Crisis de la Miseria

Eduardo Ortiz Ramírez

Apartando lo relativo a sus compromisos ideológicos, hay que reconocer que O. Lange expresó con claridad y precisión lo concerniente a la depauperación absoluta y relativa en la sociedad del capitalismo avanzado. A nuestro parecer, esto lo logra en un ensayo intitulado “Que debemos conservar de la teoría de la depauperación?”. Para los ya lejanos tiempos en que fue escrito, aquella sociedad había logrado recoger los frutos del crecimiento en la segunda postguerra y se había, por tanto, alcanzado contener la depauperación absoluta, que un autor como Carlos Marx había vaticinado. Lange acota una idea interesante en cuanto esta contención del empobrecimiento generalizado: el capitalismo tiene tendencia a la depauperación absoluta. Los hechos parecieran indicar que esta idea va más allá de la discusión entre Keynesianos, Neoliberales y otras figuras.

En el plano de los resultados sociales, las sociedades del capitalismo avanzando continúan, y todo indica que continuarán, presentando problemas con los tramos de viejas y nuevas figuras de pobreza y violencia. En el campo económico los países de la OCDE –apartando el caso de los EEUU cuyos indicadores recientes presentan manifestaciones de éxito tienen varios lustros midiendo y procurando tasas de crecimiento que nunca terminan de alcanzar niveles importantes, o, un nivel de desempleo que supera la llamada tasa natural, sin perspectivas claras de disminución.

Las sociedades como Venezuela y sus vecinos, presentan, por su parte, estos problemas, y otros adicionales, de manera más acentuada. En el área de la depauperación relativa, en su expresión en cuanto a distribución factorial de ingreso, varios grupos de países en desarrollo, generalmente han presentado un perfil menos equitativo que el de los países avanzados. En la depauperación absoluta, su situación, tradicionalmente, ha sido más notoria en cuanto a la pobreza.

Antes, en Economía podían usarse los conceptos de Demanda Potencial y Demanda Real para acercársele a una población y apreciar su perfil de demanda. Hoy en día, en América Latina y Venezuela, estos conceptos se enfrentan a un escenario realmente problemático y hasta paradójico, según los casos. Es así como en Venezuela, aun con el caso de la extensión de pobreza, y relacionado con la polarización del ingreso, se observan formas de consumo ( tipo grandes centros comerciales, ampliación del perfil comercial de las estaciones de gasolina, entre otras) y desempeño de los ciudadanos, que fueron expresiones de haber alcanzado los consumidores ciertos niveles de bienestar, en el caso de las naciones más avanzadas.

Ante el desarrollo de la pobreza, se extendió la idea del tratamiento focalizado de la misma a través de los Target Groups o Grupos Objetivo. La experiencia en países como Venezuela no ha sido satisfactoria en cuanto a la efectividad de estos programas. Tanto así que, también criticados por el populismo tecnocratico y de crítica a la globalización del Presidente Chávez. Se ha podido observar que existe un contingente poblacional que puede ser excluido de tales grupos, por escasez de recursos o por agotamiento de los programas compensatorios, y presentar ante los mismos un sentido potencial (dada su exclusión). Pero también, experiencias como las de los hogares de cuidado diario, no han demostrado su efectividad o conveniencia. En tales circunstancias, se han desarrollado una marginalidad más excluyente y extensiva. Es ese el basamento para lo que se ha venido conformando como una miseria violenta. Esta, es el tipo de miseria agresiva y explosiva que se ha venido expresando en la sociedad venezolana en la década de los noventa y que se puede agudizar aun más, dado el deterioro del Salario Real, la disminución de las oportunidades de empleo, la inmigración no planificada y otros elementos. Se trata de un tipo de miseria que produce en el afectado un comportamiento agresivo en cualquier dirección y que, por supuesto, es base para el tipo de delincuencia atinente a los grupos menos favorecidos. En la actualidad de finales del año 99, puede afinarse que está alimentación por el odio y el resentimiento que ha venido animando en el actual periodo gubernamental.

Son múltiples y variadas las expresiones de esa miseria violenta. Algunos casos peden encontrarse, por ejemplo, en los mendigos agresivos o en la formación de bandas de niños que deambulan por la ciudad y que en adelante serán jóvenes. Pero también en la perdida notoria de un sentido mínimo de respeto ciudadano hacia normas y costumbres.

En el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez muchos manejaron el planteamiento reconfortante, tal cual se señaló, de que la pobreza estaba ahí y las políticas de ajuste y estabilización lo que hicieron fue sacarla a la luz. Es indudable que existen variados resultados producto de las opciones de políticas tomadas o de elementos como la inflación o el desempleo. Al segundo gobierno de Caldera, se le fue el tiempo en la justificación ye en el impulso de la idea de la unidad nacional. Al actual, ya se le fue un año en lo que se sabe t sustituyendo  o- buscando sustituir- los programas sociales referidos por otros, tan o más problemáticos, como el Banco del Pueblo, “los niños de la patria” y la “conversación delos invasores en constructores”.

Esa población de la miseria violenta, requiere ser considerada. Puede pensarse hoy día, sin caer con ilusiones revolucionarias ni dramatismos, que es la más clara expresión de una verdadera crisis.