Moisés Martín S
Es punto común entre muchos de los analistas que dedican especial atención al tema educativo y cultural afirmar que a los gobiernos venezolanos les ha interesado siempre mantener elevados los niveles de analfabetismo funcional e ignorancia de sus ciudadanos; esta ignorancia de la que buena parte de los venezolanos son víctima está constituida, entre otros muchos elementos, por la ausencia de información. De esta manera, puede decirse que la desinformación ha sido política oficial del Estado venezolano, por cierto, una de las pocas bien llevadas a cabo. Ello, claro está, le permite a cada gobierno un elevado, aunque de ninguna manera infalible, margen de maniobra a través de la manipulación de las grandes masas de población. Tal afirmación es, evidente y muy lamentablemente, empíricamente verificable.
En los días que corren nada de ello ha cambiado, sino que por el contrario, la situación se ha visto reforzada. Buen ejemplo de ello lo tenemos ahora que nos preparamos para volver a las urnas a refrendar o no un nuevo texto Constitucional. En los momentos en que esto escribo, a tan sólo veintiún días del proceso comicial, oyendo el noticiero, escucho las quejas del Consejo Nacional Electoral por cuanto no ha recibido el texto definitivo de Constitución, que se supone deberán imprimir en unos cuantos millones de ejemplares para ser repartidos, a fin de que la población conozca lo que votará. Como son las cosas aquí, y para no perder la costumbre, veremos cómo la mentada publicación saldrá a la calle unos dos o tres días antes del referendo; ello, por supuesto, contando los votantes con mucha suerte pues, si ella no nos acompaña, tendremos que conformarnos con recibir el texto a las puertas del centro de votación. Siendo así las cosas, y conscientes de que abstenernos es ser irresponsables para con nosotros mismos y nuestra sociedad, el simple hecho de que se nos tome, otra vez, como simples objetos votantes, que solo para ello contamos, es razón más que suficiente para decir NO a este nuevo bebé que, de paso, bastante claro ha quedado y así muchos lo han dicho ya, es un mamarracho.
Con una población poco afecta a la lectura detallada de la prensa escrita y en porción importantísima bastante desinformada acerca de lo que ha aprobado la “soberanísima” Asamblea Nacional Constituyente, y sin mayores herramientas para el análisis crítico, aunado a la ya citada política de mantenernos lo más desinformados y confundidos que se pueda, vastos sectores de la población electoral se limitarán a dar el sí o el no al proyecto Constitucional tomando como base única de su decisión su apoyo o rechazo a Hugo Chávez. Así, y aunque se haya ya decidido que el referendo contemplará solamente una pregunta relativa a la nueva Carta Fundamental, excluyendo las referidas a la relegitimación del Presidente de la República y los Gobernadores de estado, el proceso del próximo 15 de diciembre tendrá, en medida importante, aunque no en lo formal, un carácter marcadamente plebiscitario.Pero nada de lo hasta aquí dicho debe sorprendernos. Y es que estamos, realmente, en presencia de una única y magnífica revolución. Una revolución que sólo puede ser comprendida y evidenciada en el sentido físico del término: partir de un punto determinado para llegar, de nuevo, a él. Esto es, seguramente, lo más que puede decirse de este inútil y terriblemente costoso proceso.