Laura Danuska Scarano
La evolución de una democracia representativa a una participativa y justa parece no sólo lograrse con la voluntad de los gobernantes y de las élites, sino también es necesaria la conformación de una Sociedad Civil organizada, una sociedad más consciente de su rol protagonico en el mundo político. En este sentido, cabría preguntarse ¿Cuál es en estos momentos el papel de la Sociedad Civil venezolana?, ¿Hay un mayor grado de conciencia de que debe participar en la vida política del país?, ¿Cuales han sido los mecanismos de partipación?.
Efectivamente nuestra Sociedad Civil organizada cada vez adquiere un papel más dinámico, ha tomado conciencia de que la mejor forma que sus demandas sean satisfechas es influyendo en la toma de decisiones de los gobernantes, esto se evidenció claramente cuando nuestra Sociedad Civil organizada participo en el proceso constituyente, pese a que no logro involucrarse directamente en el mismo, sin embargo, lo más importante a resaltar es la efervescencia de una sociedad que quiere ser parte del motor dinamizador del país, cada vez reclama mayores cambios en favor de una mejor calidad de vida. No obstante, no toda la Sociedad Civil esta representada, sólo un pequeño sector es el que puede materializar sus demandas frente al Estado, y, al mismo tiempo, nos encontramos con un Estado que esta hecho para dar respuestas a determinado sector de la Sociedad Civil, pero no a toda.
Si bien hay una necesidad de cambio originada de adentro hacia afuera, nuestra sociedad no posee los mecanismos necesarios para producir los cambios deseados, la razón o causa de ello es muy bien expuesta por el sociologo Luis Pedro España: “la sociedad venezolana se organizo para capturar la renta petrolera ante el elevado grado de autonomía del Estado frente a su sociedad”, por lo tanto es una sociedad altamente dependiente del aparato gubernamental, por ende la única forma de que nuestra sociedad pueda ser ella misma motor de cambio es que deje de ser “capturadora de renta para convertirse en productora”, gran reto que tiene por delante, para el cual ya hemos avanzado en uno de los pasos más importante para hacerlo realidad: concienciación del poder que pudiese tener para influir en las decisiones gubernamentales.
Sin embargo, es difícil para una sociedad subsidiaria desprenderse más tarde que temprano del Estado paternalista, sobretodo si observamos que con la nueva Constitución se afianza “el Estado Padre” en todos los aspectos de la vida nacional; a pesar del futuro marco constitucional, el Estado no ha tenido y no tendrá capacidad de respuesta para atender las demandas de la población, las cuales cada vez adquieren mayor complejidad, de ahí que el campo de acción del Estado se vea cada vez más reducido. Si bien es importante cambiar las reglas de juego y con ello a las instituciones, estas parecieran no haberse adaptado a la realidad que se palpa en nuestro país, tendencia que es percibida también a lo largo del globo, hay una reducción de los espacios de poder que habitualmente estaban dentro de las esferas del Estado, se están creando vacios de poder, se están dejando al descubierto espacios decisionales que tendrán que ser cubiertos, posibilidad que puede ser capitalizada por sectores organizados de la Sociedad Civil. Pero para que la Sociedad Civil se apropie progresivamente de los vacios que se van generando ante el repliegue del Estado, también es necesario repensarnos como ciudadanos políticos responsables, el simple hecho de transformar nuestras instituciones sin producir cambios en nuestra cultura hara compleja la transición de una sociedad dependiente a una autónoma frente al Estado.
A pesar de que existe concienciación y un enorme deseo de cambio profundo, la sociedad no tiene claro como alcanzarlo, de ahí que presenciemos la siguiente paradoja: mientras nuestra sociedad desea cada vez más espacios decisionales, a su vez, prefiere optar por hombres con un elevado grado de autoridad, un padre o un lider que los oriente en el logro de sus metas, que los guíe en aquel camino que les proporcione una mejor calidad de vida. Esto se afianza cuando observamos que el gobernante desea ser el encargado de ordenar a la sociedad, en vez de que la misma sociedad sea garante de su propio orden, sea autónoma, libre y responsable como individuo y como colectivo.
En este sentido, pudiesemos dar respuesta a esta paradoja infiriendo que mientras una parte de la población está orientada no solamente hacia la participatición activa en los asuntos políticos, sino que está también sujeto a la ley y a la autoridad, el resto de la población mantiene una relación pasiva hacia la estructura gubernamental. Esta clase de cultura mixta tal como lo plantea Gabriel A. Almond y Sidney Verba: “…no sólo genera inestabilidad institucional e inacción cultural, sino ineficiencia de la infraestructra democrática y del sistema gubernamental….” Si bien nos hemos referido a lo que pudiesemos definir como nuestra cultura política, esta no puede ser identificada como cultura cívica. De acuerdo al mismo autor: “…En la cultura cívica los individuos se convierten en participantes del proceso político, pero sin abandonar sus orientaciones políticas. (…). <Cuando estas> orientaciones <son> tradicionales, <estas> tienden a limitar y a aminorar la entrega del individuo a los asuntos políticos”.
Es decir, que la sociedad venezolana se ha conscientizado en su rol de ciudadano participativo, ha venido desarrollado cada vez más su cultura cívica, pero para lograr un mayor avance en nuestra cultura política es indispensable que una parte significativa de nuestra población se conscientice, ¿Cómo?: a través de las instituciones, sean estas lideradas por nuestras élites, sin embargo, éstas carecen de una capacidad de respuesta eficaz e incluso adolecen de autodefinición -las élites no se reconocen como élites-; o a través de la Sociedad Civil organizada, que pese a ser todavía incipiente puede adquirir mayores espacios decisionales ante la imperiosa necesidad de autogestionar sus demandas frente al Estado.
Tenemos un gran reto y esta en nuestras manos no dejar a mitad de camino la creación de una democracia partipativa, no le dejemos toda la responsabilidad al Gobierno, participemos como ciudadanos activos, seamos responsables como individuo y como colectivo, depende de nosotros y no sólo de los gobernantes de turno, aunque tienen un peso específico, así que sí deseamos construir una nueva Venezuela comencemos por creernos libres, autónomos de lo que queremos ser como sociedad y como nación.