Entre lo sublime y lo ridículo
Italo del Valle
Alliegro
El que no arriesga ni gana ni
pierde. Aquel que arriesga, si arriesga mucho puede ganar mucho, o perder en igual
porción. Esta es una regla conocida, más que los negocios, en la vida misma.
Venezuela se arriesgó
cuando votó por un gobierno de nuevas caras. Y más aún, cuando dio un SI a un proceso
constituiyente. El riesgo creo que se ve más ahora que hace unos meses. Porque hace unos
meses, todo se limitaba a ciertas elucrubraciones, algunas provistas de cierta lógica,
otras descabelladas y sin ningún asidero, con respecto al futuro de la democracia
venezolana.
El Presidente Chávez, es bueno conocerlo, ha cumplido y ha hecho cumplir cronométricamente, todo lo que prometió, con relación a esta materia, durante su campaña. Por lo tanto no ha engañado a nadie y esto son tantos a su favor.
hoy sin embargo, a pocos días de una fecha en la cual el texto a someter a la consideración del soberano ha de estar listo, las posibilidades son claras. Si el texto constitucional no es aprobado en el referéndum consultivo, el desastre que seguirá es inimaginable. Un año de esfuerzo pre-constituyente, sería prácticamente echado por la borda, con la desesperanza y desazón que ello conllevaría.
Si el texto constitucional es aprobado, pero corresponde a una sarta de articulado mal hecho, peor ensamblado y de connotaciones poco realistas, imprácticas o ajenas a un espíritu constitucional; entonces la vida de la nueva constitución ha de ser corta y turbulenta. Someteremos a Venezuela a futuras campañas electorales cuya promesa principal será enmendar el entuerto vía un nuevo proceso constituyente, desgastador y desbastador.
La única salida viable, la que Venezuela merece por su bien y porque ha dado demostraciones de madurez, porque ha sufrido mucho y aveces inmerecidamente en sectores muy amplios de su población, es una constitución de altura, nivel y visión de largo plazo. Una constitución que responda a las realidades de los próximos años, machismos años por demás. Un texto que proporcione el marco necesario para legislaciones posteriores, pero sobre todo, para garantizar la tranquilidad necesaria que permita al país desenvolverse normalmente para proveer a los venezolanos del desarrollo social y económico al cual legítimamente tiene derecho.
El riesgo de lanzarse en un proceso constituyente ha sido alto, pero era necesario correrlo en busca de un mejor país. Hasta ahora, se han hecho bien las cosas. Quizás se pudieron hacer mejores algunas cosas, pero en general, se puede aspirar a un buen resultado. Después de todo, la convocatoria fue democrática, las deliberaciones han sido productivas y el texto debe reflejarlo. No son muchos los países que llaman a un proceso constituyente de la manera democrática y pacifica que lo hizo Venezuela.
El riesgo es el ridículo. Hacer tantas cosas, sortear tantos impedimentos y llevar a cabo un proceso constituyente solo puede resultar en una de dos: en lo sublime o en lo ridículo. Esperamos y trabajaremos por lo sublime. Bien se lo merece el país y estamos seguro que así tiene que ser.
(*) Ex ministro
de la Defensa
Economía Hoy, 17 de noviembre de 1999