¿Tremenda Constitución?

Juan M. Raffalli A.

Para este momento muy posiblemente ya habrá concluido el segundo mateo del texto constitucional, es decir, la discusión de los constituyentes con el Presidente de la República y no con el país. Se habrá consumado así, en el inexplicable e insólito plazo de cuarenta y ocho horas, una revisión del proyecto de Constitución, sin una discusión profunda, abierta y amplia, con los sectores más representativos de la vida nacional. Se ha caído así en el viejo truco de oír a todos pero no escuchar a nadie, cuya última manifestación legislativa fue la Ley Orgánica del Trabajo del año 90, inevitablemente reformada siete años después de algnos de sus aspectos fundamentales. Nos preguntamos, ¿será que la nueva Constitución, de ser aprobada, correrá la misma suerte?

El país, profunda e inevitablemente dividido luego de la campaña electoral presidencial, exzalta hoy aún más esa condición. Todas las advertencias sobre los riesgos de imponer cambios sin medir costos y consecuencias, son desechados con argumentos vacíos como, 'debemos cambiar' (no importa hacia dónde), o 'las quejas son remilgos de las élites intelectuales'. Pero lo cierto es que ninguno de nosotros quiere que este proceso fracase y las advertencias que legítima, constructiva y desesperadamente, hemos manifestado muchos venezolanos, no tienen otro norte que una Venezuela mejor y están basadas en razonamientos y conocimientos muy bien fundados; mientras que los constituyentes confiesan a diario 'no haber sacado la cuenta', amén de 'no haberse paseado' por las derivaciones inconvenientes de algunas normas aprobadas.

El Presidente de la República afirma que se trata de una 'Tremenda Constitución'. A su decir, no importa que no tengamos dinero para costear los derechos que ella garantiza a los venezolanos, pues esos derechos hay que reconocerlos. Ahora entendemos bien por qué una de las palabras más utilizadas en el proeycto es gratuito. Lo cierto del caso es que cuando la gente se de cuenta de la imposibilidad que tiene y tendrá el Estado para cumplir y hacer cumplir esos derechos eficientemente, la nueva Constitución que los consagre adquirirá ipso facto la popular, infeliz y lamentable connotación de 'moribunda'. A ello hay que añadir que temas importantes y vistosos como la información veraz, el aborto y la seguridad social, han impedido que la gente examine y evalúe el modelo de Estado que está planteado en el proyecto constitucional. Mucho Estado y poco sector privado, mucho Presidente y poco liderazgo regioinal. Utilizando frases del padre Mikel De Vianna, es un Estado 'metiche' y para mi gusto peligrosamente centralista.

Como guinda sobre el helado hay que resaltar que ese modelo de Estado, además ha sido concebido de manera inoperante e incoherente, lo cual conduce directamente a su inviabilidad. La Constitución es un sistema integrado, una especie de motor que mueve al país utilizando las leyes y los actos de la administración pública como combustible. Si las piezas no engranan el motor no fu nciona y es evidente que el proyecto que se nos presenta está lleno de contradicciones insalvables y metas irrealizables. Precisamente por ello, suscribo el criterio del amigo Maxim Ross quien invitó desde estas mismas páginas al Presidente de la República a liderar el movimiento hacia el NO, habida cuetna de que será el mismo y su equipo de gobierno, quienes, cargando con su inocultable y pesada condición de poder constituido deberán lidiar con esa 'tremanda constitución' impagable e inejecutable a decir del propio Presidente.

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