos de la IX Cumbre de países iberoamericanos, le sirvió para insistir en las dos ideas centrales que persigue la dipolomacia cubana en relación a este acontecimiento: que Estados Unidos (que no participa) está tratando de boicotearlo y que no ha existido ningún conflicto diplomático con Espana a propósito de la calidad de la visita del Rey Juan Carlos al país.
La acusación contra Estados Unidos llegó a propósito de la difusión de una carta que supuestamente habría hecho llegar la secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, a varios de los presidentes que van a asistir a la cumbre de La Habana. En el texto que han difundido las autoridades, la jefa de la diplomacia norteamericana indica a su interlocutor que le pide «ayuda para la protección de los derechos humanos y la promoción de reformas políticas en Cuba». Según Pérez Roque, esa carta forma parte de los «sostenidos esfuerzos» de Estados Unidos para boicotear la cumbre.
El ministro cubano insistió en que los líderes americanos y europeos que asistan a la reunión son libres de decidir con quienes desean entrevistarse («no los vamos a tener esposados...», dijo Pérez Roque), incluyendo a quienes definió como «pequeñas criaturas» o «reaccionarios» y a los que el Gobierno cubano «no concede la menor importancia». Según fuentes de la oposición, cinco jefes de delegación, incluyendo al presidente del Gobierno español, José María Aznar, tienen previsto reunirse con disidentes en el transcurso de su estancia en La Habana. Pero para aquellos que acudan a estas reuniones, les advirtió, en la línea de lo que había adelantado el propio Fidel Castro, que «las leyes cubanas están vigentes». En lo que va de mes han sido detenidos no menos de 150 opositores, reveló ayer un portavoz de la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación.
Tan metido se mostró Pérez Roque en su papel de la nueva cara joven de la diplomacia cubana, que no dudó en hacer un ejercicio de equilibrismo diplomático para negar que hubiese habido tensiones con España a propósito de la visita de los Reyes que, como se ha anunciado oficialmente en Madrid, no es una visita a Cuba sino la asistencia a la cumbre y un programa «privado de proyeccion pública» en La Habana. Pasando por alto las discusiones sobre la residencia en la que los cubanos quisieron que los Reyes se alojasen y otros detalles que han sido motivo de fuertes discusiones, Pérez Roque dijo que los Monarcas son bienvenidos y que Cuba está dispuesta a recibirlos en visita de Estado cuando lo consideren oportuno.
ÚLTIMAS DETENCIONES
Por otra parte, José María Aznar confía en que el régimen castrista actúe de forma que la cumbre no se vea perturbada, informa Luis Ayllón. Así lo dio a entender ayer en Tegucigalpa al ser preguntada su opinión ante las últimas detenciones de disidentes llevadas a cabo por la Policía cubana. «Espero -dijo- que las nuevas dificultades que están surgiendo sean resueltas y que nada perturbe el concentrarse en la cumbre».