La 'Ronda del Milenio' amenaza el estilo europeo de vida

Jacques Attali

La reunión de la Organización Mundial de Comercio, que se celebrará en Seattle en noviembre, iniciará negociaciones que pretenden liberalizar el comercio en productos agrícolas, servicios, propiedad intelectual e inversiones para el año 2002. Estas negociaciones han sido llamadas 'La Ronda del Milenio'.

La amenaza de la Ronda del Milenio para Europa es una batalla de magnitud totalmente diferente a la de anteriores disputas comerciales. Si no nos cuidamos contra el dominio de América en las nuevas tecnologías de telecomunicaciones y de su poder virtual sobre las imágenes, iconos e información globales, causará un caos para los intereses de Europa.

A primera vista, nada pudiera ser más digno de alabanza que garantizar libre acceso para todos al mercado de otros. Pero todo el concepto dista de ser ingenuo. En lenguaje claro, la liberalización significaría que todas las compañías del extranjero tendrían las mismas ventajas y los mismos subsidios que los productores nacionales. Esto se aplicaría a los servicios comerciales, hoteles, telecomunicaciones, bancos, obras públicas, obras editoriales, servicios de recreación y cultura, transporte, educación y servicios para la salud.

Necesitamos considerar cuidadosamente las consecuencias. No sólo llevaría esto a la desregulación y privatización obligatoria de todos los servicios públicos, sin importar lo que hubiesen decidido los ciudadanos de ese país, sino también a la desaparición de muchos instrumentos de la soberanía nacional.

Las cadenas americanas de cuidados médicos y los hospitales públicos de Francia, por ejemplo, serían tratados con igualdad. También las cadenas americanas y las estaciones europeas de televisión, así como los editores americanos y europeos. En Francia, esta clase de liberalización del comercio significaría el fin de la seguridad social, del precio uniforme para los libros, de las cuotas (y subsidios) de 'excepción cultural' para el cine y la televisión, y de la igualdad con respecto a la atención médica y la educación.

La amenaza

La amenaza no es teórica. En tres años, si la Ronda del Milenio continúa en su curso, todo lo que caracteriza a la especificidad del modelo europeo de desarrollo desaparecería. Y durante todas estas negociaciones, el director general de la OMC será Mickey Moore, quien fuera primer ministro del Partido Labor de Nueva Zelanda, respaldado por Estados Unidos.

La apertura de estas negociaciones, y tales designaciones, no son cosa del azar. Las grandes empresas americanas de cultura, telecomunicaciones, servicios financieros y atención a la salud, como todas las empresas, no tienen otra opción más que ampliar sus mercados para seguir siendo rentables. Es por ello vital para ellas penetrar en Europa, el princi pal mercado del mundo en realidad y virtualmente. Pues, aun si tenemos éxito y podemos evitar la inmediata penetración de las grandes multinacionales de la atención médica y la educación en nuestros mercados, debemos estar preparados para su gradual penetración, que, por el momento, ninguna regla puede evitar.

Las nuevas tecnologías para las comunicaciones permitirán a los americanos exportar y vender servicios culturales y de información, pondrán a las universidades de Europa en competencia con las de Estados Unidos y promoverán las grandes cadenas de tele-medicina.

La designación hecha por el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, de un excelente comisionado comercial europeo, además, francés, es buena noticia. Pero él no podrá evitar por sí mismo el desastre que viene sin contar con el apoyo resuelto de todos los jefes de Estado y cabezas de gobierno de la Unión Europea. Será esencial la movilización de artistas, escritores, maestros, investigadores, doctores en medicina y sindicatos en toda Europa.

Ningún otro tema justifica con mayor amplitud una deliberación estratégica creíble para Europa, coronada por la decisión de hablar del ciclo comercial de la OMC en la próxima cumbre europea en Finlandia.

Esta cumbre tendría que definir lo que queremos preservar y lo que queremos conquistar, debe hacer una lista de los dominios en los cuales es deseable el libre comercio, y aquellos que no están abiertos a discusión. Debe imponer un mínimo de normas sociales y negarse a negociar aquellas cuestiones que tengan que ver con la soberanía. Finalmente, debe volver a examinar los diversos poderes concedidos a la OMC.

Una respuesta ad hoc a este asalto contra la soberanía europea sería suicida.

En este caso, como en otros, Francia será una vez más uno de los muy pocos países en oposición, porque es quizá el único país que no se apresura a la adopción del modelo americano.

Lo que hay en juego es decididamente mucho más profundo que una mera negociación comercial. A diferencia del comercio en bienes de manufactura, la liberalización sin límites de los servicios puede significar el fin de las naciones y de la democracia: de hecho, puede significar la pérdida del control europeo sobre su propio destino.

Desde finales de la Guerra Fría, ha sido nuestro deseo ver culminar a la historia en la victoria conjunta de la democracia y del mercado. Así, no hemos podido ver que, en la realidad, este momento en la historia señala el principio de la inagotable lucha del mercado en contra de la democracia.

(c) 1999, NPQ/Global Viewpoint. Los Angeles Times Syndicate
Jacques Attali es presidente fundador del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, y principal asistente del desaparecido presidente francés Francois Mitterrand, es ahora presidente de PlaNet Finance